

La tarde de este domingo se convirtió en una pesadilla para cientos de pasajeros que viajaban por el sur de España. Un tren de alta velocidad de la empresa privada Iryo, que cubría la ruta Málaga-Madrid, descarriló a la altura de Adamuz, en la provincia andaluza de Córdoba.
Los últimos tres vagones de la formación se salieron de las vías e invadieron el carril contiguo, justo cuando por allí circulaba un tren Alvia de la estatal Renfe que hacía el recorrido Madrid-Huelva.
El impacto fue devastador: ambas formaciones descarrilaron y, al momento, ya se confirmaron al menos 39 muertes. Además, un total de 73 personas permanecen internadas, 24 de ellas en estado grave, de las que cuatro son menores.
El servicio de emergencias 112 informó de que 122 personas han sido atendidas como consecuencia de este accidente, de las cuales 74 ya fueron dadas de alta.
“Amasijos de hierro”: el dramático relato de los rescatistas
Francisco Carmona, jefe del cuerpo de bomberos de Córdoba, describió con crudeza la situación que encontraron en el lugar del siniestro. “El problema es que están los vagones retorcidos. Los hierros están retorcidos con las personas dentro. Hay unos amasijos de hierros, de sillones, de asientos... Está todo muy, muy deshecho”, expresó en declaraciones a la televisión pública TVE.

Así, las tareas de rescate resultan extremadamente complejas. “Hemos tenido incluso que retirar a alguna persona fallecida para poder acceder a algún vivo. Están siendo labores complicadas, duras”, agregó el funcionario, visiblemente afectado por la magnitud de la tragedia.
Frente a la tragedia, España aplica el Protocolo nacional de actuación en sucesos con víctimas múltiples.
Descarrilamiento de trenes en España: ¿qué pasó?
El tren de la compañía Iryo había salido de Málaga a las 18:40 (hora local) del domingo con destino a Puerta de Atocha con 317 personas a bordo y descarriló sus tres últimos vagones a las 19:39 horas.
La unidad invadió la vía contigua por la que en ese mismo momento circulaba otro convoy de Renfe con destino a Huelva, que también descarriló ante el impacto.
Los vagones del Iryo impactaron contra los dos primeros vagones del Alvia de Renfe, que salieron despedidos y cayeron por un terraplén de unos cuatro metros.

Investigación en marcha
El tren Iryo que descarriló había sido revisado el 15 de enero, hace solo cuatro días, y se fabricó en 2022, según la propia compañía, que ha afirmó que se encuentra a total disposición de la Comisión encargada de las pesquisas.
El accidente se produjo en un tramo recto de la vía de la línea Madrid-Sevilla, cuyos trabajos de renovación finalizaron en mayo, con una inversión de 700 millones de euros (unos 813 millones de dólares).
El ministro español de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, consideró este lunes que este accidente es “raro y difícil de explicar”, porque el tren que provocó el choque es relativamente nuevo y también se había renovado recientemente la infraestructura.



