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El nuevo funcionario político empresario

Tras el nombramiento de varios ejecutivos en cargos estratégicos dentro del Gobierno, surgieron posturas encontradas. Qué características comparten y en qué se diferencian estos perfiles.

El nuevo funcionario político empresario

Con el arribo de Cambiemos al Gobierno, se escucharon consignas como "[Mauricio] Macri al Gobierno, las multinacionales al poder", no solo por el pasado empresarial del actual jefe de Estado, sino, también, por una serie de nombramientos de figuras que dejaron de ocupar puestos jerárquicos en empresas de renombre para formar parte de la gestión. Esto hizo que varios los señalaran como funcionarios que posiblemente responderían a los intereses de las empresas de las que provenían. Otros sectores, por el contrario, no consideraron inoportuno que empresarios se desenvuelvan en la función pública e incluso hubo quienes lo tomaron como un aporte. A raíz de estas discusiones, se podrían plantear qué ventajas puede tener para un funcionario provenir de la esfera empresarial. Así como también qué similitudes y diferencias existen entre los líderes, según el espacio en el que se desenvuelvan.

Más allá de que el Estado y las empresas persiguen objetivos distintos, que tienen que ver con el bien común de una comunidad y la generación de ingresos, respectivamente, se pueden establecer similitudes que debería tener un buen líder en cualquier ámbito. Entre otras, "debe saber comunicar, establecer empatía y conducir. Tal vez, la diferencia viene porque los problemas que enfrenta un político son de naturaleza más variada, y los recursos y los resultados, más inciertos", explica el fundador y presidente de la Escuela de Liderazgo Político del CIAS, Rodrigo Zarazaga.

Otra diferencia que establece Matías Ghidini, autor de Mi trabajo ahora, tiene que ver con los resultados de la ejecución. "En el ámbito privado, un CEO puede tener, por ejemplo, seis objetivos en el año. Si cumple cuatro o cinco, puede asumir que resultó un muy buen ejercicio", observa. Y contrapone esto con el ámbito público, en el que, con resolver solo dos, "ya sería un gran logro".

Según explica el general manager de GhidiniRodil, esto se debe a que, en la gestión pública, existen más intereses cruzados, además de que se deben considerar y responder ante numerosos stakeholders. Y a esto hay que sumarle los procedimientos y la burocracia que son propios del Estado y que tanto difieren del mundo empresarial.José Luis Roces, rector del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), observa que, en el ámbito privado, lo que se valoran son los resultados, mientras que, en el político, "pesan más las ideas". En este mismo sentido, Leticia Turco Greco, directora de la consultora Felicis, remarca que los líderes empresariales "exitosos" tienen la capacidad de anticiparse y predecir lo que ocurrirá, y "trabajan en la generación de horizontes estratégicos". A diferencia de esto, si bien los políticos también deben saber anticiparse a los hechos, Turco Greco aclara que "su método de trabajo es mediante el convencimiento de su postura ideológica".

De hecho, Darío Rodríguez, doctor en Ciencias Políticas, afirma que el mensaje vinculado al mundo empresarial se caracteriza por ser claro, efectivista, y presentar una solución concreta ante las necesidades y problemas de la gente: "Como si esa solución fuera técnica, supraideológica, que está por encima de los conflictos y de las ideologías". Y acota: "Eso prende muy bien después de lo que fue la época -sobre todo la última- de la presidencia de Cristina Fernández, marcada por una estrategia que buscó todo lo contrario: hiperideologizar el mensaje".

Con respecto a la diferencia entre un discurso ideológico y uno más efectivista, y considerando que para que un líder pueda concretar sus proyectos necesita que sus colaboradores sean sus adeptos o aliados, la directora de Felicis señala una diferencia esencial: "El líder empresarial convence por los resultados y, el político, por las promesas". Más allá de los discursos que se formulen y la imagen que los políticos quieran dar de sí mismos, Zarazaga destaca que "no existe la gestión imparcial de toda ideología porque, en un país, la gestión define un orden de intereses y, a menudo ganadores y perdedores". También resalta que "la gestión eficiente lo es todo en una empresa". Mientras que en un país, "la gestión implica siempre zanjar sobre discusiones entre intereses", concluye.

La suma de la gestión

Ahora bien, marcando estas diferencias, Rodríguez opina que "el capital que puede ostentar o movilizar un líder empresarial dentro de la esfera política tiene que ver con la idea clásica de eficiencia, de resolver problemas. No está inmerso en lo que se conoce como la 'politiquería', las internas partidarias y luchas ideológicas". Y remarca que ese perfil es muy explotado por los líderes empresariales para argumentar que "por eso que pueden proponerle soluciones efectivas, concretas, prácticas y directas a la gente".Para Rodríguez, haber pasado por una empresa, "puede darle al líder una especie de expertise más de gestión, de trabajo en equipo. Y tiene también una lógica de cómo garantizar la eficiencia de la acción pública, que pueda dar resultados concretos, prácticos y claros".

Después de todo, concluye el presidente de la Escuela de Liderazgo Político del CIAS, "cuando el ciudadano recibe una respuesta rápida y satisfactoria desde una oficina de la administración pública, es porque hubo buena gestión; cuando en una compañía un líder es capaz de consensuar diversos intereses, se asocia a la capacidad de negociación política". Es por eso que remarca que una de las desventajas que puede tener un empresario en la esfera política es su "poca experiencia negociadora".Andrea Ávila, CEO de Randstad Argentina, señala que "lo que se lleva del sector privado al público de una manera más clara y contundente es la gestión orientada a la eficiencia, a los procesos, a una metodología de trabajo mucho más pautada". Y a esto le suma que los líderes empresariales pueden agregar valor en el desarrollo de tecnologías, así como también la aplicación de las reglas básicas de management dentro de "un mundo donde habitualmente no se hace y tenemos que tener un Estado que se modernice para gestionar adecuadamente". De todas manera, Ávila remarca: "Esto debe estar complementado con la mirada política, en el sentido de cuál es el objetivo que se persigue en el Estado, que es el bien común de la sociedad".

Déborah de Urieta

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