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"El secreto del CEO es estar con la gente"

Alexia Keglevich, CEO Global de Assist Card, es una convencida de que, cuando uno se esfuerza, la recompensa llega. Se hizo cargo de la empresa familiar y continuó luego de la venta a una multinacional.

Alexia Keglevich, CEO Global de AssistCard, una de las principales empresas de asistencia al viajero, destaca al esfuerzo y al sacrificio como las principales características de su carrera. Trabaja desde los 16 años. "Antes de terminar el colegio, como era inquieta y quería mi independencia, conseguí trabajo de cadete en una agencia de viajes. Son cosas que hacen que uno se forje y se haga dura. Por más que los caminos sean difícil, el cuerpo y la mente se acostumbran a seguir adelante", asegura la ejecutiva.
Después de unos meses, su padre, Nicolás Keglevich, número uno de AssistCard, le pidió que fuera a trabajar a la empresa familiar. "Acepté, pero reticente. Amaba la compañía y me gustaba mucho venir a la oficina. Pero mi padre me la hizo muy difícil. Hoy, 30 años más tarde, se lo agradezco. En ese momento, tuve peleas enormes, pero lo que no te mata, te endurece", reconoce. Lo más difícil de esa etapa fue sacarse el título de "hija de". "Es muy pesado. Todo el mundo te está mirando a ver cuándo te vas a equivocar. A eso se le sumaba ser mujer. Todo en contra. Pero son experiencias que hoy, desde mi lugar, me hicieron llegar a ser la número uno", dice.

Diez años más tarde, y después de algunas discusiones con su padre, decidió que era momento de hacer su propio camino. A los 25 años, con "una hija, un divorcio y una hipoteca", renunció a la empresa familiar, creyendo que las oportunidades no iban a faltar. "Estuve ocho meses buscando trabajo todos los días. La pasé muy mal. Pero soy una convencida de que, cuando hay sacrificio, en alguna parte la recompensa está. Hay que saber esperar. Cuando me quedaban $ 100 en el banco, me llamaron de Banco Río", recuerda. La experiencia, dice, la cambió. Ascendió rápidamente, vivió la fusión con Santander y se volvió más segura de sí misma. El legado familiar, igualmente, no estaba lejos.

- ¿Cómo fue la vuelta?
Fue en el año 2000. La empresa estaba bastante amesetada y mi padre me dijo que necesitaba que volviera. Fue una decisión que me costó, porque en el banco estaba en mi momento de apogeo y me había costado mucho llegar ahí. Pero él realmente me necesitaba. Fue un momento difícil, con la caída de las Torres Gemelas y la crisis en la Argentina. Pero la crisis saca lo mejor de uno, te obliga a ser creativo, a pensar. Y me consolidó como número uno. Era la directora Ejecutiva, me puse la crisis al hombro y salimos adelante más fortalecidos que nunca. Desde entonces, la empresa creció 15 veces. Son experiencias que, en el momento, uno las sufre, pero te hacen crecer.

- ¿Y la venta de la compañía?
Ese tipo de decisiones, en cualquier empresa familiar, se sabe que hay momentos en los que hay que tomarlas. Afectó muchísimo. Estuvimos un año y medio buscando candidatos, y fue una experiencia increíble. Mi MBA lo hice en esos años, porque no mucha gente tiene la suerte de vivir ese momento, sumamente estresante. Fue muy difícil timonear la compañía al mismo tiempo que sabíamos que estábamos en la vidriera. En 2011 apareció el mejor candidato, que tuvimos la suerte de poder elegir.

- ¿En algún momento pensó en que no iba a seguir?
Yo hacía las management presentations en Londres, París, Suiza, Alemania, ciudades de Estados Unidos. Y la verdad es que, cuando las hacía, ellos estaban convencidos de que querían que yo siguiera al mando. Al principio fue una incertidumbre.

- ¿Y a nivel gestión?
Fue un tema ponerme la empresa al hombro y pasar de familiar a una multinacional, bien corporativa, tratando de mantener aislada la cultura, que es lo más importante. Pero fue una de las condiciones que le pusimos al nuevo accionista. Lo más importante es nuestra cultura, de ser audaces, romper paradigmas, tomar coraje y liderar cambios. En esta industria, es muy importante estar en constante movimiento. Mantener el espíritu emprendedor es clave. Y esa es una de las cosas que "negocié". La empresa está aislada a nivel cultural.

