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La debilidad política derrumbó al gobierno que pasó y jaquea al que llega

Dilma Rousseff retiró anoche sus pertenencias de la sede de Gobierno asumiendo su derrota

Dilma Rousseff retiró anoche sus pertenencias de la sede de Gobierno asumiendo su derrota

Michel Temer llega a la presidencia de Brasil porque las investigaciones judiciales por corrupción y la crisis económica ahogaron al gobierno de Dilma Rousseff.

La apertura del impeachment que ayer aprobó el Senado fue la excusa con discutido apego a la Constitución para desplazar a una presidenta aislada y debilitada que no consiguió liderar las negociaciones políticas para sostener su coalición con el PMDB ni profundizar las medidas de ajuste, a pesar de sus intentos, por el rechazo que cosecharon en su propia base electoral.

Dilma pagó caro por haber tapado déficits presupuestarios con préstamos de bancos estatales sin autorización del Congreso para presentar un panorama más benévolo sobre las cuentas públicas durante su campaña electoral en 2014 y negar un escenario que se adelantaba crítico y que explotó en los primeros meses de su segundo mandato.

El experimentado político que lidera el PMDB tendrá los mismos desafíos pero en su caso la debilidad que le otorga no haber llegado al poder por los votos podrá convertirse en fuerza para llevar adelante el duro ajuste que ya anunció, que le exigirá el respaldo de un Congreso que lo colocó en el Palacio do Planalto.

En su horizonte están la reforma previsional y un programa de concesiones para infraestructura que entusiasma al sector privado.

Pero su administración no está exenta de riesgos. Las investigaciones por corrupción que empujaron a Dilma al abismo por el compromiso de políticos oficialistas con el esquema de sobornos en Petrobras cercan también a Temer, que como Rousseff no es objeto de investigación, pero está rodeado de caciques del PMDB y aliados que pueden entrar en el imprevisible huracán que comanda el juez federal Sergio Moro.

Otro desafío del político acostumbrado a moverse entre bambalinas será disciplinar las demandas de su tropa, acostumbrada a recibir cargos o beneficios a cambio de apoyo, una estrategia que deberá reacomodar para ajustarla a los recortes que prevé en la estructura ministerial. Pero también para exhibir el compromiso con la responsabilidad fiscal que le exigen los agentes económicos.

La apuesta más fuerte para Brasil, una reforma política y cambios en el financiamiento de los partidos, probablemente quede de lado. Temer tendrá seis meses para mostrar resultados antes de que el Senado vote la destitución de Rousseff, que promete no renunciar y apuesta a su defensa en el juicio político con el respaldo en las calles de los movimientos sociales y el PT.