Culiacán.- Ricardo Mizael salió de su casa en Sinaloa a principios de este año para comprar biberones para los gatos que acababa de rescatar. El joven de 15 años, que soñaba con ser veterinario, caminaba por la carretera cuando dos hombres armados se le acercaron en una moto.

Le dispararon en varias ocasiones y se dieron a la fuga, dejándolo sin vida sobre el pavimento. La fiscalía señaló que probablemente se trató de un error de identidad.

Su asesinato desató la indignación en Sinaloa, donde una guerra civil entre cárteles que ya dura dos años ha provocado una destrucción prolongada a una escala rara vez vista, incluso dentro del historial de violencia del narcotráfico en México.

El conflicto estalló en 2024 cuando el hijo del encarcelado capo Joaquín “El Chapo” Guzmán secuestró al cofundador del cártel y lo entregó a las autoridades estadounidenses, desencadenando un sangriento enfrentamiento entre los descendientes de ambos capos. Se calcula que alrededor de 3,800 personas han sido asesinadas y 4,400 secuestradas.

“El 11 de febrero le tocó a mi hijo, ¿pero cuántos más van a ser?”, dijo este año Berenice López, madre de Mizael. “Mi teléfono no deja de recibir mensajes de madres que dicen que también perdieron a sus hijos”.

La cuna del Cártel de Sinaloa

El estado, cuna del poderoso Cártel de Sinaloa, no es ajeno a la violencia extrema, pero residentes y expertos afirman que esta es la peor crisis en sus 100 años de historia ligada al narcotráfico.

En Culiacán, la capital, los habitantes viven bajo un toque de queda autoimpuesto, apresurándose a terminar sus labores y pendientes antes de que caiga la noche. Muchos negocios han cerrado o colocado letreros de “se vende” en sus aparadores. Convoyes del Ejército recorren las calles a cada pocos minutos.

“Ya se pasaron de la raya porque ahora se están metiendo con gente inocente”, comentó en entrevista un paramédico llamado Julio César Vega desde una cafetería en Culiacán. Con frecuencia lo llaman para atender heridos de bala, incluyendo a un bebé de un año que falleció este mes.

El Mayo" Zambada García. Fuente: archivo.
El Mayo" Zambada García. Fuente: archivo.

“Te vas a dormir dándole vueltas a todo, sobre todo si tienes hijos... ya ni sabemos si nos va a pasar algo de camino al cine”.

Durante la mayor parte de la existencia del Cártel de Sinaloa, los cofundadores “El Chapo” e Ismael “El Mayo” Zambada se repartieron el territorio y el negocio en relativa paz. La relación comenzó a fracturarse tras la extradición de “El Chapo” a EE.UU. en 2017 y terminó por explotar en 2024, cuando su hijo secuestró a “El Mayo”, lo subió a un avión hacia Estados Unidos y lo entregó a las autoridades.

Las disputas estallaron entre sus dos facciones principales —la “Mayiza” (la gente del Mayo) y los “Chapitos” (los hijos del Chapo)—, representantes de dos escuelas distintas de la narcocultura: una vieja guardia de bajo perfil pero implacable, contra una generación joven, ostentosa y abiertamente violenta.

El líder de la Mayiza —Ismael Zambada Sicairos, hijo del Mayo— suele ser descrito como un hombre “invisible”. Era tan discreto que no existía una foto pública de él hasta que la DEA difundió una en 2022, cuando tenía alrededor de 40 años. Los narcocorridos lo pintan como un líder tranquilo, de sombrero, que se toma unas cervezas heladas con su gente y trabaja “sin hacer ruido”.

La vida casi normal de los Chapitos

En contraste, su rival, Iván Archivaldo Guzmán (hijo del Chapo), solía frecuentar los antros de Culiacán y una vez fue levantado en un restaurante exclusivo. Los corridos lo retratan de fiesta, manejando Ferraris y viajando en jets privados, mientras que los fiscales de EE.UU. lo acusan de ordenar torturas y de ejecutar personas personalmente.

A pesar de las diferencias de estilo, los analistas no ven mayor distinción en la brutalidad con la que ambas facciones conducen la guerra. Hay civiles sacados a la fuerza de sus casas, masacres en centros de rehabilitación y cuerpos decapitados colgados de los puentes.

“Es un cambio generacional respecto a sus padres, los grandes capos de antes... estos son mucho más violentos y no respetan ‘códigos’”, explicó David Mora, analista del International Crisis Group.

Según los analistas, Zambada ha ganado terreno durante el conflicto, el cual comenzó en la capital pero se ha extendido por todo Sinaloa, siendo especialmente intenso en el sur y en el puerto turístico de Mazatlán. Las tácticas han pasado de balaceras a plena luz del día a ejecuciones dirigidas, aunque la ciudadanía sigue quedando atrapada en el fuego cruzado.

