El delito que más crece

El robo de identidad aumenta en todo el mundo. Tiene vínculos directos con fraudes bancarios y pedofilia. Cómo protegerse y cómo reaccionar ante la usurpación.

TDesde la famosa pulposa al alfeñique ignoto, desde el almacén de la esquina hasta la multinacional financiera, no hay quien esté a salvo del robo de identidad en la era digital. Cuentas de Twitter como @EZaffaroni (Eugenio Zaffaroni, ministro de la Corte Suprema), @diego_maradona (Diego Maradona), @HEMagnetto (Héctor Magnetto) o @victorhugo590 (Víctor Hugo Morales) son totalmente falsas y están lejos de ser las únicas.
En Facebook, Susana Giménez tiene más de 70 perfiles truchos; Luisana Lopilato duplica con 142; Marcelo Tinelli, 67. ¿Simple diversión? Definitivamente no.
El robo de identidad consiste esencialmente en hacerse pasar por otra persona en un blog, en una red social o en cualquier otro medio electrónico, enmarca el especialista Horacio Granero, titular de Granero Abogados, y aclara que, en la Argentina, no está considerado aún como delito. Si bien existen figuras como el fraude o la falsificación de documentos, la figura del robo de identidad a través de un medio tecnológico no está tipificada, dice.Una víctima por horaEl abogado Daniel Monastersky, responsable del sitio Identidad Robada, aporta que, este año, se cumple el noveno consecutivo en que el robo de identidad es el delito de mayor crecimiento en el mundo. En la Argentina, por lo pronto, los datos disponibles indican que por hora se genera mas de una víctima.
Parece mucho, pero, en países en los que Internet es el medio común para realizar transferencias, compras y pagar impuestos -como Estados Unidos-, cada cuatro segundos se roba una identidad y se afecta con ello a unos 10 millones de personas por año.
Entre los delitos vinculados con esta problemática destacan el phishing (engaño con logos o identificaciones similares a los de entidades crediticias, que pretenden el envío de claves a los destinatarios con el fin falso de ratificar su vigencia o ratificar domicilios), el ciberbulliying (acoso a un individuo o grupo mediante ataques personales, a través de medios digitales) y el grooming.
En algunos casos, la creación de perfiles apócrifos tiene por objeto acciones de pedofilia y está vinculada a otros ciberdelitos como el grooming, que implica la utilización de medios informáticos para ejercer influencia sobre menores de edad, a fin de que ejerzan actividades sexuales explícitas o actos con connotación sexual, denuncia Fernando Tomeo, name partner del estudio Abieri, Fracchia & Tomeo.
Hace un par de días -ejemplificá Tomeo- apareció en Facebook el perfil falso de un reconocido representante de modelos, que publicó en su muro que estaba efectuando scouting de chicas en todo el país, lo que encubría la intención de tomar contacto fraudulento con menores de 18 años con fines ilícitos".¿Qué hacer?Además de estar siempre atentos, Tomeo recomienda que, detectado un perfil falso, se debe efectuar la denuncia ante la justicia penal para la identificación de la dirección de IP del usurpador, e impulsar la acción penal. Si bien el delito no está tipificado en el Código, la investigación penal permite acceder al responsable, a quien en la mayoría de los casos se vincula a la comisión de otros delitos, razona el especialista.
Asimismo, hay que notificar y ejecutar acciones concretas contra la red o sitio que albergue el perfil apócrifo, para que lo elimine, y, respecto de los buscadores de Internet, para que bloqueen el acceso a esos contenidos y los dejen de indexar con efecto viral, agrega.
Otro tanto correspondería frente a casos de fraude, donde en su nombre se realicen compras, se soliciten créditos o se manipulen cuentas bancarias sin autorización. Con todo eso, se produce un impacto psicológico y un perjuicio económico, ya sea por el embargo del sueldo, por la inhibición de poder solicitar un futuro crédito o abrir una cuenta bancaria. Y a esto hay que sumarle los gastos en los que se deberá incurrir para la restitución de la identidad, honorarios de abogados, reposición de documentos y sellados legales, aporta Monastersky.
En medio del vacío normativo, en nuestro medio, son varios los proyectos de ley tendientes a sancionar este tipo de acciones. El año pasado, por ejemplo, la diputada Natalia Gambarro presentó en el Congreso una propuesta (Expte 4643-D-2010) que contempla al robo de identidad digital, proponiendo la incorporación del artículo 139 ter en el Código Penal.
Así las cosas, comenta Granero, ya existen antecedentes jurisprudenciales que sancionan acciones delictuosas similares, poniendo la responsabilidad del lado de quienes, por hacer uso de la tecnología, pueden generar una situación de peligro para los clientes que actúen con los servicios informáticos sin el debido respaldo de seguridad, y que estén en condiciones propicias para ser víctimas de estas defraudaciones. A.A.N.
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