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El Senado brasileño a un paso de poner fin a la presidencia de Dilma

En un clima de catarsis, la defensa y la acusación hicieron sus alegatos finales. El desplazamiento de Rousseff convertirá a Temer en presidente hasta el 2018

En medio de una catarsis general, que incluyó lágrimas de la acusación y la defensa, discursos encendidos y referencias a Dios, tuvo lugar ayer en el Senado brasileño el debate final del histórico juicio político contra la presidenta suspendida Dilma Rousseff, cuya destitución se votará hoy, un descenlace previsto por la totalidad de los sondeos previos.

La dirigente de izquierda abandonará definitivamente el cargo para el que fue elegida en 2014 si al menos 54 de los 81 senadores votan a favor del impeachment, lo que cerrará de forma abrupta el cuarto período consecutivo en el poder del Partido de los Trabajadores (PT), la formación que implementó exitosos programas sociales que sacaron de la pobreza a millones de brasileños, pero se vio envuelta en contundentes denuncias judiciales por el esquema de corrupción enquistado en Petrobras, lo que minó su credibilidad, en medio de una recesión económica inédita en casi un siglo.
Los diarios Estadao y Folha de S.Paulo reportaban a última hora ayer que estaban los votos para destituir a Dilma, en función de las consultas a los legisladores.

"El fraude está comprobado", dijo en el recinto la abogada Janaina Paschoal, representante de la parte acusadora, sobre los delitos de haber manipulado las cuentas públicas para esconder el déficit fiscal que dieron vida al impeachment contra Rousseff. "Fue Dios quien hizo que, en el mismo momento, varias personas percibieran lo que sucedía en el país", afirmó la letrada, que contó, con lágrimas en los ojos, haber sufrido por tener que presentar los cargos contra una mujer, y le pidió disculpas a Dilma por eso. Más enfático, el jurista Miguel Reale Júnior, coautor con Paschoal del pedido de juicio político, afirmó a los gritos que Dilma fue responsable de los delitos por los que se la acusa, pero advirtió que "la gravísima situación económica justifica la condena" y señaló que el país "no aguanta más el lulopetismo", palabra que utilizó para referirse a los desvíos que atribuye al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva y al PT.

El defensor de Dilma, José Eduardo Cardozo, retomó el eje del discurso que dio ayer la mandataria denunciando su probable destitución como un golpe de Estado. Afirmó, entre lágrimas, que Dilma "es víctima de una elite política y económica" y que los cargos en su contra son "pretextos" para desalojarla del poder. Las acusaciones "son tan técnicas, tan sofisticadas y tan confusas, que la enorme mayoría de los brasileños no entienden de qué la acusan", señaló Cardozo, que apuntó contra quienes perdieron las elecciones de 2014 como parte de la conspiración. "Pido a Dios que si ella fuera condenada, un día un ministro de Justicia le pida disculpas", concluyó.