

Durante décadas, el tratamiento de la diabetes tipo 1 obligó a millones de personas a convivir con agujas, horarios estrictos y vigilancia constante de la glucosa en sangre. Cada comida implicó un cálculo y cada día comenzó con la misma rutina: aplicar insulina para mantener el equilibrio del cuerpo.
Esa realidad comenzó a cambiar con un avance médico documentado en The New England Journal of Medicine, que demostró por primera vez la posibilidad de producir insulina dentro del propio organismo.
Pacientes con diabetes podrían librarse de la insulina de por vida gracias al trasplante celular
En Suecia, un paciente de 42 años recibió un trasplante de células pancreáticas modificadas genéticamente, capaces de funcionar sin ser atacadas por el sistema inmunológico. Las células provinieron de islotes pancreáticos de un donante adulto y fueron intervenidas con la herramienta de edición genética CRISPR, que eliminó las señales que activan el rechazo y añadió una protección contra el ataque inmune.

Tras la modificación, los médicos implantaron las células en el músculo del antebrazo mediante inyecciones, un procedimiento considerado sencillo y de seguimiento clínico accesible.
Durante las semanas posteriores, las pruebas detectaron péptido C en sangre, señal directa de que el organismo producía insulina de manera interna tras la ingesta de alimentos. Las células editadas permanecieron activas y no desencadenaron rechazo inmunológico.
Dado que la dosis aplicada fue baja por razones de seguridad, el paciente continuó con insulina externa. El objetivo del estudio fue demostrar que las células podían sobrevivir y funcionar, algo que los trasplantes convencionales no lograron sin el uso prolongado de medicamentos inmunosupresores.
Por qué este avance marca una diferencia frente a los trasplantes convencionales
La diabetes tipo 1 se origina cuando el sistema inmune destruye las células beta del páncreas, lo que impide al organismo regular el azúcar en sangre y lo hace dependiente de insulina externa para sobrevivir.
Los trasplantes celulares tradicionales dependieron de donantes humanos y exigieron inmunosupresores para evitar el rechazo, lo que redujo su viabilidad como solución generalizada. La edición genética mediante CRISPR permitió sortear ese obstáculo al modificar las células antes de su implantación.
Los investigadores plantearon que una mayor cantidad de células trasplantadas podría reducir o eliminar la necesidad de inyecciones diarias. También señalaron la ausencia de efectos adversos graves durante el periodo de observación, lo que refuerza el perfil de seguridad del procedimiento.




