Chile: ex directora de la Bolsa de Santiago propone un 'new deal' a dos años del estallido social

Tres pilares serán clave para renovar el sistema económico, con la certeza de que "necesitamos reinventar el capitalismo, especialmente en Chile", asegura la economista Jeannette Von Wolfersdorff, la primera mujer en integrar el directorio de la Bolsa de Santiago.

El estallido de la crisis social en aquel no tan lejano viernes 18 de octubre de 2019 abrió una discusión en el país respecto a la desigualdad, la concentración de la riqueza y la desconexión de parte de la élite con el resto de la ciudadanía.

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Se escribieron libros y columnas, se convocaron foros y las empresas adoptaron medidas para reducir la brecha... Pero luego vino la pandemia, que obligó a postergar parte importante de las discusiones a nivel país.

Santiago de Chile, octubre 2021 - Xinhua

Algo que lamenta Jeannette von Wolfersdorff. La economista de origen alemán fue uno de los primeros actores en lanzar una fuerte crítica, desde la elite, por la falta de empatía y conexión con el resto del país, intentando empujar cambios entre los empresarios para pensar en lo que denomina un "nuevo capitalismo".

Fundadora de la ONG protransparencia Observatorio del Gasto Fiscal y la primera mujer en integrar el directorio de la Bolsa de Santiago, la experta, antes de entrar de lleno en el Chile pos estallido, hace el nexo entre el momento que vive el país y el orbe después de la pandemia.

De hecho, toma prestadas las palabras de un neurobiólogo, vertidas en el New York Times: ¡Olvídate de la crisis del Covid! ¡Lo que viene con las nuevas tecnologías puede cambiar a la humanidad! "Se refirió a la lectura y escritura cerebral y en el sentido más amplio, a la ola de innovaciones de la Cuarta Revolución Industrial", recalca.

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- ¿Esa es su principal preocupación hoy?

- Pensando en sus palabras, lo "loco" de la actualidad es esta brecha entre lo que pasa en los mercados versus los debates anacrónicos que llevamos hoy en la política y en los gremios empresariales en materia económica. No hablamos los temas realmente importantes. Siempre ha sido así, pero ahora, la brecha es peligrosamente grande por el avance de las nuevas tecnologías, y la situación de la sociedad.

- ¿Cómo liga esto con su reflexión de estos dos años tras la crisis social?

- Eso es importante porque nuestra nueva Constitución no solucionará por sí solo el mega desafío de Chile: gestionar un gran proceso de transformación de nuestro capitalismo.

Ahora que Chile decidió reformar su Constitución, ¿cuál será el próximo paso?

Lo veo igual como el World Business Council for Sustainable Development -con mas de 200 CEO internacionales y 19 millones de empleados a nivel global: necesitamos reinventar el capitalismo y, especialmente, en Chile.

Bloomberg

No se trata de "derribar" un modelo, de abordar solo el aspecto tributario-redistributivo, o solo hacer algunas reformas puntuales en el área medioambiental. Se trata de construir una estrategia para hacer crecer empresas innovadores de nuevos actores, en mercados más dinámicos que en sí mismo deberían ser un motor de movilidad y sostenibilidad.

- ¿A qué atribuye el malestar que se evidenció en aquel día?

- Nuestro estallido social fue finalmente un reflejo del malestar no solo frente al Estado, sino también frente a la economía y las elites con su excesiva concentración de poder y su falta de innovación y disposición al diálogo. Sin una economía más dinámica y considerablemente más innovadora, difícilmente podemos acercar nuestro nivel de vida a las expectativas que todos tienen.

- Con la pandemia de por medio, ¿qué tanto persisten los problemas que a su juicio derivaron en el estallido?

- El problema central es que el capitalismo tal como lo conocemos hoy no distingue entre la creación y la extracción de valor. Tiende a socializar riesgos mientras privatiza las utilidades.

Más importante aún: los mercados se fueron concentrando durante décadas, lo que amenaza la competencia, que es central para el capitalismo. Tantas personas ya han advertido de ello. De hecho, mi análisis al capitalismo en Chile es casi idéntico al del World Business Council.

En Chile, se ve que en múltiples mercados dominan grupos con estructuras piramidales que carecen de regulación, igual como los grupos mismos.

La lógica del "winner takes it all" se ve reflejado también en datos del SII: en 2005, las empresas con facturación mayor a u$s 1000 millones tuvieron algo menos de un 30% de la facturación total del país. En 2019, este porcentaje aumentó a 40%, mientras que tramos de tamaño pequeño o mediano redujeron su participación.

En otras palabras: en los últimos 15 años, las empresas que más han crecido son las que venden sobre u$s 1000 millones, pero que dan solo el 3% del empleo. Las ventas totales de este tramo crecieron casi un 200% (en UF) mientras que las de los tramos que venden hasta u$s 100 millones solo crecieron entre un 60% y 80%. Aquí, el problema no es solo hacer que los pequeños y medianos "también" crezcan, sino además regular los grandes.

- Probablemente, aquello empeoró con la pandemia.

