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La incertidumbre marca el inicio de la campaña presidencial en Brasil

Lula se candidatea, pero todos esperan la resolución judicial. Haddad sería el reemplazo. Bolsonaro, Gomes, Alckmin y Silva aspiran a llegar al ballottage

Brasil se apresta a iniciar el proceso electoral más atípico de su historia. El próximo 7 de octubre los brasileños elegirán presidente con una oferta que incluye: un candidato condenado y preso, otro de extrema derecha como líder en las encuestas y los partidos más tradicionales (el MBD y el PSDB) con un descrédito histórico y sus postulantes en niveles mínimos en intención de voto.

Sin dudas, el caso más complejo que deberá resolverse en los estrados judiciales es el del ex presidente Luiz Inacio Lula Da Silva. Su partido, el PT, lo confirmó este fin de semana como su único candidato, aunque el presidente del Tribunal Electoral aseguró en varias oportunidades que la ley de "ficha limpia" establece que ningún condenado en segunda instancia puede candidatearse a un cargo público. El espacio político denuncia proscripción y espera un fallo salvador desde alguna instancia judicial que habilite a su carta ganadora, ya que el ex presidente marcha primero en todos los sondeos de intención de voto.

De todas formas, el partido presentó su "plan B". El ex alcalde de San Pablo, Fernando Haddad, será presentado oficialmente como candidato a vicepresidente y tomará el primer lugar en la fórmula si la justicia finalmente clausura los caminos de Lula. Sus posibilidades están atadas a la forma en que el PT pueda capitalizar los votos que votarían por el líder encarcelado.

La comunista Manuela Davila fue presentada en público como la candidata a vicepresidenta de cualquiera de los dos, pero su inscripción esperará los tiempos de la justicia.

El gran contrincante del PT -todo indica- será el Partido Social Liberal (PSL), que lleva como candidato al militar retirado Jair Bolsonaro. La formación de ultraderecha anunció que el segundo de la fórmula es otro militar, el polémico general Antonio Hamilton Mourao, quien en varias oportunidades se pronunció por la "solución militar" a la crisis política brasileña.

Bolsonaro lidera los sondeos con un piso del 20%, aunque se cree que tiene un techo electoral muy bajo, ya que difícilmente gane en un ballottage.

Quien aspira a convertirse en la gran sorpresa, es el economista y ex ministro de Lula, Ciro Gomes. Será el candidato por el Partido Democrático Trabalhista, una formación de izquierda que presentó a la senadora Kátia Abreu como aspirante a vicepresidenta.

Abreu, es una mujer ligada al agronegocio que integró el gobierno de Dilma Rousseff y se convirtió en una de sus más fervorosas defensoras durante el proceso de impeachment.

El ex gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, será el postulante el tradicional partido de centroderecha, Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y el ex banquero Henrique Meirelles y ministro de economía hasta hace poco, será la carta del Movimiento Democrático Brasileño (MDB), el partido del presidente Temer. En ambos casos, afrontan los comicios con pocas chances de victoria. Aunque apuestan a una campaña rica en recursos y exposición pública para remontar y llegar con chances a octubre. Meirelles tiene una magra intención de voto del 2% y Alckmin llega al 7%, según la mayoría de las encuestas.

Quien repite por tercera vez candidatura y espera recolectar votos de muchos desencantados con la política de su país a causa del gran escándalo de corrupción llamado Lava Jato, es la ambientalista Marina Silva, candidata por la formación Rede Sustentabilidade. Fue ministra de Ambiente con Lula, pero se tornó luego de salir del gobierno en una de las principales espadas de la oposición.

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