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Con el triunfo de Rutte, Holanda se aleja del fantasma de la eurofobia

El actual premier ganó 31 asientos en el Parlamento, pero necesitará negociar con Verdes y liberales. El líder de extrema derecha Wilders logró 19 bancas

El premier Mark Rutte deberá negociar para sostenerse en el cargo

El premier Mark Rutte deberá negociar para sostenerse en el cargo

En el primer test del populismo en Europa, su representante en Holanda, Geert Wilders (PVV), obtuvo menos de lo esperado (19 asientos) en las elecciones parlamentarias que se celebraron ayer. Salió derrotado frente a su rival inmediato, el primer ministro, Mark Rutte (VVD), quien revalidó su victoria con el logro de 31 escaños en el Parlamento, más de lo que preveían las encuestas.

En tanto, los socialdemócratas (PvdA) obtuvieron el peor resultado de su historia, con sólo 9 puestos frente a los 38 de 2012. Por el contrario, los liberales de izquierda (D66) y los verdes (Groenlinks) lograron su mejor resultado hasta ahora, con 19 y 16 asientos, respectivamente.

Hoy VVD comenzará las negociaciones para armar un gobierno de al menos 75 asientos en el parlamento, lo que requerirá cuatro partidos y puede demorar seis meses.

Estas elecciones estaban en la mira del mundo debido al avance del populismo en Europa, sobre todo después del Brexit y la victoria de Donald Trump en EE.UU. Ahora siguen las elecciones en Francia y Alemania.

Un país pequeño como Holanda vive del comercio y las inversiones internacionales. Que ganara el candidato que proponía salir de la Unión Europea con una retórica antimusulmana hubiera significado dar el mensaje contrario a la globalización al que adhieren como país.

Más holandeses (73% frente al 65% en 2012) de los 12,9 millones aptos para votar, sobre todos los jóvenes, aprovecharon el día soleado y fresco de primavera para dar ese mensaje acercándose a los 10 mil puntos de votación.

Las opciones eran variadas: una lista “sábana” de 28 partidos (se crean pagando 12 mil euros y juntando 600 firmas).

Holanda es un país muy pragmático. Ayer fue un día laboral, aunque muchos holandeses trabajaron desde sus casas porque los miércoles son días de media jornada en los colegios.

En tanto, los puestos de votación pueden estar en una estación de tren para votar camino al trabajo, e en una iglesia.

La iglesia protestante Westerkerk, por ejemplo, abrió sus puertas corredizas de vidrio para recibir a los votantes. A paso rápido por el pasillo central, las personas alcanzaban los puestos de votación que estaban organizados en el altar. Llevaban en la mano una invitación a votar con su nombre que les había llegado por correo un mes antes.

Una línea de seis cubículos grises estaba ubicaba bajo la gran araña de la nave central. En cada puesto, una tabla, ajustable a una silla de ruedas, permitía apoyar el afiche para marcar al candidato. El voto electrónico no se usa desde 2007 y en esta elección también hubo miedo a las incursiones de Rusia.

A cada lado del altar, tres voluntarios, a modo de fiscales de mesa no remunerados, se sentaban detrás de una mesa rectangular. Los inmigrantes musulmanes de Amsterdam también estaban presentes con un cartel ofreciendo asistencia a los discapacitados en holandés, inglés, turco y árabe.

Cada persona puede votar en su ciudad de residencia. Si debe viajar, puede pedirle a un conocido votar en su nombre, con copia de su identificación.

El resultado ya se conocía con precisión a las 21 horas gracias a las encuestas anónimas. Con este resultado, Wilders no tiene chances de ser parte del gobierno. En cambio, Rutte, que se vio fortalecido esta semana por el conflicto con Turquía, ahora podría renovar su mandato.

Con todo, la campaña mostró que el miedo a la inmigración y a perder los beneficios sociales es un problema que también aqueja a la sociedad holandesa.