- La concentración de poder en lo económico y la falta de regulación de estos grupos no solo ahoga la innovación y complica el crecimiento de pequeños y medianos -como muestran estudios internacionales-, sino también ahoga nuestra democracia, como ya lo dijo Roosevelt. Múltiples países han impulsado modernizaciones interesantes al respecto que pueden servir de ejemplo para esas reformas. Israel, por ejemplo.

- ¿Cuál sería su propuesta?

- En Chile, a los mercados les sobra burocracia, pero les falta regulación. Nos falta ante todo concordar un importante paquete de modernización -un "proyecto" más bien-, que debería llevar un nombre para inspirar y alinear acciones. Como la "economía social de mercado" de Ludwig Erhard en la Alemania post guerra, o el "New Deal" de Franklin Roosevelt en Estados Unidos durante los años 1930.

En términos conceptuales, el "New Deal Chile" tiene tres grandes tareas: primero, el apoyo a la innovación y al crecimiento de nuevas empresas; segundo, la regulación de grupos económicos y de cualquier forma de concentración excesiva; y tercero, la transición hacia mercados sostenibles y transparentes.

En términos conceptuales, debe tener como eje central transformar el capitalismo de tal manera que premie e incentive dos conceptos base: cooperación y competencia.

Nuestra evolución humana fue posible gracias a ambos: innovación y evolución se incentivan con competencia, pero también necesitan de la cooperación.

- Una idea así enfrentará muchos detractores, partiendo por los incumbentes.

- Aparte de algunas excepciones, a la mayoría de los empresarios en Chile no les interesa ni la competencia ni la cooperación. Debe decirse que querer evitar la competencia es en general muy humano, no solo chileno. Con aun más razón, cualquier sistema económico debe tener como pilar su política procompetencia e ir en contra de las concentraciones de poder cuando son excesivos, especialmente en mercados pequeños.

Que además nos falta cooperación, y que no la premiamos quiero mostrar además con un ejemplo: hoy, empresas sostenibles se diferencian muy poco de empresas expertas en greenwashing, y así no se premia financieramente quien realmente es sostenible. Al mismo tiempo, la cooperación misma -y el interés por el bien común- se frena por la concentración económica, lo que estudios han comprobado.

También en Chile, que es una sociedad "tribal" con alta concentración económica, quien generalmente gana es quien tiene el poder ya establecido, y quien actúa apoyando a este poder, no quien coopera con objetivos amplios y el bien común. En sociedades tribales, el bien común se reemplaza por el bien tribal. Muchas empresas y empresarios ven esto, pero no pueden salir tan fácil de sus esquemas de negocio. Un ejemplo de ello son las empresas de auditoría.

- Una de las banderas que levantó en medio del estallido fue hacerse cargo de la desigualdad en el país -de ingresos y de capital-, de su raíz estructural en la economía, y de resolverla desde ese origen. ¿Cuán lejos está el país, y en especial la élite económica, de abordar ese problema?

- La desigualdad a nivel de riqueza es un problema para los países -y en especial para Chile- por la automatización del empleo precario, el aumento de valor de los activos financieros, y el traspaso de herencias que puede impulsar la pandemia.
La idea de que más personas puedan ser inversionistas en la economía sigue siendo central para el futuro, más allá de la regulación de los mercados mismos. Y sí, estamos lejos, porque ni siquiera debatimos eso. Sin debate, algún día podrá haber una reforma tipo "4 retiros", que en vez de regular bien, destruirá valor.

- ¿Qué se puede hacer en esta línea, por ejemplo, en materia tributaria?
- Relacionado con la riqueza, está claro también que es tiempo para reformar el régimen de herencias, con la concentración económica por un lado, y la excesivamente baja recaudación de impuestos a la herencia en Chile por el otro lado, que llega a ni siquiera 0,1% del PBI.

Eso sí, tan fácil tampoco es eso, porque rompería todas las reglas de justicia crear un nuevo pacto para herencias, pero dejar que los ingresos respectivos vayan a un Fisco que no ha mostrado voluntad para rendir cuentas sobre el gasto público.
Un pacto renovado e interesante sería pensar que nuevos tributos en herencia podrían ingresar a un fondo público que reinvierta en la economía, quizás además para pagar dividendos como una especia de herencia universal. Se podrá pensar que la mantención de control mayoritario entre una generación y otra podrá ser "desincentivado" con impuestos de herencia más altos, parecido a la regulación en Corea del Sur, para evitar estructuras feudales.

- El año pasado propuso que los gremios empresariales crearan una comisión de justicia económica, al estilo de UK, que estableciera metas medibles para superar esa desigualdad. ¿Tuvo eco de parte de los privados?
- Hubo varias propuestas estructurales que a los gremios no les han interesado. Revisar la concentración en los mercados y su transparencia. O avanzar de forma estratégica, medible, según estándares de la OCDE, o medir el cumplimiento en debida diligencia de derechos humanos. O implementar el Beneficial Ownership para empresas.
Aún así, lo que me parece esperanzador es lo que pasa por fuera de Sofofa y CPC, porque hay muchos empresarios que ven las cosas distintas, y que quieren nuevos estándares y una economía más innovadora.


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