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España cumple 100 días sin gobierno y sigue en estado crónico de campaña electoral

Aunque aún resta un mes para poder cerrar un acuerdo, todo indica que el país se encamina a nuevas elecciones el 26 de junio que volverían a arrojar un Parlamento fraccionado

España vive en estado permanente de campaña electoral. Las dos sesiones fallidas de investidura de principios de marzo fueron sólo dos actos electorales más. En Argentina la próxima campaña presidencial comienza el día después del cambio de mando, pero eso no se estila en España, que se enfrenta a una inestabilidad política inédita desde el retorno de la democracia.
Las causas de esta inestabilidad son globales y, salvando las distancias, no difieren mucho de algunos motivos que llevaron a la victoria de Cambiemos en Argentina, aunque algunos dirigentes nostálgicos aún no se hayan dado cuenta: las nuevas generaciones entienden cada vez menos de siglas, y buscan beneficios.
El problema español es hoy un puzzle de improbable encaje donde no sólo se evidencia un choque generacional, sino que ha quedado al descubierto el enfrentamiento entre establishment y regeneración. Nada diferente a lo vivido en Grecia o a lo que representa, por ejemplo, el senador Bernie Sanders en EE.UU. Aunque con un añadido: la tensión de Cataluña por independizarse que, de no haber existido, probablemente hubiera favorecido un pacto de gobierno entre el socialista PSOE y el izquierdista Podemos. O quizás no, porque ese es precisamente el acuerdo que el establishment trata de evitar a favor de una gran coalición de ‘orden’ que conformaría el derechista Partido Popular (PP), el PSOE y el centroderechista Ciudadanos.
El líder socialista, Pedro Sánchez, apostó por un acuerdo de aritmética parlamentaria imposible con Ciudadanos, sabiendo que su candidatura a la presidencia del gobierno estaba condenada al fracaso. Desde la tribuna del Congreso de los Diputados, Sánchez tendió la mano a su principal rival en el centroizquierda, Pablo Iglesias, líder de Podemos, que respondió recordando el terrorismo de Estado practicado desde el gobierno del PSOE en la época de Felipe González.
De esta manera, Sánchez dejó en evidencia a Iglesias, responsabilizándolo de que Mariano Rajoy siga en el cargo, mientras que el podemita usó como excusa a la vieja guardia del PSOE, opuesta al pacto con Podemos junto con la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, aspirante a relevar a Sánchez cuando fracase.
Además está la línea roja catalana. Podemos es el único partido de ámbito nacional que defiende un referéndum de autodeterminación en Cataluña, cuyo gobierno independentista tiene 17 diputados en Madrid. El plebiscito, deseado por la mayoría de la sociedad catalana aunque sea para votar no, es inadmisible para PP, PSOE y Ciudadanos, formación que nació en Cataluña para oponerse a la independencia y que luego dio el salto a toda España con un programa regenerador de centroderecha.
Por otra parte, una hipotética coalición PSOE-Podemos necesitaría contar con la suma o abstención de los grupos minoritarios de izquierda y de los nacionalistas catalanes, que también piden como contrapartida el referéndum.
Por el flanco derecho, Ciudadanos aspira a comer terreno al PP. La suma de ambos tampoco da para formar gobierno pero Rivera juega a reforzar su perfil centrista tratando de que el PP se incorpore al pacto. Hipótesis deseada por los mercados pero tan inviable como la del acuerdo a tres con Podemos, o la gran coalición de izquierdas incluyendo a los nacionalistas catalanes. Un gobierno PP-PSOE, con o sin Ciudadanos, hundiría a los socialistas. Además, requeriría de la retirada de un Rajoy marcado por la corrupción o la sublevación de los diputados populares para echar al presidente, como pidió Rivera desde la tribuna.
Así las cosas, España se encamina a nuevas elecciones el 26 de junio, aunque aún hay un mes para cerrar un acuerdo de gobierno. La campaña sigue viva. Los españoles decidieron el 20 de diciembre acabar con el bipartidismo y eligieron un parlamento más plural y fraccionado. No parece que otras elecciones reviertan la situación, por lo que los políticos están condenados a dialogar y buscar un pacto de legislatura ahora o tras el 26 de junio. Además, el futuro presidente deberá descomprimir la cuestión catalana, negociando.
De todas formas, el debate de fondo seguirá siendo global. Entre dos modelos. La crisis económica de 2008 se llevó por delante parte del estado del bienestar gracias a las políticas de austeridad impuestas desde Berlín para satisfacción de los sectores liberales. La revuelta de los indignados, la mayoría jóvenes sin expectativas, ha cristalizado en Iglesias y Podemos, que luchan contra el establishment. La oleada de casos de corrupción que salpican sobre todo al PP contribuye al descrédito de la ‘casta’ política y auspicia una derecha nueva como Ciudadanos.
Quien quiera presidir España y durar en el cargo sólo puede ser renovador y ofrecer más estado del bienestar.
* Corresponsal de
"La Vanguardia" en Bs. As.