Jueves  13 de Mayo de 2010

Voilà, Starck

Es uno de los popes del diseño mundial de alta gama. Divertido, ecléctico y provocador vuelve a apostar a la Argentina, donde concibió el interior design del emporio hotelero y de real estate del empresario Alan Faena. Esta vez, estampa su firma en el exclusivo emprendimiento Yoo, en Nordelta. De jugueras a naves espaciales, Philippe Starck es un niño terrible cuyos caprichos generan negocios millonarios.

Texto: Jesica Mateu 

Poeta moderno, rey Midas del diseño, excéntrico, loco, genio. Mucho se ha dicho de Philippe Starck, el creativo y desopilante francés que halaga, con su firma y seductoras ideas, millonarios proyectos ligados al estilo de vanguardia, el ocio, el lujo, la cultura, la hotelería y el real estate.

Su sello es sinónimo de éxito. Y su estilo, ideal para quienes no admiten pasar desapercibidos. Nada es imposible para los deseos materiales de alta gama en el ecléctico universo Starck. Utensilios de cocina, mobiliario, lámparas, indumentaria y relojes son sólo algunos de los objetos de diseño premium que este amante de los delirios tangibles crea. También son de su autoría la ambientación de algunos de los hoteles, restaurantes y pubs más top de Europa, Asia y Estados Unidos. Y supo grabar su impronta en los apartamentos privados del entonces presidente François Mitterand en el Palais d’ Elysée, además de ser responsable de la ambientación interior de centros culturales parisinos, motos, barcos e inclusive, de la dirección de arte de la nave Spaceship II de Virgin Galactic, primera empresa de turismo espacial.

La tendencia de los reality shows tampoco quedó virgen del influjo Starck. Por la BBC, en el Reino Unido, pudo verse cómo 12 aspirantes, especialmente seleccionados por el creativo francés, asistieron a una serie de clases magistrales dictadas por él mismo. Durante las semanas en que se desarrolló Desing for life, los participantes compitieron para obtener el gran premio: trabajar por seis meses en la agencia de Starck en París. “Soy un nuevo tipo de destapador de botella, una especie de puerta para abrir su cerebro a la creatividad, a la visión, al futuro. Debemos ver si existe un nuevo talento en UK. Estoy seguro que lo hay”, anunció en el inicio de su propio show.

Así, a los 51 años, Starck parece haberlo hecho todo. Su estilo vanguardista y provocador se revela omnipresente. Él lo sabe. Tanto, que si se leyera entre las líneas de su ambigua modestia, podría vislumbrarse cierta lógica autoendosiada. Será, quizás, porque el verdadero Dios -el que sin intereses mundanos es venerado por muchos y negado por otros- no existe en el imaginario del inquieto creativo francés. Alguna vez ha proclamado que “God is the answer when you don't know the answer”. Y en su visita relámpago a la Argentina -para presentar en Nordelta el nuevo proyecto inmobiliario Yoo, Inspired by Starck- explicó que está “en contra de cualquier credo. Cuando uno cree en la inteligencia, no puede creer en Dios. Lamento decirlo pero, cuando pensás que Dios es la respuesta, dejás de pensar y de buscar. Y nuestra tarea siempre debe ser pensar, buscar y crear. Por lo tanto, eso de creer en Dios es algo contrario a nuestra civilización”.

Este hombre de sonrisa fácil y largas respuestas, es la personificación de la polémica. No está claro si su propósito final es provocar o realmente es dueño de una actitud sincericida innata, que no puede o no quiere controlar. Más allá de sus creaciones, él es el verdadero producto, la verdadera estrella. Por lo que, probablemente, no sería erróneo afirmar que su trabajo sea aún menos controvertido y fuera de molde que sus declaraciones, su forma de vestir y su comportamiento habitual.

