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¿Alguna vez sentiste que tu relación está atravesando una crisis y te preguntaste si todavía hay esperanza? La ciencia acaba de revelar algo inquietante: existe un punto de inflexión preciso a partir del cual ninguna pareja logra salvarse.
Un estudio monumental que analizó a más de 11.000 personas durante dos décadas identificó el momento exacto en que una relación cruza la línea de no retorno, y las implicaciones son tan fascinantes como alarmantes.
La investigación, publicada en el Journal of Personality and Social Psychology, demuestra que todas las parejas que alcanzaron este umbral terminaron separándose entre 7 y 28 meses después, sin una sola excepción. Pero lo más revelador no es solo que exista este punto crítico, sino que la mayoría de las parejas buscan ayuda profesional precisamente cuando ya es demasiado tarde.
El “punto de no retorno” llega entre 7 meses y 2 años antes de la ruptura
Janina Bühler y Ulrich Orth, los investigadores detrás de este hallazgo, descubrieron que las relaciones que terminan atraviesan dos fases claramente diferenciadas. Primero viene la “fase preterminal”, un descenso gradual de la satisfacción que puede durar años y que muchas parejas consideran normal. Después llega la “fase terminal”: un colapso acelerado que inicia entre medio año y dos años antes de la separación definitiva.
Lo inquietante es la precisión del pronóstico. Una vez que la pareja entra en esta fase terminal, caracterizada por una caída abrupta en la satisfacción, el desenlace es inevitable. Los datos de cuatro países diferentes (Alemania, Australia, Gran Bretaña y Países Bajos) confirmaron el mismo patrón, sin importar las diferencias culturales.

Este descubrimiento desafía la creencia popular de que cualquier relación puede salvarse con suficiente esfuerzo. La realidad, según la evidencia científica, es que existe una ventana de oportunidad crítica, y una vez cerrada, el destino está sellado.
La persona que termina la relación ya lo sabía mucho antes
Uno de los hallazgos más reveladores del estudio es que ambos miembros de la pareja no experimentan este declive de la misma manera. La persona que eventualmente iniciará la separación ya mostraba insatisfacción significativa mucho antes del punto de inflexión. En otras palabras, mientras uno de los dos ya está contemplando el final, el otro puede seguir creyendo que todo está relativamente bien.
Para quien recibe la noticia de la ruptura, el punto de transición llega de forma mucho más repentina y cercana a la separación final. Esto explica por qué tantas personas afirman sentirse “sorprendidas” por una ruptura que, para su pareja, era el desenlace de un proceso largo y meditado.
Esta asimetría temporal en la percepción del deterioro de la relación tiene implicaciones profundas. Significa que cuando finalmente ambos miembros reconocen que hay un problema serio, uno de ellos ya recorrió un camino emocional considerable hacia la salida, mientras que el otro apenas comienza a procesar la crisis.

El fin de los divorcios: por qué la terapia de pareja funciona solo si llegan a tiempo
La conclusión más práctica del estudio desafía una creencia extendida sobre la terapia de pareja.
Janina Bühler advierte que la mayoría de las parejas buscan ayuda profesional precisamente en el punto de inflexión, cuando generalmente ya es demasiado tarde. Para ese momento, el daño acumulado y la dinámica destructiva ya transparon el umbral de lo reparable.
La clave, según la psicóloga, está en actuar durante la fase preterminal, antes de que la satisfacción comience su caída libre. “Iniciar medidas en la fase preterminal de una relación puede ser más eficaz e incluso contribuir a preservar la relación”, explicó Bühler.
Esto significa que las parejas deberían buscar ayuda no cuando sienten que todo está perdido, sino cuando detectan los primeros signos de erosión gradual.
El mensaje es claro: la prevención supera ampliamente a la intervención de emergencia. Las parejas que invierten en su relación durante los períodos de descenso lento y gradual tienen muchas más probabilidades de evitar llegar al punto crítico. Una vez que cruzan ese umbral invisible, ni siquiera la terapia más intensiva logra revertir el proceso.




