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Paritarias 2016

Los laboralistas prevén una negociación trabada. Hablan de aumentos escalonados y de dificultades para que se alcance un acuerdo marco. La falta de estadísticas complica la definición de porcentajes. El 30% aparece como el guarismo clave.

Inflación, devaluación, despidos, productividad, conflictividad, estadísticas, unificación y alianzas serán las principales palabras clave para abordar lo que en las próximas semanas será el inicio formal de las negociaciones paritarias 2016.
A hoy, una sola cosa está bien clara: difícilmente alguna de las partes consiga todo lo que quiera. "Este turno negocial se desarrollará en el contexto de un reordenamiento de importantes variables económicas, con impacto tanto sobre los ingresos de los trabajadores como sobre la actividad de las empresas. A su vez, el proceso se desarrollará en un contexto de emergencia estadística, que dificulta por el momento la exacta ponderación de la evolución de variables como el costo de vida", contextualiza Julio Caballero, socio de Mitrani, Caballero, Ojam & Ruiz Moreno, y aclara, casi al mismo tiempo: "Los actores sociales comparten intereses en torno al sostenimiento y mejora del nivel de actividad, preservación del empleo y de la capacidad adquisitiva de los salarios dentro de un marco de sustentabilidad de las empresas".
El hecho concreto, se aparta Juan José Etala (h), socio del Estudio Salvat, Etala & Saraví, es que se van a negociar sólo salarios, y "si bien hay una postura que parte desde el sector gremial según la cual se sostiene que el salario no genera inflación, ello no es cierto en sentido estricto".
Hay que tener en cuenta, dice, que si bien no se ha contado con estadísticas confiables como para poder medir la inflación de los últimos años, "fuera cual fuera la misma, los salarios surgidos de las paritarias la han superado, no solo por los aumentos de los básicos de convenio y su incidencia en los adicionales, sino por los otros beneficios que, año a año. se han ido consiguiendo, llámense bonos de fin de año o sumas no remunerativas, todo lo cual implicó un mayor ingreso final que el que figura como porcentual de incremento de los básicos convencionales", apunta.
Contrario a lo que sucedió en los últimos años, en los que el Gobierno ponía un "techo ficticio" para la homologación de convenios (que, luego, era perforado de distintas maneras), la actual gestión habla de un acuerdo marco entre las partes negociadoras, que busca sincerar los niveles de aumento. "Más allá de que del lado empleador esté visto con buenos ojos, es difícil que ese acuerdo se alcance. Los gremios más fuertes están en contra", sincera Javier Adrogué, name partner de Adrogué, Marqués, Zabala & Asociados. La explicación es simple: perderían su poder relativo de negociación.
Lo cierto es que, si bien el Gobierno nacional no participa de las negociaciones salariales de cada sector, sí pone el marco, aporta Mercedes Balado Bevilacqua, titular de MBB Abogados, quien recuerda el 20 a 25% de aumento al que se refirió Alfonso Prat Gay, seguido por los cuestionamientos de los principales referentes del sindicalismo vernáculo a la dicotomía "esto o despidos".
Para la especialista, "el escenario actual sugiere que se pactarán sumas fijas y se aplazará la suba anual para abril, con un escenario más certero", en materia estadística.
Colaboración, paciencia, poner el hombro, es lo que viene pidiendo el Presidente a los gremios, recuerda Natalia de Diego, abogada en el Estudio de Diego. "Los empresarios y sindicatos, en un marco de razonabilidad y colaboración, deben llegar a un acuerdo sustentable", señala en línea con las palabras del gobernador de Salta, apuntado para dirigir el PJ, Juan Manuel Urtubey, y advierte que "las relaciones sindicales van a ser un tema de agenda de todos los ejecutivos en el 2016".

