

Hay algo paradójico en la carrera de Juan Martín Sotuyo: durante años estuvo convencido de que no quería ser manager; lo suyo era programar. Le gustaba pensar productos, resolver problemas y escribir código. “Yo siempre decía que quería seguir siendo un tipo hands-on”, recuerda hoy con una sonrisa.
Pero las vueltas de la vida profesional terminaron llevándolo hacia otro lado. Hoy, con 39 años, es el CTO de PedidosYa para toda Latinoamérica y conduce un equipo de casi 500 personas que debe atender las necesidades y negocios en 15 mercados diferentes. Y, aunque reconoce que sigue siendo “bastante técnico”, aprendió que los problemas más complejos de tecnología rara vez se solucionan solamente con tecnología.
Su vocación apareció temprano. Sotuyo cursó un bachillerato tradicional, pero ya a los 13 años empezó a preguntarse qué había detrás de aquella computadora que usaba para jugar. Su padre, docente de la Ingeniería de la UBA, se tomó en serio la inquietud de este preadolescente y le trajo un libro universitario de programación en C.
Juan no dudó y empezó a aprender por su cuenta. Leyó, probó, se equivocó y volvió a probar. Para los últimos años del secundario ya tenía bastante claro hacia dónde quería ir. “Quería terminar el colegio y empezar la facultad para estudiar programación”, recuerda.
Eligió Ingeniería Informática en el ITBA y, como tantos, comenzó a buscar trabajo cuando estaba en segundo año. Su primer empleo fue bastante menos solemne de lo que podría sugerir su actual cargo: una pequeña empresa ubicada enfrente de su casa desarrollaba juegos en Flash. Claro, no sabía programar en Flash. Pero igual entró y aprendió.
Durante los años siguientes, rotó por varias compañías pequeñas y startups, pero siempre sintiéndole el gustito a estar cerca del desarrollo de productos. Su primer gran salto llegó al recibirse. En lugar de buscar algo estable, renunció y -junto con dos socios- creó una software factory y tomaron una decisión aventurada, pero que resultaría una gran opción: especializarse en aplicaciones móviles.

Era 2010 y ese mercado recién nacía. Claro, la apuesta funcionó. La compañía creció hasta desarrollar uno de los mayores equipos especializados en mobile y trabajó para grandes empresas de la región, con clientes como Mercado Libre. La relación terminó de manera conocida: en 2016 MELI compró su compañía y lo sumó a su staff de IT.
Para Juan eso significaba pasar a una organización de otra escala. Durante la transición dudó entre quedarse o volver a emprender. Y como Mercado Libre le permitió elegir dónde continuar, optó por enfocarse en una idea que recién nacía: Mercado Pago. “Yo veía que el mundo de pagos estaba para recibir una disrupción y pensé que era interesante”, reflexiona hoy. No se equivocó. Su primer desafío fue construir un ecosistema de pagos independiente de los bancarios tradicionales. Mirando otros mercados, optaron por desarrollar los pagos con código QR, algo hoy generalizado.
Esa oportunidad fue como hacer una empresa desde cero, pero dentro de una corporación: reunirse con grandes compañías para convencerlas de adoptar la solución, discutir integraciones con Producto y después sentarse a ver detalles con Desarrollo. “Incluso”, cuenta, “todavía encontraba tiempo para codear”. El proyecto escaló rápido, sus responsabilidades crecieron y terminó liderando la billetera digital Mercado Pago. En un lustro pasó de estar prácticamente solo frente a una mesa a conducir unos 300 ingenieros distribuidos entre Argentina, Brasil y Colombia.
A fines de 2021 sintió que había cumplido una etapa. Y su siguiente movida fue inesperada: se incorporó a Salesforce. “Yo ya había modelado productos B2C y vendido servicios B2B, pero nunca había vivido desde adentro el negocio de una gran compañía de productos B2B. Y quería experiencia”. Sin embargo, fue un trabajo que duró poco más de un año y se fue con una conclusión: descubrió que en los mercados corporativos el éxito de un producto no depende únicamente de su calidad técnica: pesa mucho el procurement, las relaciones comerciales, la cantidad de proveedores que una empresa quiere administrar y otros factores no tan “tech”. Y hoy recuerda que -para alguien acostumbrado a construir productos de consumo masivo-, sentir que tenía menos influencia sobre el resultado terminó siendo frustrante.
Por eso, cuando a comienzos de 2023 le ofrecieron sumarse a PedidosYa, no necesitó demasiado para decidirse a volver al B2C, al mobile y a una cultura donde las decisiones podían tomarse cerca del negocio. Hoy su área suma casi 500 personas y abarca mucho más que el desarrollo de una aplicación para pedir comida. La empresa opera en 15 mercados e incluye supermercados online, servicios financieros y muchas verticales de producto.
El profesor que aprende
En su carrera hay una actividad que Sotuyo nunca abandonó. Desde que se recibió, se convirtió en profesor universitario. Lleva 15 años como docente del ITBA. “Lo hago por hobby”, asegura. Pero esa actividad terminó convirtiéndose también en una herramienta de management. Desde sus primeros años percibió una distancia entre lo que enseñaba el mundo académico y la manera en que funcionaba la industria. Por eso al aula lleva casos reales, situaciones concretas, arquitecturas y problemas que obliguen a los estudiantes a decidir qué harían frente a escenarios similares a los que encontrarán en el trabajo real.
Los alumnos que pasan por sus clases ya son, en buena medida, una generación formada con inteligencia artificial y agentes de software como parte natural de sus herramientas. “Piensan distinto”, señala. Ese intercambio, asegura, “me obliga también a revisar cómo se forman los equipos, qué conocimientos siguen siendo fundamentales y cómo incorporar nuevas herramientas dentro de una organización”.
La docencia, además, reforzó otra de sus convicciones: apostar temprano por el talento. A lo largo de su carrera, privilegió incorporar perfiles junior con alto potencial, motivación y compromiso para después desarrollarlos dentro de la compañía. Y el aula funciona como una ventana privilegiada para observar cómo está cambiando esa nueva generación de profesionales.
“En informática, toda nuestra carrera está orientada a aprender tech. El resultado es que los temas tecnológicos terminan siendo lo más fácil”, reflexiona. “Lo verdaderamente complejo es negociar prioridades, decidir cuánto invertir en innovación y cuánto en mantener lo que hay, administrar riesgos, comunicarse con otras áreas y, especialmente, motivar”.




