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El entorno de Trump abre interrogantes sobre el vínculo de EE.UU. con Cuba

El jefe de Gabinete designado pidió "un mejor acuerdo" con La Habana y una asesora del republicano condicionó el avance del deshielo a que haya más libertades

El futuro de las relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana quedó bajo un manto de dudas tras las declaraciones de figuras del equipo del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, y encumbrados republicanos, que pidieron ayer más concesiones al gobierno de la isla caribeña a cambio de mantener el camino de la apertura.
La muerte del líder cubano Fidel Castro la noche del viernes llevó la agenda del vínculo bilateral al primer plano, con manifestaciones que abrieron interrogantes acerca de la política que adoptará el magnate hacia el país caribeño y si dará marcha atrás con los avances en materia diplomática y comercial de los últimos dos años.
"No vamos a tener un acuerdo unilateral procedente de Cuba sin algunos cambios en su Gobierno. Para alcanzar un acuerdo de cualquier tipo, el presidente electo Trump va a esperar algunos movimientos en la dirección correcta", dijo el futuro jefe de Gabinete, Reince Priebus, a la cadena de TV Fox, y aseguró que de no haberlos, "definitivamente dará marcha atrás" al acercamiento de los últimos dos años.
Aunque durante las primarias republicanas, Trump respaldó la política de deshielo lanzada por el presidente saliente de EE.UU., Barack Obama, sobre el final de la campaña endureció sus posiciones y prometió en Florida, donde residen muchos cubanos anticastristas, revertirla si La Habana no promovía una mejora en el terreno de las libertades y los derechos humanos. El estado sureño fue uno de los cruciales para su victoria ante la demócrata Hillary Clinton.
El sábado el mandatario electo calificó como "brutal dictador" al líder cubano y prometió que su gobierno hará "todo lo posible para asegurar que el pueblo cubano pueda iniciar finalmente su camino hacia la prosperidad y libertad".
Desde diciembre de 2014, cuando Obama y su colega cubano, Raúl Castro, anunciaron el inicio del deshielo, ambos gobiernos restablecieron las relaciones diplomáticas, abrieron embajadas en las respectivas capitales y reanudaron vuelos comerciales directos entre ambos países, entre otros progresos. Aunque Obama no consiguió el respaldo del Congreso para el levantamiento del embargo impuesto a la isla hace más de medio siglo, introdujo algunas flexibilizaciones mediante decretos presidenciales, que Trump podría cancelar de un plumazo. Con los republicanos en control de las dos cámaras del Congreso, las posibilidades de que desarme el enmarañado legal del embargo se tornan más remotas.
"Su crítica a lo que ha ocurrido en los últimos dos años es simple, es que no conseguimos nada a cambio" del restablecimiento de las relaciones", dijo Kellywanne Conway, una de las asesores más cercanas de Trump y su ex jefa de campaña. "No tuvimos ninguna garantía de que los cubanos que aún viven en la isla tendrán de hecho libertad religiosa, política y económica", agregó.
Dos senadores republicanos y ex candidatos presidenciales que apoyan a Trump, Marco Rubio y Ted Cruz (ambos hijos de cubanos), se manifestaron a favor de que la Casa Blanca pise el freno en la relación con Cuba. Expertos señalaron que Trump podría tener un especial interés en cambiar las políticas de migración hacia la isla, que otorga a los cubanos el privilegio de lograr la residencia permanente un año después de llegar al país aunque lo hagan ilegalmente.