Sobre la mesa

La "dinámica negocial" de los últimos años ha instalado, como regla, acuerdos de duración anual. La preservación de esta dinámica temporal contribuye a otorgar previsibilidad y cimentar la paz social durante la vigencia de los acuerdos, dice Caballero, aunque apunta que "algunos sindicatos han anticipado que, en este turno, pretenden negociar por períodos más breves".
Para Etala, "la negociación colectiva ha estado signada, desde hace muchos años, en prácticamente sólo aspectos salariales, y no se han renegociado los convenios colectivos en sus aspectos estructurales, muchos de los cuales datan de 1975, lo cual torna notoria su vetustez y necesidad de aggiornamiento, habida cuenta de que la realidad laboral y tecnológica ha sufrido sustanciales modificaciones en todo este tiempo".
Sin embargo, Adrogué insiste en que, en 2016, sólo se van a negociar salarios. "Puede que alguna actividad negocie condiciones de trabajo, pero, en la generalidad, no hay una urgencia de ningún lado por actualizar otros temas e, incluso, los convenios, que se dice que están desactualizados, tienen en las actas de las negociaciones colectivas pequeños ajustes que se fueron haciendo en, por ejemplo, las categorías de la actividad", elabora. Asimismo, señala que la cuestión pasará por si se incluyen pautas de negociación en base a productividad.
Generalmente, disiente Enrique Berraondo, titular de la firma que lleva por nombre a su apellido, "las paritarias buscan generar un acuerdo por sectores de la economía sobre diversos aspectos de las relaciones laborales de un sector en particular, como la suba del salario mínimo, mejoras en cuanto a capacitación y bonos por productividad". Sin embargo y siendo un Gobierno recién entrado en actividad, estima que tanto "los sindicatos, como las cámaras empresariales, este año tratarán de morigerar la intensidad de la negociación colectiva".
Sebastián Lyszyk, abogado en Silva Ortiz, Alfonso, Pavic & Louge, comparte parte de esta línea. "Prevemos que habrá negociaciones destinadas a la preservación del empleo en el sector privado, que viene de muchos años de estancamiento. Asimismo, estimamos que habrá una alta conflictividad laboral en algunas empresas o aún, sectores, cuya operación haya estado muy condicionada por las decisiones políticas del gobierno anterior, como ya lo anticipan los casos de Cresta Roja, Aerolíneas Sol y el Grupo 23", dice.
Por lo pronto, en las primeras rondas de diálogo con los grandes protagonistas sindicales, ya se ha vislumbrado un denominador común, apunta Balado Bevilacqua: la preocupación por la marcha de la economía y el fuerte incremento de precios de noviembre y diciembre.
Por eso, desde el Ministerio de Trabajo, se avanza con un paquete de medidas que incluye la modificación del impuesto a las ganancias, que beneficiaría a casi 1 millón de trabajadores e impactaría especialmente en los gremios de transporte, petroleros y bancarios.
A eso, se suma la posibilidad de "sanear" las obras sociales con la entrega de fondos a cambio de auditorías; la promesa de mantener abiertas las vías de diálogo; no extender la personería a nuevos sindicatos (algo constitucionalmente cuestionable); aumentar las asignaciones familiares para trabajadores con hijos y universalizarlas para quienes hasta ahora no las perciben (ver recuadro).
"Vale la pena identificar la clara intención de Hugo Moyano de transformarse en el representante o vocero de la CGT, con su propuesta de unificación, e intentar tomar un rol protagónico. Sin embargo, Omar Vivani, de alta influencia en la central que encabeza Antonio Caló, sostiene que, en el contexto actual, no resulta posible una unidad y que las pretensiones de Moyano no representan fielmente los intereses de la totalidad de los dirigentes sindicales", remarca la abogada, para condimentar la interna política que llevará directa o indirectamente el sindicalismo a las mesas de negociación.
Otro desafío, suma De Diego, será reducir el nivel de conflictividad. "En estos momentos, con el escenario cambiante en el día a día, sobre todo para llamar a la cordura a los gremios más combativos y a la vez a los que tienen mayor poder de daño a la hora de generar conflictos colectivos, va a ser estratégico en el equilibrio entre su conquista salarial y el desenvolvimiento de una economía en resurgimiento", apunta la abogada.
Disputas de poder entre los líderes de distintas agrupaciones, multiplicidad sindical, encuadre gremial y la revisión de qué trabajadores deberían pasar a engrosar la nómina de personal dentro de convenio, forman parte de una lista de temas que caracterizan un escenario donde el protagonismo sindical crece, resume.

