

Pocas elecciones han despertado tantas expectativas en América latina como las que se realizarán el próximo domingo en Venezuela.
Sólo de la Argentina han viajado a Caracas en calidad de observadores, decenas de políticos invitados por los comandos de campaña de uno u otro candidato, sin contar los militantes pro chavistas de diversas agrupaciones.
Es que lo que está en juego en estos comicios no solo afectará a la política interna venezolana sino que tendrá consecuencias en la región y en el eje de poder que integran por su afinidad ideológica la Argentina, Uruguay, Ecuador, Brasil y Venezuela.
Países como Cuba, ampliamente beneficiados por el petróleo subsidiado que le brinda el actual gobierno, se verían en serios problemas si el que triunfa no es Chávez.
Además, hay tres aspectos que convierten a este acto eleccionario en un hecho singular: Por una parte, el personalismo de Chávez, quien se recupera de un cáncer, y no tiene un segundo con suficiente respaldo popular como para sucederle.
Otro es la inmensa riqueza petrolera de Venezuela, que gracias a los altos precios del barril le han permitido al gobierno ganarse voluntades dentro del país y ayudar a los gobiernos amigos. El tercero es que la sociedad venezolana llega a los comicios en un clima altamente polarizado.
Las encuestas le dan el triunfo al presidente Hugo Chávez quien tras 14 años en el poder aspira a la reelección. Pero los seguidores del opositor Henrique Capriles, amparados en la vigorosa carrera ascendente de su candidato, no pierden las esperanzas de que, a último momento, las previsiones electorales se reviertan.
La clave está no sólo en quien gane, sino con qué caudal de votos logre la victoria. Ese será un punto determinante para saber si Venezuela profundizará la revolución socialista bolivariana, girará en el modelo hacia una menor participación del Estado, o si el país entre en un período de alta inestabilidad política.
Aunque con diversos matices, analistas consultados por El Cronista coinciden en que salvo que Chávez logre su cuarto mandato consecutivo por un amplio margen, el clima post electoral en Venezuela será de mucha fragilidad.
Jorge Castro, presidente del Instituto de Planeamiento Estratégico, sostiene que por las características del sistema político venezolano, en el cual del papel del presidente Chávez es absolutamente irreemplazable, su desaparición de la escena política ya sea por una derrota electoral o por un agravamiento de su enfermedad, crearía un vacío de poder en Venezuela. Lo que quedaría en pié en esas condiciones, como único resorte de poder es el Ejército, afirmó.
Tanto el politólogo Atilio Borón como la experta en política internacional Telma Luzzani consideran muy improbable un triunfo de Capriles.
Pero en el caso de que ganara el líder opositor, Luzzani ve un retroceso y una pérdida histórica para la región. Argumentó que una consecuencia sería la paralización del incipiente diálogo de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC, porque Chávez fue una figura fundamental en la arquitectura de ese proceso y porque Capriles carece de experiencia en la arena internacional.
En sintonía con Luzzani, Borón calificó como profundamente negativo el impacto que tendría en la región si ganara Capriles porque debilitaría enormemente a los gobiernos de izquierda empezando los pequeños de Centroamérica y fortalecería las posturas de la derecha más radical en países como la Argentina, Uruguay y Chile.
El ex embajador argentino ante Naciones Unidas, Emilio Cárdenas, destacó que cualquiera sea el resultado de las urnas, lo más probable es que Venezuela se despierte con una sociedad dividida en verdaderas mitades. Enfrentada, inestable y violenta
Pero respecto de un eventual triunfo de Capriles observa que se daría un cambio copernicano en Venezuela aunque con la dificultad de gobernar con un Congreso dominado por el chavismo y con un Poder Judicial que poco y nada tiene de independiente.
En el caso de Cuba, la supervivencia del país quedaría en peligro al perder los subsidios de Chávez, señala Cárdenas, pero para el resto de la región significaría un posible avance respecto del deterioro de las instituciones de la democracia, del ataque a las libertades individuales y del debilitamiento del estado de derecho como el asedio a la libertad de prensa para instalar el discurso único, disimular la corrupción y asfixiar el disenso.
El ex vice canciller argentino Roberto García Moritán, prevé que si ganara Capriles organizaciones como el ALBA que entraría en un período de desvanecimiento y Cuba no gozarían de las ventajas de la asistencia del petróleo venezolano en los mismos términos.
Pero García Moritán no cree que Capriles promueva rompimientos traumáticos aunque sí cambios en la retórica de apoyo al régimen sirio y en la desafiante posición de Hugo Chávez con Israel. Lo que no ve es modificaciones salvo en las formas, en el latinoamericanismo venezolano. Venezuela seguiría en el Mercosur y es previsible que encuentre la forma de restablecer el alicaído Pacto Andino, afirmó.
Para Estados Unidos, en cambio, gane quien gane las elecciones, las relaciones seguirán signadas por el interés mutuo basado en que EE.UU. es el primer socio comercial de Venezuela.










