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El blanqueo y el caso FIFA

por  RAÚL FRANTATONI Y NICOLÁS PROCOPIO

Socio y asociado Senior de Allende & Brea especializados en planificación fiscal y patrimonial
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El blanqueo y el caso FIFA

Las razones que explican el éxito del blanqueo han sido varias, pero, probablemente, las más determinantes son dos: el inminente intercambio automático de información entre autoridades fiscales y la decisión de los bancos de exigir a sus clientes que demuestren que cumplen con sus obligaciones fiscales en su jurisdicción de residencia.

Si bien, cuando se sancionó la ley, parecía que el intercambio de información sería la causa principal de adhesión, pronto ese móvil fue superado por otro. En efecto, los bancos comenzaron a circular formularios exigiendo a sus clientes que confirmen que cumplían sus obligaciones fiscales respecto de los activos que se encontraban en tales instituciones.

Su incumplimiento derivaba en el cierre de la cuenta, lo que forzó a quienes dudaban en adherirse a reconsiderar su posición y acogerse al régimen. Por su parte, quienes cumplían con esa obligación pero falseaban el contenido se exponían, al menos en los EE.UU., a cometer el delito de perjurio. En la práctica, falsear una declaración jurada expone al cliente a que si el banco luego exige copias de sus declaraciones y comprueba que el activo en custodia no está declarado, resuelva tomar medidas como congelar los fondos hasta tanto se compruebe que el cliente cumple con sus obligaciones en su país de residencia.

Las razones hasta aquí expuestas fueron determinantes para que un gran número de contribuyentes argentinos, a pesar de los vaivenes de la economía, los períodos de inestabilidad, cuestiones de seguridad por temor a que el secreto fiscal sea vulnerado y otras razones, se hayan inclinado a adherirse al blanqueo por considerarlo el único camino posible en el contexto antes descripto.

Pero existen otros motivos que no pueden ser pasados por alto. En recientes fallos, tribunales de los EE.UU. han sostenido que el uso de su sistema de comunicación por cable para infringir normas de otros países es motivo suficiente para condenarlos penalmente. Si bien esta posibilidad parecería remota, no deja de ser cierto que existen dos antecedentes que han terminado con prisión para los responsables y el embargo de sus bienes en los EE.UU..

El primer caso es Pasquantino c. EE.UU., resuelto por la Corte Suprema del país en abril de 2005, que confirmó la sentencia de la Corte de Maryland contra tres personas involucradas en un esquema dirigido a ingresar mercadería ilegal a Canadá con el propósito de evadir impuestos en ese país. En este caso, la Corte Suprema entendió que era suficiente para configurar un delito punible en los EE.UU. el uso de su sistema de comunicación por cable (el cual incluye el sistema financiero) para violar una ley extranjera.

El segundo es el caso FIFA. Aquí, uno de los móviles para adjudicarse jurisdicción fue el hecho de haberse utilizado el sistema bancario estadounidense para infringir leyes extranjeras. Si bien en ambos casos el fraude fiscal se dió en el marco de operaciones de contrabando, evasión indirecta, lavado de dinero y corrupción, esto no sería óbice a que, en el futuro, los tribunales de los EE.UU. comiencen a interpretar que el uso de su sistema permita perseguir a personas que no son contribuyentes del país por el hecho de servirse del sistema local para ocultar sus activos o cometer un delito en su jurisdicción de residencia.

Si bien no resulta frecuente ver antecedentes como estos, parece importante mencionarlos porque es claro que se ha replanteado el rol del Estado en lo que hace a la lucha contra el terrorismo, narcotráfico y lavado. En lo que respecta a los delitos de contenido económico, el espacio que permite su comisión son esencialmente los sistemas financieros a través de sus instituciones, y por ello deberíamos pensar si precedentes como los citados son el principio de una nueva tendencia global. Pensar en un sistema de intercambio automático de información como el promovido por la OCDE parecía una utopía hace diez años y hoy es una realidad.