Por cuánto

Al final del día, más o menos cristalizado, lo que se terminará discutiendo es el quantum del aumento. "Es prematuro aventurar los niveles promedio que alcanzarán los incrementos en este turno negocial. Como ha ocurrido a lo largo de estos años, la situación variará según la actividad, la situación del mercado respectivo, la correlación relativa de fuerzas", dice Caballero.
Hay actividades que están seriamente afectadas por factores externos. En estos casos, podría darse que los sindicatos finalmente moderen sus reclamos en procura de defender el nivel de empleo, dice. "Sería deseable que el promedio de incremento salarial, dentro de las posibilidades de cada sector, confluya con un nivel progresivamente descendente de la inflación, compatible con la preservación del nivel de empleo y del poder de compra de los salarios", agrega.
Adrogué imagina una negociación, por lo menos, en dos etapas, algo que se ve desde el anteaño pasado. "El desafío hoy, cuando uno se sienta a negociar, es qué pedimos y qué damos. Es una situación real, de incertidumbre, sobre el porcentaje. Hay una idea de lo que puede llegar a ser, pero difícilmente el impacto de los aumentos de noviembre, diciembre, enero, se refleje en la negociación. La línea de corte es el 30%. Entre 30 y 35, es un mal año desde el punto de vista empleador. Entre 25 y 30, es una buena ronda de negociación. Eso en la sumatoria de los dos tramos. Pero va a haber muchas negociaciones por ramo de actividad. Esos cinco puntos de diferencia tienen que ver, justamente, con la realidad de cada una", explica.
También de acuerdo a lo que prevén en Silva Ortiz los reclamos sindicales van a ubicarse en torno al 30%, aunque posiblemente sea por un par de puntos más en algunos sectores. "Estimamos que las negociaciones pueden ser difíciles y que eventualmente pueden llegar a alcanzarse acuerdos de alrededor del 25%", apunta Lyszyk, quien comparte la idea del aumento escalonado.
"Prevemos un año de alta conflictividad laboral, como consecuencia del cambio de gobierno, de la reestructuración del gasto público, de la alta inflación y de la reorganización de los factores políticos", agrega.
Berraondo, en tanto, coincide en porcentuales y agrega que "mucho tendrá que ver el porcentaje que negocien los estatales", que siempre es tomado como referencia para las otras paritarias. Justamente, Balado Bevilacqua es quien hace el punteo de reclamos.
En el sector docente, por caso, el objetivo a nivel de la Provincia de Buenos Aires es garantizar que las clases comiencen el 29 de febrero. Los dirigentes sindicales, en tanto, piden un aumento salarial del 30% al 50%.

El 27,7% del año pasado

Los Bancarios, en tanto, ya rechazaron una oferta de aumento del 10% para el primer semestre y buscan repetir el esquema de los años anteriores: pactar una suma fija y esperar a mediados de año con una inflación ya confirmada para negociar un convenio anual.
La CGT Azopardo, continúa la especialista, inicialmente fijó en un 30% el porcentaje en que deberían aumentar los salarios, mientras que en la CTA hablan de un piso del 35% dada la aceleración de la inflación de los últimos dos meses. La UTA (choferes de micros y colectivos) pedirá un aumento del 30% mínimo para los primeros seis meses del año y, si la inflación sube, subir el aumento, mientras que los gastronómicos deslizaron que podrían pedir un 50%.