“Los Mayos han tomado el control territorial en varios puntos clave del estado, pero los Chapitos siguen resistiendo”, añadió Mora.

El negocio del cártel no se ha detenido a pesar de la violencia, manteniendo sus ingresos mediante el tráfico de drogas y la extorsión; sin embargo, la guerra ha sido devastadora para los involucrados. Miembros de alto rango de ambas facciones han sido abatidos o detenidos, y unos 17 familiares de “El Chapo” huyeron a Estados Unidos.

Iniciar esta guerra no tenía ninguna lógica para ninguna de las dos partes, señaló Ismael Bojórquez, director del portal de noticias Ríodoce: “Fue como meter a un tigre a la sala de tu casa”.

El conflicto estalló a pocas semanas de que la presidenta Claudia Sheinbaum asumiera el cargo en octubre de 2024. Su gobierno desplegó rápidamente uno de los operativos de seguridad más grandes en la historia reciente de un solo estado: cerca de 20,000 elementos entre militares y policías.

Los datos de la violencia en Sinaloa

Las autoridades aseguran que los homicidios han disminuido de forma notable, a medida que las tropas incautan armas, desmantelan laboratorios clandestinos y obligan a las camionetas del narco a esconderse. Un gran número de pistoleros ha sido abatido y se ha detenido a más de 2,500 personas.

Sin embargo, la administración de Sheinbaum se ha mostrado cautelosa para cantar victoria.

“No podemos decir que el Cártel de Sinaloa esté mermado”, admitió este mes el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch. “¿Se les ha afectado? Sí. ¿Ha habido un número considerable de detenciones? Sí. Pero sin duda mantienen un poder económico y de fuego muy significativo”.

El Cartel de Sinaloa amenazó a Claudia Sheinbaum con un crudo video: “tomen cartas en el asunto” (foto: archivo).
El Cartel de Sinaloa amenazó a Claudia Sheinbaum con un crudo video: “tomen cartas en el asunto” (foto: archivo).

Poner fin a la guerra será extremadamente complicado, advierten los expertos, ya que miles de gatilleros han adoptado tácticas de guerrilla, operando en células fragmentadas. Las facciones mantienen el control de amplias zonas de Sinaloa apoyándose en halcones, autoridades corruptas y retenes clandestinos.

Además, han ganado presencia en el espacio aéreo mediante el uso de drones cargados con explosivos para atacar a las fuerzas de seguridad.

“Conforme pasa el tiempo, los grupos criminales se vuelven más sofisticados”, señaló el exoficial de inteligencia naval Manuel Balcázar. “Si ya es difícil operar por tierra, dominar el espacio aéreo es todavía más complejo”.

La guerra ha dejado sumida a la entidad en una situación crítica, afirmó Bojórquez: “En lo económico, en la seguridad, en lo social e incluso en lo político, Sinaloa es un desastre”.

Sinaloa: alza en desapariciones

Sinaloa registró la tasa más alta de desapariciones y el tercer lugar en homicidios en México durante el año pasado. Ha perdido más de 20,000 empleos formales en dos años y más de 6,000 personas se vieron obligadas a desplazarse de sus comunidades.

En promedio, casi seis sinaloenses han sido reportados como desaparecidos cada día desde que inició el conflicto.

“Nos los desaparecen y a nosotras nos dejan como muertas en vida. Ya no tienes vida, ni comer a gusto puedes porque no sabes qué le pasó”, expresó María de Jesús Rodríguez, de 64 años, cuyo hijo fue levantado en 2024 y sigue sin aparecer.

Rodríguez y muchos otros habitantes atribuyen el avance del crimen organizado a la corrupción institucional.

El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, fue imputado por la justicia estadounidense por cargos de narcotráfico en abril —la primera vez que EE. UU. actúa contra un gobernador mexicano en funciones—. Rocha Moya, quien se retiró del cargo, sostiene que es inocente.

Los sinaloenses han comenzado a reflexionar sobre los años de bonanza previos a la guerra, periodo conocido como la “pax narca”, en el que las autoridades no intervenían a cambio de una relativa calma. La población toleraba en gran medida este arreglo y la economía local creció dentro de una “burbuja del narco” que financiaba restaurantes de lujo, autos del año y fiestas ostentosas.

“La gente antes hasta los defendía, decían: ‘No, si los narcos son los que nos cuidan’”, comentó un comerciante de Culiacán que se encuentra endeudado tras haber pedido un préstamo justo antes de que estallara la violencia y quebrara su negocio.

Por ahora, nadie ve cerca una solución.

“El Cártel de Sinaloa podrá cambiar de forma, de estructura, pero va a seguir ahí. Le puedes cambiar a los cabecillas, pero las organizaciones criminales ligadas al narcotráfico van a continuar”, concluyó Bojórquez. “Tienen 100 años aquí y podrían quedarse otros 100”.