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Las lecciones de Robertson, el inversor que compartió con Soros el podio de los mejores

Falleció a los 90 años el legendario inversor fundador de Tiger Management. Dejó tres consejos fundamentales para tener éxito en los negocios

Fue uno de los creadores de la industria moderna de fondos de cobertura y es célebre por su legión de discípulos llamados "Cachorros de tigre" (Tiger Cub) que lo sucedieron. Se llamaba Julian Robertson, fue fundador del Fondo global de inversiones Tiger Management y falleció el pasado 26 de agosto a los 90 años.

Efecto Halo: cuando el prejuicio desperdicia talento

Cerca de 200 firmas de fondos de cobertura deben su origen a Tiger Management y es responsable de toda una dinastía de inversores a escala global. Ni siquiera la escuela de inversión de valor de Benjamin Graham estuvo cerca de generar una dinastía de inversión de esta escala. 

Quienes lo conocieron señalan que el talento de Robertson fue un gran selector de talentos y un gran formador.

 

Alberto Fogli, que fue presidente del fondo Quantum de George Soros, lo felicitó personalmente en oportunidad de un encuentro y le dijo que poco de los discípulos de Soros prosperaron casi todos los los "tiger cub" lo habían hecho bien. 

La respuesta de Robertson estuvo a la altura. Dijo que eso pasó porque Soros era un genio por lo que no necesitaba gente súper inteligente a su alrededor, mientras que como él no lo era necesitaba a los mejores a su lado. 

Fue uno de los primeros en contratar a un psicoanalista, el Dr. Aaron Stern, para que lo ayude a evaluar cómo pensaban las personas, cómo asumían riesgos y trabajaban en equipo. 

Hazlo simple

El primer consejo de Robertson aboga por la simpleza de las decisiones. Su gran negocio fue comprar las 200 mejores empresas y vender las 200 peores pensando en horizontes de tiempo a largo plazo.

Gestionar los riesgos

La convicción de Robertson fue su creación y su perdición. A medida que Tiger creció, se expandió más allá de su experiencia principal en acciones estadounidenses de gran capitalización hacia bonos gubernamentales, materias primas y divisas. Pensó que podía aplicar las mismas ideas a diferentes mercados. Pero no siempre funcionó. Su error fue hacer grandes apuestas audaces que podrían hundir un fondo si salían mal. Demostró que su negativa a participar en la manía de las puntocom era correcta, pero eso le costó tener que devolver dinero de inversores externos en el año 2000. 

No confundas currículum con tu legado

Robertson donó u$s 2000 millones a organizaciones benéficas durante su vida, incluso a la educación, el medio ambiente, la religión y la investigación médica. Creó en su querida Nueva Zelanda tres resorts donde fue dueño de un viñedo boutique. Pero lo principal es que trató de mantener el trabajo en perspectiva. Al respecto dijo en 2013: "No quiero que mi obituario sea: murió recibiendo una cotización del yen". 

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