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La amenaza de la "dark web", el crimen a un clic de distancia

A diciembre de 1995 apenas 16 millones de personas en el A diciembre de 1995 apenas 16 millones de personas en el mundo estaban conectadas a la Internet, un 0,4% de la población. Para junio de este año, ese número ascendía a 3.611 millones de personas, un 49,2% del mundo entero. Pronto, más de la mitad de los habitantes del planeta tendrán acceso a internet y los beneficios que ofrece. Información, entretenimiento, comercio, contactos… todo un paraíso de nuevas oportunidades. ¿Pero qué hay de las oportunidades que también se ofrecen a quienes tienen fines poco convencionales? Manuales sobre cómo hackear empresas, pedofilia, comercio de armas y drogas, contactos con sicarios. Todo eso está ahí, cerca nuestro, a un click de distancia.
La Dark Web consiste en una serie de sitios de difícil acceso a través de los buscadores y navegadores convencionales. A diferencia de lo que algunos conocen como la Deep Web (que consiste principalmente en grandes bases de datos estadísticos y académicos, de acceso vía buscadores especializados), esta "Red Oscura", más profunda, está formada por páginas ocultas con intencionalidad. De terminación, solo podemos acceder a las mismas mediante navegadores especializados como TOR, aquel que comenzó en 2002 como un proyecto del Laboratorio Naval de Investigación de los Estados Unidos para proteger comunicaciones propias. El mismo transforma las conexiones directas entre PC - SERVIDOR en largas líneas de saltos entre múltiples nodos alrededor de todo el planeta, haciendo difícil (aunque no imposible) rastrear tanto a los creadores como a los visitantes de estos sitios. Oculta nuestra IP, es difícil seguir nuestro rastro. Además, la información suele viajar cifrada, complicando más el asunto.
Actualmente el navegador subsiste como TOR Project, una organización sin ánimo de lucro galardonada en 2011 por la Free Software Foundation por permitir que millones de personas en el mundo tengan libertad de acceso y expresión en Internet manteniendo su privacidad y anonimato. La dificultad de rastrear los extremos de las conexiones bajo esta vía ha permitido a ciudadanos de todas partes del mundo sobreponerse a la censura gubernamental.
Pero estas características también lo tornan el espacio ideal para recibir, transferir, distribuir o comercializar objetos prohibidos. Aunque las páginas son poco confiables, planas y poco atractivas, la conexión suele ser lenta y la caída de los sitios es recurrente, el anonimato lo ha convertido en el ámbito ideal para el intercambio de información entre hackers, para dar a conocer las vulnerabilidades de sistemas o cómo acceder a servidores de empresas privadas u organismos públicos. Las famosas publicaciones de los documentos de Wikileaks, por ejemplo, fueron posibles por estos espacios. Por otro lado, las drogas blandas, especialmente cannabis, son la mercancía más intercambiada en esta Red oculta. También la pornografía infantil, las comunicaciones entre grupos terroristas, la venta de armas y documentación falsa, manuales sobre hackeo y lavado de dinero y hasta de sicarios a sueldo. Aunque las principales webs solo prometen entregas en Europa y los Estados Unidos, el mercado negro tradicional ha encontrado un lugar fértil para expandirse utilizando estas plataformas, más aún con la popularización del Bitcoin, moneda digital de difícil rastreo.
Los criminales también se aprovechan de la dificultad de los gobiernos para regular esta red y las páginas que la habitan. Aun así, atendiendo a la problemática, la Web Oscura también está plagada de agencias policiales o gubernamentales. Como objetivos principales, los grupos de inteligencia e investigaciones del mundo trabajan cada vez más a fin de prevenir que acciones sospechosas pudieran atentar contra la seguridad pública, identificando a quien difunde y promueve contenido ilegal en la Red.
Lo llamativo de todo esto es que no hace falta ser un experto para acceder a la Red Oscura. Tan solo basta un computador, conexión a Internet y la determinación necesaria. Más aún, navegar por la Red Oscura no es un ilícito, aunque lo que pueda hacer una persona sin conocimientos de informática y ciberseguridad resultaría peligroso para sí misma ante los múltiples riesgos que pululan en la Dark Web. Ante la duda de entrar o no, a veces el sentir curiosidad y dejarla latente es preferible que padecer las consecuencias de sufrir un acceso a nuestros datos personales, claves o documentos.