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Liderar usando el corazón

Conocer a las personas con las que se trabaja, escucharlas y conectar con ellas es la clave para darle sentido a la gestión de un equipo.

Liderar usando el corazón

Para lograr una sinergia con su equipo, el verdadero líder conoce a las personas que lo rodean. Aquellos que solo informan, que imparten instrucciones sin tener intercambio ni conocimiento de su gente, pierden influencia.
Si usted quiere un equipo "con la camiseta puesta", conozca con quiénes trabaja, pregunte: cuáles son sus sueños e intereses, qué habilidades tienen, su estilo de comunicación y costumbres, cómo es su familia. Olvide las barreras físicas, y use siempre el lenguaje del otro para asegurarse de llegar mejor y ser entendido.
El buen líder inicia el proceso de comunicación sin esperar que sus colaboradores conecten con él. Por el contrario, los posicionales, que basan su liderazgo en la posición que ocupan en el organigrama, creen que la responsabilidad de conectar es de los seguidores, y basan su seguridad y sentido de liderazgo en ello.
Focalizarse en los demás es la clave para darle un sentido a la gestión. Antes de pedirle a la gente que se comprometa a ir en una determinada dirección, necesitamos hablarle al corazón.

Un líder vs. un gerente

Muchos líderes fallan al no acercarse a donde la gente está, al no escucharlos. Creen que es más fácil esperar que los demás conecten con ellos y solo se dedican a comunicar cuál es su visión o estrategia. He visto a este tipo de líderes fallar y producir desastres organizacionales. No entienden que la gente no va a seguirlos por mucho tiempo solo para servir en la búsqueda de su visión y ambiciones, sencillamente, porque tienen la suya propia.
Una de las principales diferencias entre un líder y un gerente es que el último trata a todos por igual. El líder, en cambio, tiene un reportorio más amplio y trata a cada uno en forma diferente. Entiende que cada persona puede tener distintas motivaciones y que, para liderarlos efectivamente, necesita vincularse con ellos.
Lo que debe estar en nuestras agendas no es solo dónde estamos llevando a la organización o qué comunicar; la prioridad es entender dónde está la gente, cómo podemos escucharlos y aprender de lo que nos comparten.
Como dice John Maxwell: "Para liderarnos a nosotros mismos, usemos la cabeza; para liderar a otros, usemos nuestro corazón". Recién en el momento que podemos establecer una conexión auténtica, empezamos a mover a la gente en la dirección correcta.

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