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Dilma dijo en el Senado que Brasil está "a un paso de un golpe de Estado"

Acusó a la oposición conservadora de urdir un plan para usurpar el poder y dar marcha atrás con las conquistas sociales del PT. Advirtió que recurrirá a la Corte

En su alegato de defensa ante el Senado de Brasil, la presidenta suspendida Dilma Rousseff, acusó a los impulsores de su destitución de inventar los cargos en su contra para dar sustento al juicio político con el objetivo de usurpar el poder y así, retrotraer los avances sociales de los últimos trece años en los que gobernó el Partido de los Trabajadores (PT).
Ese fue el eje de su discurso, que de pie y con tono firme leyó durante 45 minutos, y en el que reiteró su inocencia, brindó explicaciones técnicas para refutar las acusaciones de que "maquilló" las cuentas fiscales y adulteró el presupuesto, y se colocó como víctima de "una conspiración" que -dijo- empezaron a diseñar las fuerzas conservadoras tras su victoria electoral. Advirtió que en caso de ser destituida, presentará un recurso ante el Supremo Tribunal Federal, la Corte de Brasil, y reiteró que si eso ocurre, debería convocarse a nuevas elecciones para devolverle al país "un gobierno legítimo" porque su probable desalojo del poder significaría "una elección indirecta" del presidente interino Michel Temer por parte de los 81 senadores.
"Estamos a un paso de la consumación de una grave ruptura institucional, de concretar un verdadero golpe de Estado", lo cual, aseguró sentará un grave precedente para la vida institucional del país y profundizará la inestabilidad política.
Dilma tildó las acusaciones de "pretextos" para imponer políticas que "atentarán contra los derechos sociales" que los brasileños conquistaron desde 2003, en su último mensaje antes del voto que definirá su suerte. "El objetivo es congelar por 20 años los gastos en salud, saneamiento y acceso de los jóvenes a las escuelas", aseguró sobre el plan de Temer de colocar un techo al gasto público.
"No lucho por mi mandato, vanidad o apego al poder. Lucho por la democracia, la verdad y la justicia", afirmó Rousseff, que llegó a esta instancia con la popularidad por el suelo y el respaldo menguado dentro de su propio partido, a dos meses de una contienda electoral municipal. De hecho, la concentración ayer fuera del Parlamento en apoyo a la ex guerrillera y líder de izquierda no superaba el centenar de personas.
Gran parte del debate giró en torno a los tres decretos de crédito suplementario para cubrir gastos que firmó Dilma, tomados como uno de los argumento para sostener el crimen de responsabilidad que se le atribuye, una exigencia de la Constitución para el impeachment. Dilma insistió en que siguieron las normas legales y no afectaron la meta fiscal, y sus opositores reiteraron que el proceder quedó al margen de la ley. El otro argumento fue la postergación de pagos a la banca pública para financiar subvenciones sociales, lo que obligó a esas entidades a adelantar los recursos. Se la acusó de obtener préstamos sin autorización del Congreso.
La mandataria apartada a media
dos de mayo, atribuyó el juicio político a "un chantaje explícito" del ex presidente de la Cámara de Diputados, su enemigo político Eduardo Cunha, cuyo aval permitió la apertura del proceso. Explicó que el diputado, suspendido del cargo y a quien la Corte investiga por los delitos de lavado de dinero y corrupción, intentó negociar el freno al impeachment a cambio del voto contrario de legisladores del PT en una comisión de Ética creada para investigarlo. "Eliminar mi mandato es condenarme a la muerte política", graficó. La aprobación del impeachment le quitará a Dilma los derechos políticos por ocho años.
Antes de comenzar a responder las preguntas de los senadores, lo que continuaba al cierre de esta edición, evocó su experiencia en la cárcel durante la lucha contra la dictadura en los años setenta, las torturas sufridas y el juicio al que fue sometida por un tribunal militar. "Es la segunda vez que soy enjuiciada, Hoy, cuatro décadas después, no hay prisión ilegal, no hay tortura, mis jueces llegaron por el voto popular", les dijo a los legisladores.
Desde una tribuna en la cámara Alta, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, acompañó la sesión junto al popular artista Chico Buarque. Lula llegó al recinto junto a Dilma y a gran parte del gabinete con el que gobernó hasta mayo. Una vez concluido el debate, comenzará la votación que se prevé concluya el miércoles. Los aliados de Temer aseguraban ayer contar con 60 votos para garantizar la destitución de Rousseff, más de los 54 que exige el proceso constitucional.