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Paso a paso

- Vivir el "ya" desde una mirada de proceso y no de inmediatez. Cada tarea o acción tiene un tiempo de resolución. "No hay que trabajar apurado. A más prisa, más errores", explica Armesto.
- Distinguir lo urgente y lo importante, ser buen planificador de prioridades. "Es clave identificar qué hay que hacer, quién lo tiene que hacer, para cuándo debería terminarse y cuándo finalizará. Distinguir lo rutinario de aquello que agrega valor a mí, a mi equipo y a la empresa es fundamental", destaca Betina Savich, socia de La Fábrica de Valor.
- El autoconocimiento es clave. ¿Qué le toma más tiempo, qué se le hace más fácil, qué tarea le resulta más pesada? Planifique su jornada en relación a esto, resolviendo lo más duro o aburrido primero, así evita postergarlo.
- Trabaje en un clima próspero a la eficiencia. "‘Hogarice’ su espacio de trabajo, genere un clima de confort, mantenga en orden el escritorio para no estresarse visualmente. Cargá el termo, hacete un café, poné música y concentrate: así, todo fluye", dice Savich.
- Definir la herramienta para comunicarse. Valen las agendas, apps, pizarras. Utilizar marcas, colores, símbolos.
- Reducir distracciones y definir rutinas. Asignar tiempos a las tareas.
- Saber decir que no. "Un no argumentado, oportuno y que permita renegociar acuerdos establece una metodología de trabajo compartida e intensifica la escucha activa", concluye Savich.

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