Brasil se recupera pero crece la incertidumbre por el primer semestre

Aunque el gigante sudamericano creció 0,64% en diciembre, el horizonte inflacionario y la necesidad de continuar la asistencia económica dejan al país con poco margen de maniobra fiscal

A expensas de un fuerte esfuerzo fiscal, Brasil logró cerrar el año de la pandemia con una caída del 4,5% de la actividad económica (menor a la de otros países de la región) y hasta con un repunte de 0,64% en diciembre, según el IBC-BC del Banco Central de Brasil. Sin embargo, el panorama inflacionario, la necesidad de continuar con la asistencia económica, resguardando simultáneamente el déficit fiscal y la deuda, ponen al país en un escenario complicado de cara a la primera parte del año.

De hecho, recientemente la Fundación Getulio Vargas (FGV) revisó a la baja sus proyecciones del PBI para 2021 (3,5%) y estimó una contracción en el primer semestre, seguido de una recuperación en los siguientes seis meses.

Ahora, el gobierno se prepara para lanzar una nueva tanda de asistencia (Bono de Inclusión Productiva), presionado por el Congreso y la coyuntura económica. En un mensaje a los mercados, preocupados por el nivel de déficit fiscal, el gobierno negoció recortes en otras áreas y la inclusión de una cláusula de la calamidad pública en la Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) del Pacto Federativo. Eso le permitiría operar sin romper la ley de techo fiscal que condiciona el gasto público a la inflación.

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El monto, sin embargo, será menor que el de los bonos anteriores (entre 200 y 250 reales o u$s 37 y u$s 46) y apuntará a un universo más reducido, a tono con el limitado margen de maniobra fiscal que el presidente Jair Bolsonaro dejó entrever en declaraciones como "Brasil está quebrado" o "no es dinero lo que tengo en la caja, es deuda".

La semana pasada, el presidente del banco central, Roberto Campos Neto, dijo que había "muy poco o ningún espacio para más transferencias tributarias sin ningún tipo de contrapartida" y que era importante enviar un señal de que el país estaba comprometido a límite la deuda.

El gobierno de Bolsonaro desembolsó cerca del 8% del PBI el año pasado -incluyendo los cerca de u$s 60.000 millones en asistencia para 66.000.000 de personas- para contener los efectos de la crisis. Como consecuencia, Brasil terminó 2020 con un déficit fiscal de 13,7% y una deuda que supera el 90% del PBI. De hecho, los inversores están empezando a preocuparse por la sustentabilidad de la deuda, según le dijo la economista jefe del Credit Suisse en Brasil, Solange Srour, al Financial Times. Por otra parte, la campaña de vacunación ha sido más lenta de lo que se esperaba -hasta ahora el país ha vacunado solamente al 2% de la población- y los casos de coronavirus siguen en aumento.

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La ayuda asistencial por la pandemia llegó a reducir un 23% la pobreza en el país, pero tuvo a un alto precio para las arcas públicas, por eso en el último trimestre el gobierno decidió reducirla a la mitad (300 reales) hasta discontinuarla a fin de año. Pero la reducción de los 'coronavouchers' tuvo impacto en las ventas minoristas y los servicios (que representan cerca del 60% del PBI de Brasil) que cayeron 6,1% y 0,2% en diciembre, respectivamente.

La inflación, ¿transitoria?

El frente inflacionario también preocupa al país. El año pasado la inflación terminó 0,5 punto porcentual arriba de la meta del banco central y el escenario parece indicar que es menos transitoria de lo que se pensaba al principio.

El Índice General de Precios-10 (IGP-10) que elabora FGV cerró febrero en 2,97%, 1, 64 puntos porcentuales por arriba de enero y la tasa más alta desde noviembre de 2020 (3,51%).

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Los resultados del IGP-10 estuvieron condicionados por el aumento del Índice Amplio de Precios al Productor (IPA, representa el 60% de IGP y mide los precios mayoristas), que subió 3,90 en febrero, presionado por el aumento de las materias primas y de los combustibles. El Índice Nacional del Costo de la Construcción (INCC, representa el 10% de la encuesta) aumentó 0,98% en febrero, por la subas en materiales y equipamientos; servicios; y mano de obra.

En cambio, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) -que representa el 30% de la medición- bajó levemente de 0,59% a 0,35% en febrero, impulsado sobre todo por la baja de las tarifas de electricidad (-4,90%) en el costo de la vivienda.

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El economista Andrés Braz, coordinador del Índice de Precios del FVG, le dijo a Valor que a medida que se extiende la vacunación en el mundo, la economía global se está recalentando -especialmente China, la única que pudo terminar el 2020 con números positivos (2,3%) y que crecería 7,9% este 2021 según proyecciones del Banco Mundialy eso empuja los precios internacionales, principalmente el de las materias primas, por lo que se espera que los precios mayoristas continúen en alza en los próximos meses.

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De seguir esta tendencia es probable que los próximos IGPs reflejen una aceleración de los precios minoristas, especialmente si se da una transferencia de precios agrícolas al sector de alimentos (que bajó desde 1,42% a 0,71% en febrero). Braz advirtió que el IPC y los alimentos "no van a estar desacelerando por mucho más tiempo" y que "se espera que IGP-10 de febrero influya en las expectativas de inflación al alza para todo el primer trimestre", le dijo a Valor.

En línea con esto, el último Focus del Banco Central de Brasil -que se realiza en base a las estimaciones de unos 130 economistas y entidades financieras- refleja las preocupaciones inflacionarias: la estimación promedio para el IPC Amplio de 2021 se aceleró a 3,60% desde 3,50% proyectado la semana anterior. Esta cifra es la más alta desde marzo y se acerca al objetivo de fin de año del banco central del 3,75%.


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