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El establishment pone sus fichas en Hillary para frenar al huracán Trump

Mañana se definirán el 20% de los delegados partidarios y esperan que se consoliden los principales candidatos que se enfrentarán en las presidenciales de noviembre en EE.UU.

Trump cita a Mussolini y sigue con sus provocaciones

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La arrolladora victoria de la aspirante presidencial demócrata y ex primera dama Hillary Clinton en las primarias de Carolina del Sur comenzó a definir el tablero de la disputa por la Casa Blanca en la víspera del "supermartes", donde se vota en una docena de estados, y dio una bocanada de aire al establishment estadounidense receloso del crecimiento del senador socialista Bernie Sanders y del ascenso de Donald Trump en el bando republicano.
Rhodam Clinton se impuso por más de 47 puntos a su rival Sanders, el preferido de independientes y jóvenes en las primarias demócratas, y lo hizo con el respaldo del electorado negro. Recibió el 86% del voto de la comunidad afroamericana que participó de esa interna en Carolina del Sur, superando el aval que había tenido el presidente Barack Obama allí en 2008 cuando compitió con Hillary.
El voto de los ciudadanos negros tendrá peso en varios de los estados sureños donde se votará el martes, como Alabama, Georgia y Arkansas.
El último triunfo le dio un impulso a la candidatura de la ex secretaria de Estado tras haber casi empatado en Iowa, caer derrotada por 22 puntos en New Hampshire y ganar por 5,5 en Nevada gracias al apoyo de los latinos, un segmento que podrá favorecerla en las internas de Colorado y Texas, otros estados con presencia latina donde se vota mañana.
La interna del martes será crucial porque definirá casi un 20% de los delegados que participarán en la convención demócrata de Filadelfia en julio para ungir al candidato a reemplazar a Obama. Hasta ahora Hillary ganó 505, contra los 71 del senador de 74 años, que buscó minimizar la brutal derrota con mítines en Texas y Minnesota, en los que acusó a su contendiente de ser la preferida de los billonarios de Wall Street y las corporaciones, a los que se propone combatir si alcanza la presidencia.
Las próximas postas electorales mostrarán si la demócrata de 68 años consiguió minimizar en los votantes el efecto de las dudas que sembraron los republicanos con denuncias sobre su comportamiento como secretaria de Estado cuando utilizó mails personales para tratar asuntos de gobierno. Y la desconfianza que le tienen sectores de la población, que la consideran fría y calculadora.
Pero la mejor performance de la esposa del ex presidente Bill Clinton podrá ser el antídoto que busca el establishment de la primera economía mundial para frenar al huracán Trump que camina veloz a convertirse en el candidato republicano. Los analistas confían que Hillary derrotaría al multimillonario magnate de 69 años en las generales de noviembre, y dudan sobre lo que ocurriría de competir con Sanders.
Trump, el favorito para el "supermartes" de acuerdo a las encuestas, recibió el respaldo de dos gobernadores, Chris Christie de Nueva Jersey y Paul LePage de Maine, y de la ex gobernadora de Arizona Jan Brewer, lo que muestra que los republicanos buscan alinearse ante lo inevitable: su probable nominación como candidato republicano.
Tras ganar en tres de los cuatro estados donde hubo internas republicanas, Trump elevó en los últimos días el tono de la disputa con el senador por Florida Marcos Rubio, de 44 años, una opción más amigable en las filas conservadoras en Washington, que por ahora no despuntó en la batalla. De lejos también corre Ted Cruz, senador por Texas, el preferido del Tea Party, que se impuso en Iowa con el apoyo del voto evangélico.
"Van a tener un gran problema conmigo" dijo ayer en tono provocador Trump a la CNN frente al aumento de los ataques en su partido. Y se jactó de contar con el apoyo de "los encolerizados por la forma en que este país es dirigido" y "la manera en qué es dirigido el partido republicano".
Fiel a su estilo, siguió sembrando polémicas en las últimas horas al retuitear una cita del líder fascista italiano Benito Mussolini y negarse a tomar distancia de David Duke, un dirigente de extrema derecha y ex jefe del grupo racista Ku Klux Klan, que dio su apoyo al magnate neoyorkino.