Al amparo de los DD.HH.

La líder de Amnistía Internacional Argentina reflexiona sobre cuestiones de género vinculadas a su trayectoria profesional y describe algunas de las prioridades de su trabajo en el país.

La primera vez que Amnistía Internacional pisó suelo argentino fue en 1976. Entonces integró la primera comisión internacional que documentó casos y denunció las violaciones a los derechos humanos que se estaban produciendo a manos de la dictadura militar, e, incluso, ayudó a dar exilio a presos políticos. Esta labor fue recompensada, en 1977, con el premio Nobel de la Paz y, un año más tarde, con el Premio de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Más allá de esta intervención icónica, la sección nacional de esta organización que se autodefine como un "movimiento mundial de personas que hacen campaña para que los derechos humanos internacionalmente reconocidos sean respetados y protegidos" inició su trabajo en los años 80, haciendo de la ciudad de Córdoba su sede y funcionando, desde 1996, como Asociación Civil con base en la Ciudad de Buenos Aires.

Mariela Belski transitó su propio camino antes de asumir la conducción de Amnistía Internacional Argentina en 2011 y convertirse en la única mujer que, en la actualidad, está al frente de una organización concretamente abocada a los derechos humanos en el país. Abogada de la UBA, con especialización en Derecho Administrativo, cuenta con una maestría en Derechos Humanos en la Universidad de Essex (Reino Unido), entre otros títulos. Con una importante trayectoria en el sector público, previo a su posición actual, ocupó diversos roles de liderazgo durante 11 años en la Asociación por los Derechos Civiles (ADC).

Su desafío al asumir no era menor. "Amnistía Argentina estaba en un proceso de crisis absoluto. Incluso, se había pensado en cerrar la sección y el desafío que me ponían adelante era que la posicione nuevamente, para que pueda sobrevivir. Me pareció súper interesante, porque era armar de cero todo", cuenta hoy, en momentos en que esas preocupaciones comienzan a formar parte del pasado. Y la tarea era doble: "No es solo posicionar a Amnistía en la Argentina, sino posicionarla dentro de Amnistía Internacional".

¿Cómo la afectó ser mujer en una senda profesional mayormente dominada por hombres? "La verdad es que a mí nunca me pasó [de sentir alguna diferencia]. Sí puedo decir que transité lugares donde se priorizaba la palabra o se daba el trabajo más interesante al varón. Pero, también, yo hice una carrera en la que mi libido estuvo realmente puesta en lo profesional. Por eso estoy acá. Y eso significa que postergué muchas cosas. Tengo una sola hija, viajo muchísimo, me pierdo muchas cosas... Tiene un costo, pero yo hice una apuesta a esto", reflexiona. Y recuerda un acontecimiento puntual que vivió en otro marco laboral: "Estaban buscando un director y nadie pensó en mí en ese momento, cuando yo tenía un lugar importante en la organización; nadie me vino a ofrecer a mi si yo quería ser directora, eso me pasó concretamente".

Problema estructural

Más allá de su experiencia personal, de todos modos, la cuestión de género es una que preocupa y ocupa a Belski, dado que es uno de los temas prioritarios para Amnistía en el país. En relación a ello, y otros puntos de esta agenda, la especialista apunta: "No hay una prioridad de derechos humanos de este gobierno. Y esto tiene un costo político. Desde Amnistía creemos que es un error no tener una agenda fuerte en esta materia, sobre todo por la historia de la Argentina, que es conocida por su agenda de derechos humanos, por su apoyo a la Comisión Interamericana y a los organismos internacionales de derechos humanos, por su política exterior en este sentido, que históricamente fue muy buena".

Ejemplo de ello, para la líder de Amnistía Argentina, es la violencia de género. "Este es, en la Argentina, es un problema estructural. Como tal, requiere de una solución estructural, políticas públicas estructurales y mucho presupuesto; es una política de Estado. El año pasado, el presidente Mauricio Macri hizo un evento en la Casa Rosada lanzando un plan de erradicación contra la violencia de género. Sin embargo, cuando salió la Ley de Presupuesto, no le destinaba fondos. Las organizaciones tuvieron que hacer un amparo para que se le asigne presupuesto. Eso muestra que no es una prioridad", señala.

Sumado a este tema, Amnistía tiene otras prioridades de trabajo en el territorio nacional. Entre ellas, los refugiados. "Estamos trabajando fuertemente para que la Argentina, por lo menos, reciba los 3000 refugiados que dijo que iba a recibir", dice y completa: "Acá, lo que tenemos es un compromiso del Presidente de traer 3000 con sponsoreo privado. Es decir, la plata no la va a poner el Estado, sino los privados que quieran. Pero el Estado tiene que dar un marco regulatorio, que hoy no existe -es muy laxo lo que hay- y ver cómo colabora, qué pasa cuando se acaba cuando se acabe ese financiamiento privado".

 

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