

El gobierno de Donald Trump estaría evaluando una compleja y riesgosa operación militar para recuperar casi 450 kilogramos de uranio enriquecido de territorio iraní, según informó el reconocido diario estadounidense Wall Street Journal citando a funcionarios al tanto de las deliberaciones internas.
Trump todavía no tomó una decisión definitiva, pero se muestra abierto a la idea, según las mismas fuentes. El presidente considera que la incautación del material nuclear podría ser clave para alcanzar su objetivo central: impedir que Irán fabrique un arma nuclear.
Según una persona cercana al mandatario, Trump ya instruyó a sus asesores a presionar a Irán para que entregue el material como condición de paz. El presidente habría dejado claro en conversaciones privadas que los iraníes no pueden conservar ese uranio bajo ninguna circunstancia.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, fue cuidadosa en sus palabras: “Es responsabilidad del Pentágono realizar los preparativos necesarios para brindar al comandante en jefe la máxima libertad de acción. Esto no significa que el presidente haya tomado una decisión.”
El domingo por la noche, Trump fue más directo ante la prensa. “No tendrá país”, advirtió sobre Irán, y agregó que los iraníes “nos van a dar el polvo nuclear”, en una declaración que sugiere una postura negociadora de máxima presión.

El objetivo clave de Trump
Antes de los ataques aéreos que Israel y Estados Unidos ejecutaron en junio del año pasado, Irán poseía más de 400 kilogramos de uranio enriquecido al 60% y casi 200 kilogramos adicionales al 20%. Este último se convierte fácilmente en material apto para armas al 90%.
El director del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, señaló que el uranio se encuentra principalmente en dos emplazamientos atacados en junio: un túnel subterráneo en Isfahán y un depósito en Natanz, ambos objetivos de alta complejidad para cualquier operación de rescate.
Militares retirados y expertos en no proliferación advierten que una operación de este tipo sería extraordinariamente peligrosa. Las tropas deberían ingresar bajo fuego de misiles tierra-aire y drones iraníes, asegurar perímetros y localizar el material entre escombros con posibles trampas explosivas.

El uranio altamente enriquecido probablemente esté almacenado en entre 40 y 50 cilindros similares a tanques de buceo. Cada uno debería colocarse en contenedores especiales de transporte, lo que podría requerir varios camiones, según Richard Nephew, investigador de la Universidad de Columbia y exnegociador nuclear con Irán.
“Esto no es algo que se pueda resolver rápidamente”, advirtió el general retirado Joseph Votel, excomandante del Comando Central de Estados Unidos y del Comando de Operaciones Especiales. Su declaración refleja el consenso entre los expertos militares consultados.
Toda la operación podría tardar días o incluso una semana en completarse, e implicaría habilitar un aeródromo provisional en zona de conflicto para transportar equipos y extraer el material nuclear con seguridad.
“Es responsabilidad del Pentágono realizar los preparativos necesarios para brindar al comandante en jefe la máxima libertad de acción. Esto no significa que el presidente haya tomado una decisión.”
El Pentágono evalúa además el despliegue de 10.000 soldados terrestres adicionales en la región para ampliar las opciones disponibles del presidente. También se preparan unidades de la Infantería de Marina y paracaidistas de la 82.ª División Aerotransportada.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, se mostró deliberadamente ambiguo al ser consultado al respecto el 13 de marzo: “El presidente ha mantenido la vista fija en las capacidades nucleares. Tenemos varias opciones, incluida la posibilidad de que Irán decida renunciar a ellas, lo cual celebraríamos.”
Hegseth agregó: “Jamás le diría a este grupo ni al mundo lo que estamos dispuestos a hacer ni hasta dónde estamos dispuestos a llegar, pero sin duda tenemos opciones.”

Pese a la retórica bélica, Washington y Teherán aún no mantuvieron negociaciones directas. Pakistán, Turquía y Egipto actúan como intermediarios entre ambas partes en un conflicto que se prolonga con ataques continuos.
Trump ha dicho en privado que no quiere una guerra prolongada. Algunos de sus principales asesores insisten en que se concentre en las elecciones de mitad de mandato, donde las encuestas anticipan pérdidas significativas para los republicanos.
Existen antecedentes de operaciones pacíficas similares. En 1994, Estados Unidos retiró uranio de Kazajistán en el llamado Proyecto Zafiro, y en 1998 participó junto al Reino Unido en la extracción de material enriquecido desde Georgia. Ambos casos, sin embargo, se desarrollaron en contextos de cooperación, no de conflicto armado.



