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Computación cognitiva: una promesa en la Argentina

Computación cognitiva: una promesa en la Argentina

En la actualidad, uno de los mayores desafíos que se presenta en el campo de la inteligencia artificial es lograr que la actividad de un ordenador se asemeje a la que se desarrolla en el cerebro, es decir, que piense de forma casi humana.
Imaginemos un asistente en un estudio jurídico, capaz de recordar miles y miles de leyes, decretos, sentencias, de modo que puede aconsejar a los abogados acerca de la jurisprudencia aplicable en casos complejos. O un centro médico, que tiene a alguien capaz de mantenerse al día con la enorme cantidad de papers científicos que se publican mes a mes, de forma tal que puede ayudar a los especialistas a seleccionar el mejor tratamiento para cada paciente. O bien un centro de cómputos, que cuenta con un experto que conoce al dedillo los cientos de incidentes de seguridad informática, que además puede leer y entender todos los blogs que se publican sobre el tema y, en base a eso, ayudar a evitar un ataque informático. Poder disponer de asistentes como los de estos ejemplos es la gran promesa de la Computación Cognitiva.
Los ejemplos que acabamos de dar ilustran algunas de las características esenciales de los sistemas cognitivos: son capaces de ingerir (y comprender) enormes cantidades de información, pero no en un formato diseñado para computadoras sino más bien para seres humanos. Desde luego, para lograr esto es indispensable que dichos sistemas puedan entender lenguajes humanos. Entonces, naturalmente van a interactuar con las personas utilizando esos lenguajes, Otra característica es que los sistemas cognitivos aprenden a medida que van interactuando y resolviendo problemas. Son sistemas que mejoran con el uso.
Ahora, ¿estamos haciendo ciencia ficción de investigaciones que van a dar sus frutos recién dentro de muchos años? De ningún modo. Ya hay varias empresas que proveen soluciones cognitivas y múltiples compañías en el mundo que han comenzado a utilizarlas, particularmente en campos como la atención médica, las finanzas, la investigación científica y los centros de atención a clientes.
En nuestro país el tema está emergiendo, y lo está haciendo con fuerza, suscitando la atención de todo tipo de organizaciones. Es importante tener en cuenta que muchos servicios de Computación Cognitiva se ofrecen hoy en día en la nube, en una modalidad pay-per-use, de modo que incluso empresas muy pequeñas (por ejemplo, startups que ofrecen soluciones móviles) comienzan a considerar seriamente la computación cognitiva para poder ofrecer servicios de mayor valor agregado.
La Argentina tiene una importante tradición en Inteligencia Artificial, de la cual podría decirse que la computación cognitiva es su vástago más reciente. Desde hace muchos años se efectúan congresos e investigaciones sobre el tema en el Conicet y en diversas universidades. Entre otras, podemos mencionar las que se llevan a cabo en el Centro de Inteligencia Computacional del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), donde se desarrollan robots inteligentes.
La Inteligencia Computacional y la Computación Cognitiva tienen sutiles diferencias, pero lo que al lego (al usuario) le interesa, es que ambas disciplinas le permiten disponer de máquinas capaces de ayudarlo a resolver problemas complejos.
Si las predicciones de los expertos se cumplen, los sistemas cognitivos irrumpirán con fuerza y, en apenas un par de años, la mitad de los usuarios estará interactuando de un modo u otro con uno de ellos, sin embargo ello no parece poner en riesgo el trabajo humano.
Es importante destacar que en todos nuestros ejemplos hablamos de asistentes, de ayudantes. Los sistemas cognitivos tienen sobre las personas la ventaja de poder procesar enormes volúmenes de información en muy poco tiempo, y esto los convierte en asistentes muy útiles, pero las personas tienen a su favor la empatía personal, la creatividad, la intuición, que todavía ninguna máquina posee. Si logrará o no tenerlas en un futuro, es una cuestión que aún no puede responderse.