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Los cultivos de drogas en el camino de la paz

Tras la firma del histórico acuerdo de paz con las FARC, el gobierno de Juan Manuel Santos enfrenta el doble desafío de lograr un apoyo mayoritario en el plebiscito de octubre y conseguir erradicar la producción de drogas ilegales en las áreas que controlaba esa guerrilla para evitar que su lugar sea ocupado por otros grupos rebeldes o residuos de sectores paramilitares en busca de quedarse con el negocio.
Probablemente los ecos del festejo de la paz no lleguen con la misma fuerza a esos lugares, donde los campesinos seguirán dispuestos a vender su producción al mejor pagador.
Auxilio financiero a los miles de agricultores que cultivan marihuana u hojas de coca (materia prima de la cocaína) como forma de sustento puede permitirles optar por cultivos legales, en zonas rurales desde hace décadas sumergidas en la pobreza. Planes de desarrollo y subsidios facilitarían esa reconversión.
En el proceso del referendo, al que Santos se comprometió en la hoja de ruta que dio origen a las negociaciones en Cuba, el gobierno deberá convencer qué es mejor el camino de la paz, a los colombianos que rechazan el pago de un salario a los rebeldes para su reinserción social, la amnistía o reducción de penas a cambio de información sobre las víctimas y la participación política de los guerrilleros, lo que finalmente, a largo plazo dependerá de la legitimidad de sus propios votos.