En Brasil, erupcionó un volcán dormido. Así describen lo que sucede por estas horas en el vecino país, mientras los canales de televisión de todo el mundo muestran a miles de indignados tomando las calles de las principales ciudades brasileñas. Lo que parecía una protesta aislada por la suba de la tarifa de transporte, se convirtió en el disparador de un abanico de reclamos: inseguridad, inflación, corrupción, falta de educación y desabastecimiento en los hospitales. Y lo que subió aún más la presión fue los gastos faraónicos que realiza el gobierno de Dilma Rousseff en el marco de la Copa de las Confederaciones y el Mundial de Fútbol 2014. Los ojos del mundo están puestos en Brasil por estos dos sucesos y los indignados aprovechan esta gran visibilidad para que sus reclamos también sean oídos.

Pero ¿qué pasa con el “milagro brasileño”?, ¿acaso no es el país de las oportunidades, al que toda la región mira y busca imitar?

Los disturbios se producen después de casi una década de crecimiento económico que llevó a un mayor perfil del país en el escenario global. Un crecimiento económico menor al uno por ciento anual, con una inflación al año del 6,5 por ciento y una pérdida de apetito por los activos brasileños de parte de los inversores internacionales han desinflado rápidamente lo que había sido una sensación de era de bienestar para Brasil.

En este combo, lo logrado por el gobierno de Lula Da Silva, primero y luego por Dilma Rousseff, quedan en stand by: la inclusión social, la nueva clase media, los proyectos sociales, la mirada integradora con la región, las alianzas con otros países emergentes. La juventud brasileña siente que es hora de profundizar aún más estas políticas. “Es un despertar masivo. Todo el mundo te dice que sos un modelo de emergente, el ‘BRIC democrático y de las libertades‘, como se dice acá. Y un día te das cuenta que el transporte público es carísimo, que no tenés calidad de vida, que no tenés espacio público en las ciudades, nuestro modelo de desarrollo es puramente individualista”, explica Carlos Marcondes Junior, un joven abogado paulista que salió a la calle para sumarse a las protestas. Y agrega en diálogo con Cronista.com: “Surfeamos increíblemente la ola de la crisis internacional, que no nos afectó a su tiempo, porque los dólares de los países desarrollados se venían acá, pero eran dólares especulativos, pero esto no se ha convertido en inversiones verdaderas en el país. Resulta que ahora nos damos cuenta de que nuestra infraestructura es vergonzosa, tenemos menos trenes que la Argentina (con 5 veces más población), se produce mucho en ciertas zonas pero no hay como drenar la producción”.

Y de a poco, la inflación, socava el bolsillo de la clase media, esa misma porción de gente que logró un porvenir de la mano de Lula y que hoy comienza a verse acorralada por un modelo económico que los presiona cada vez más. “De repente, los precios empiezan a subir. Es un 6%, lo sé. Pero alimentos y alquileres subieron mucho más. 25%en un año.Y tu sueldo no va a subir. Y así, la clase media comienza a ver como su sueño de la casa propia, de las vacaciones, del ahorro, se diluye. A esto, sumale la franja desproporcionada que hay entre los más pobres.”

Otro de los puntos de conflicto son los dos torneos futbolísticos que patrocina Brasil. Los brasileños ven con muy malos ojos que en plena crisis de infraestructura, el gobierno realice gastos faraónicos en estadios de fútbol. Los funcionarios de Dilma han desmentido estas acusaciones, afirmando que el capital obtenido para realizar estas obras es producto de capital privado. Sin embargo, es el propio gobierno quien deliberadamente aporta plata para todo lo que tiene que ver con el Mundial. “El dinero que le prestan a las empresas privadas es prestada por BNDES (Banco Nacional de Desenvolvimiento Económico y Social) con tasas de interés bajísimas. O sea, que el gobierno también paga” afirman desde la redacción del diario económico Valor en diálogo con Cronista.com.

Costo político
La ola de protestas, que ayer se extendieron en 80 ciudades en el marco de una enorme represión policial, provocó que la presidenta Rousseff cancele un viaje la próxima semana a Japón, informaron desde su despacho. Por lo que se especula que se viven horas de definición en el Ejecutivo. Ayer, el diario Folha de San Pablo afirmó que Lula se reunió con Dilma donde le aconsejó cambios en su gabinete. Aunque no se confirmó esta información, un cambio en las filas oficialistas no sería extraño, dado que el gobierno calienta motores de cara a las elecciones presidenciales del año que viene. Y en este clima de tensión los opositores están intentando ganar su tajada de la situación. Ante este escenario, los seguidores del gobierno, muchos de los que hoy protestan en las calles, afirman que no hay que darles lugar a los especuladores, pero que es tiempo de un cambio y es hora de que Dilma escuche sus reclamos.