- ¿Cómo es su estilo de liderazgo?
Trato mi trabajo como dueña. Cuando uno se hace parte, es muy distinto a la mentalidad de solo empleado. A la empresa la siento mía por más de que no lo es. La viví desde muy chica. Cuido los recursos como si fuese el primer día y trato de mantener la cultura. Es difícil a veces, porque manejamos 36 países. Trasladar esa cultura es un desafío. Pero con los viajes, las visitas y el intercambio, tratamos de hacerlo. Es parte del secreto del éxito. La información está en el barro, sentándose con el vendedor y el que atiende el teléfono. Cuando uno es CEO, tienta mucho que la gente trabaje para uno. El único secreto es estar a la par de la información. Uno peca de comodidad, pero quiero saber si la gente está bien, si tiene algún problema. Que la gente sienta que somos coherentes con los valores. Si uno imposta una figura, no tiene chances. Hay que ser auténtico. Como líder, me ves y es exactamente lo que soy. Siempre fui muy franca y directa. El mirarse a la cara no tiene precio. Estar con la gente es lo más importante.

- ¿Y el balance con la estrategia?
Hay momentos en los que me extraigo y puedo ver la compañía desde el lugar estratégico. La ducha, por ejemplo, es uno de los lugares donde más ideas tengo, porque estoy afuera de la vorágine. También en los aviones, cuando leo, cuando estudio. Me extraigo y marco la estrategia de la compañía. Soy muy cambiante. Los organigramas para mí son un juego, nunca creí en los puestos ni títulos. Menos en el mundo de hoy, que hay que ser flexible en absolutamente todo porque, si no, no hay forma de sobrevivir. El 50% de nuestros empleados tiene menos de 30 años, e in crescendo. Es difícil que la generaciones de más arriba nos adaptemos a esta realidad, porque exigimos cosas que es imposible que el mercado te dé. El mundo cambió. Todo es ida y vuelta.

- ¿Qué demanda esa generación?
Quieren feedback inmediato. Si no, automáticamente estás fuera de combate. Vienen, te dan ideas, te hacen entender que las cosas cambiaron. Y los resultados se ven inmediatamente. Este ida y vuelta me enriquece más a mí. Y es parte de la cultura de puertas abierta de la empresa.

- ¿Cómo impacta el hecho de ser mujer?
En el mundo machista de hace 20 años, los primeros 10 minutos de una reunión me dedicaba a mostrar que tenía mi título bien ganado. Es una gimnasia que, al final, te termina divirtiendo. Cuando traés resultados, te empiezan a respetar. Cuando tenía 25 años, era raro que una mujer llevara adelante una casa. Y, hoy, el 45% de las mujeres son sostén de la familia. En 20 años, va a haber más CEOs mujeres, porque se está haciendo un curso acelerado de empoderamiento. Las cosas se emparejan.

- ¿Y en el balance entre la vida personal y el trabajo?
Siempre hay un trade off. El tiempo es lo más valioso que uno tiene. Cuando uno llega a estas posiciones y mira atrás, se arrepiente de muchas cosas. El que dice que no, para mí, es una impostación. Hubiese cambiado un montón de cosas de mi vida, pero acepto que fueron así. Cuando uno está tan ensimismado en un proyecto tan intenso, que además te gusta, el tiempo hacia los demás -y hacia uno mismo- es mucho más acotado.

- ¿Cuáles son las perspectivas de la compañía?
Hay concientización, pero no la suficiente. El latinoamericano todavía tiene una pizca de egocentrismo de viajar sin cobertura porque piensa que no le va a pasar nada. Pero basta que haya más comunicación. En la Argentina, las crisis ayudaron a la industria, porque al no poder comprarse una casa o un auto, mucha gente elige viajar. Para nosotros fue una oportunidad. Este año, igual, hay un poco más de amesetamiento y no va a ser el boom de los últimos años. La Argentina está cautelosa, racional y a la expectativa de los resultados del nuevo Gobierno. La crisis genera que el más ágil sea el que sobreviva y eso es lo que trato de transmitirle a la gente. Uno se tiene que hacer más fuerte y sólido, y de alguna manera aislarse y generar la burbuja cultura. Hay que estar informado, pero filtrando.

- ¿Cómo se proyecta a futuro?
Todavía tengo muchísimo por hacer acá y muchos sueños por cumplir. Me encanta y soy una gran soñadora, pero también estoy abierta. Me tienta poder generar cosas que hagan cambios y dejen huellas. Cuando se hace un poco de esfuerzo, el cambio viene. Y eso es genial, porque se ve inmediatamente. En el futuro, no cercano, me veo tratando de volcar la experiencia que tuve en mi vida para hacer un mundo mejor.

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