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DOMINGO 16/12/2018
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Dime dónde trabajas y te diré quién eres

Dime dónde trabajas y te diré quién eres

Los espacios y la mente dialogan, y ese intercambio queda plasmado en la neuroarquitectura, una nueva variante de las numerosas dimensiones con el prefijo neuro. Porque al ingresar en un lugar, el cerebro no tarda en reaccionar, y responde no solo ante factores objetivos, como la funcionalidad o aspectos técnicos, sino también ante la estética y los símbolos. La percepción es multisensorial y desencadena una decodificación inmediata, que estimula redes neuronales. "El entorno modela conductas y es posible crear un ambiente de trabajo que ayude a mejorar la productividad", explica el especialista en neuroarquitectura Víctor Feingold, CEO de Contract Workplaces, durante el Worktech Buenos Aires 2018. "El lugar puede potenciar la capacidad de las personas, principalmente a través de un buen diseño de las dimensiones ambiental y emocional", agrega.

El contexto, entonces, debe proveer a quienes trabajan de las herramientas y el clima para que mejoren su performance. "En un espacio de trabajo se dan una cantidad de pequeños sucesos que hacen que una compañía funcione y avance. Pero si hay problemas, habrá tareas que se acumulen o no se hagan", sentencia el bioarquitecto. El espacio, en suma, es una herramienta de gestión.

Cabe preguntarse, entonces: ¿qué condiciones debería tener? El primer eje, enumera Feingold, es el bienestar, como la calidad de la luz, la ventilación y la ergonometría. Segundo, tiene que tener un "set de espacios para cada actividad", pues difícilmente se pueda hacer todo confinado a un escritorio. El experto sugiere además incluir espacios que respondan a distintos niveles de concentración e intimidad, para diferentes tipos de reuniones y que estimulen la socialización con puntos de recreación. En esto último hace foco: "El lugar del café es de intercambio, es un 'hub social' donde se generan muchas cosas positivas gracias al encuentro". El tercer eje es la alta velocidad del cambio, en cualquier negocio. "Hay que estar siempre reinventándose y adaptándose, por lo que deben generarse condiciones de innovación. Y ésta no viene de una genia o un genio sentados en una torre de cristal, sino del trabajo colaborativo, de la interdisciplinariedad, de gente con distinto 'mindset' y variados rangos de edad; por eso hay que favorecer esa ebullición", se entusiasma Feingold.

Para estimular la mutación constante, el especialista destaca que el espacio debiera estar estructurado en pos de los procesos de la organización y no por jerarquías. "Además de ser poco democrático, porque el reconocimiento es territorial, ese criterio es poco flexible: cada vez que se quiere cambiar algo, hay que derribar paredes". Feingold agrega otro eje: sumar tecnologías que soporten la movilidad. "Somos trabajadores nómades, y el trabajo viene adonde estamos nosotros. Hacer lo contrario implica perder competitividad". ¿Ejemplos? El acceso remoto a archivos, y disponer de buenos insumos. "Se puede trabajar sin muebles, pero no sin conectividad", dice. Y advierte: "Su centro no son el edificio y la infraestructura, sino las personas, su bienestar y su sentido de pertenencia".

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