El presidente francés, François Hollande, no excluyó ayer la posibilidad de llevar a cabo una intervención armada

en Siria para poner fin a la represión del régimen del presidente Bachar Al Asad, siempre y cuando esté coordinada por el Consejo de Seguridad de la ONU y que se pueda convencer a China y a Rusia.

Las declaraciones de Hollande se conocieron al tiempo que las potencias occidentales expulsaron a los enviados sirios de sus capitales en protesta por la masacre de 108 personas, casi la mitad de ellas niños, y el enviado de paz Kofi Annan instó al presidente Bashar al-Assad a tomar medidas valientes en un momento crítico.

Las matanzas en la localidad de Houla provocaron una poderosa condena en todo el mundo, con Naciones Unidas denunciando que familias enteras fueron asesinadas en sus casas, algunas por tanques del Ejército y otras probablemente por una milicia aliada a Assad.

Estados Unidos, Alemania, Francia, Australia, Italia, Canadá, España, Bulgaria y Gran Bretaña dieron a los diplomáticos sirios horas o días para dejar sus capitales, en un esfuerzo coordinado para agravar el aislamiento internacional de Assad. Algunos ya habían expulsado a los embajadores o reducido la actividad diplomática, por lo tanto, como Washington, ordenaron la salida de los encargados.