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Rousseff culpa a la oposición de buscar "dividir al país" para adelantar las elecciones

Tras el sacudón que provocó la breve detención de Lula, los opositores buscan ahora acelerar en el Congreso el trámite de juicio político contra la mandataria

Con el país aún sacudido –a favor y en contra– por la breve detención del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva el viernes pasado, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, responsabilizó ayer a sus opositores por la crisis política que vive el país, acusándolos de no haber aceptado su derrota en las elecciones del 2014 y de querer adelantar los próximos comicios, previstos para el 2018.
En declaraciones durante la inauguración de un proyecto de viviendas de bajo costo en el estado de Río Grande do Sul, Rousseff volvió a describir como "innecesaria‘ la breve detención que sufrió el viernes su antecesor y mentor, quien fue interrogado por los investigadores del escándalo de corrupción en la petrolera estatal Petrobras. Más tarde, convocó a una reunión de emergencia de sus ministros para ver los pasos a seguir.
"La oposición no puede estar sistemáticamente dividiendo al país", dijo Rousseff. "Hay un cierto tipo de lucha política que crea problemas sistémicos, no sólo para la política sino para la economía, para la creación de empleos, el crecimiento empresarial", añadió la presidenta.
La implicación de Lula en el megaescándalo de corrupción ha profundizado la crisis política de Brasil y dio más municiones a los rivales de la mandataria, que buscan someterla a un juicio político e invalidar su reelección en el 2014.
La oposición anunció ayer que se concentrará en retomar los trámites para un posible juicio político contra la mandataria. El primer paso será pedir una mayor celeridad a la Corte Suprema en relación a las aclaraciones que debe dar sobre cómo se tramitará en el Congreso el posible juicio político contra la mandataria, dijo el jefe del grupo del partido Demócratas (DEM) en la Cámara Baja, Pauderney Avelino.
A esto se le suma el clima tenso que se respira en las calles, con brasileños a favor y en contra del gobierno protestando.
La mandataria enfrentará el próximo domingo una gran jornada de manifestaciones convocada por grupos opositores en favor del proceso de destitución, a la cual ayer manifestó su respaldo la poderosa Federación de Empresarios del Estado de San Pablo (Fiesp).
"Consideramos, por unanimidad, que este Gobierno perdió la credibilidad y la confianza y que eso está provocando el deterioro de la economía. Por eso consideramos importante participar, pacífica y respetuosamente, en la jornada del 13 de marzo", afirmó a periodistas Paulo Skaf, el presidente de la principal y más influyente patronal del país. Y agregó que él personalmente participará.
Skaf anunció el respaldo de los empresarios a las manifestaciones tras un encuentro con otros líderes gremiales y con representantes del ‘Movimiento Brasil Libre‘ y ‘Ven a la Calle‘, dos de las organizaciones no gubernamentales que han convocado las marchas en las redes sociales. Para la Fiesp, la renuncia o la destitución de Rousseff permitirá la vuelta de crecimiento y aumentará la confianza de los inversores en el país.
En lo que se vislumbra como una jornada difícil, el Partido de los Trabajadores (PT) y la Central Única de Trabajadores (CUT) también llamaron a sus seguidores a "apoyar" al gobierno en las calles.