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La economía que quiere Trump

En las últimas semanas, urgido por las encuestas que muestran su candidatura hundiéndose sin remedio, el republicano Donald Trump ha tomado una serie de medidas para relanzar su imagen. A nuestro juicio, esta caída en su intención de voto se debe no sólo a sus posiciones extremas en términos sociales (racismo y actitudes xenófobas hacia las minorías), sino también a sus posturas en el plano económico. Más allá que en los últimos días rectificó algunas de sus posturas más estrafalarias, poco o nada ha hecho para salir del pantano en que se ha sumergido con sus ideas económicas populistas y proteccionistas.
A lo largo de su campaña, Donald Trump ha presentado un programa económico que es bastante diferente del que pusieron en marcha el resto de sus antecesores en la Casa Blanca, habiendo abismos en muchos aspectos. Al escuchar sus ideas uno se pregunta seriamente si las mismas van a ayudar a sus compatriotas a ser más ricos o, simplemente, los va a hacer más pobres. ¿Cuáles son las principales propuestas de su plan económico?
En primer lugar, si hay algo que no parece gustarle a Trump es el libre comercio. No sólo quiere obligar a muchas empresas estadounidenses que producen en el exterior a que lo hagan en su país (sin tener en cuenta que posiblemente no haya capacidad ni trabajadores para lograrlo), sino que también tiene intenciones de imponer altos aranceles sobre las mercancías extranjeras, así como negociar mejores acuerdos comerciales. Pero parece que Trump no considera que sus ideas supondrían encarecer los productos que sus compatriotas consumen, ni que gravar en forma desproporcionada y arbitraria muchas importaciones equivaldría muy posiblemente a declarar una guerra comercial que perjudicaría tanto a los empleos como a las exportaciones estadounidenses.
Otra de las ideas estrella del candidato republicano es la de deportar aproximadamente a once millones de inmigrantes ilegales. Más allá de la complicación operativa de localizar y deportar a todas esas personas, Trump parece olvidar que muchos de los negocios de su país (incluido el suyo) dependen de estos inmigrantes. Y que un importante número de industrias que están supeditadas a la mano de obra barata que aportan estas personas se verían seriamente afectadas.
Por último, Trump propone una reforma que reduzca significativamente los impuestos y que simplifique la normativa tributaria de su país. Y esta bajada de impuestos no será insustancial. Por un lado, la misma significaría el hecho que al menos 75 millones de hogares no pagarían impuestos y que ninguna empresa desembolsaría más del 15% de sus ingresos en concepto de gravámenes. Se estima que este plan impositivo podría costar a su país unos u$s 10 billones en la próxima década, lo que amenazaría seriamente la estabilidad fiscal del país. El déficit, en pocos meses, podría llevar a la economía a una severa recesión y el daño se sentirá más allá de los Estados Unidos.
La falta de solidaridad, el aislacionismo y la arrogancia en política exterior son los principios de los que presume el candidato republicano. Trump es demasiado peligroso para ser presidente. No tiene ni el temperamento, ni la experiencia ni el juicio para ocupar ese cargo. Sus políticas económicas conducirían, sin dudas, a una recesión y su política exterior haría que los Estados Unidos y el mundo fueran lugares menos seguros. Puede que las medidas económicas de Trump sean fáciles de entender e incluso parecer razonables, pero claramente empobrecerán a largo plazo a su país o como mínimo, causarán graves problemas a su economía.