Starck, en el cielo, con diamantes
Al extenso territorio que aun no termina de colonizar Yoo Nordelta llegan, desde las alturas y en helicóptero, Philippe Stark y su esposa, Jasmine Abdellatif. Su arribo celestial no es lo que más hechiza la atención de los presentes sino su look indefectiblemente personal y algo grotesco para los cánones corporate. Como sea, quien conozca a este pope del diseño contemporáneo no debería sorprenderse ante ese despliegue de lógica del asombro.

A toda vista informal, luce remera de algodón blanca con capucha gris, ambo negro, pantalones verde y azul eléctricos que no puede evitar marcar con exactitud innecesaria el contorno de su silueta. Y un guante. Uno solo. Y naranja. Calza, además, zapatillas sin cordones de tela blanca, ahora tiznadas por el no tan glamoroso gris polvo que ocasiona el aterrizaje. “Me gusta vestir con diferentes colores porque el negro es aburrido y refleja debilidad. Creo que la vida es diversidad”, define. Además, justifica la elección del calzado deportivo al indicar que debe utilizarse algo que “pueda uno quitarse rápidamente en caso de emergencia”.

Histriónico, Starck es una batería estridente de comentarios jocosos que arrancan risas y carcajadas a la audiencia. Y no olvida retribuir tanta halagadora atención de sus anfitriones al expresar: “Me gustan los argentinos porque son sexies, elegantes y apasionados”. Además, asegura que “siempre hay que pensar en hacer un mejor trabajo y eso implica más amor. Aunque suene estúpido. Es por eso que estoy aquí”.

Carisma y excentricidad son, entonces, una fórmula positivamente explosiva que el locuaz Starck sabe administrar. A su mujer le toca el papel más antipático de la dupla, ya que es su directora de comunicación: quien pauta las entrevistas, su maratónica y breve extensión y condiciones varias que pueden cambiar de un instante al otro. Es quien lleva su agenda, organiza sus contactos y regula el envío de fotografías oficiales. Es su amante, su compañera, su jefa de prensa, su guardaespaldas y su mano derecha. Quizás mucho más que eso. Mientras él ostenta una sonrisa prácticamente imborrable; ella apenas la esboza.

Pero, más allá de sus actitudes fuera de protocolo, quien fue el mentor estético del porteño y lujoso Faena Hotel + Universe, del parisino École Nationale des Arts Décoratifs y de la torre de control del aeropuerto de Burdeos así como de la tienda de Jean-Paul Gaultier en Londres, el Hotel Clift de San Francisco, el Groeningen Museum en Holanda, el Salón Coppola de Milán, el Península Hotel de Hong Kong y el exprimidor de limones realizado para Alessi Diseño, entre cientos de otras creaciones, es también quien tiene la palabra y la deja correr cuando la luz roja del grabador se enciende. Finalmente.

Por lo que usted representa en el mundo del diseño, suele ser ubicado en un pedestal. ¿Lo halaga o le molesta?

No me fijo en eso. No me preocupa. No aprecio ese tipo de señales. Vivimos tan solos y alejados de todo lo que tiene que ver con el show business que no me parece ni bueno ni malo. No me importa. Habitamos en la mitad de la nada y mi cerebro está siempre en otro lugar, así que encontrarme resulta realmente difícil.
Starck está literalmente en continuo movimiento. Su inventivo e inquieto cerebro se expresa también en un cuerpo que parece sentirse preso en una silla. Es que, siempre sentado, se desplaza en todas direcciones gracias al uso y abuso de las rueditas que sostienen su butaca. Ante tanto zarandeo, responde a la consulta sobre si está aburrido alegando: “Me siento como en un flipper; yo soy la bola. Boing, boing”. De todas maneras, su pasatiempo favorito en plena entrevista, es alternar besos y caricias con su estoica enamorada.

Revolución: El fin del diseño

“Trato de producir menos material y más concepto”, asegura increíblemente serio Philippe Starck. Así manifiesta su propósito, que no es el de desarrollar objetos bellos o espacios útiles aunque carezcan de sentido y engorden de vacío, sino valor agregado determinado por múltiples significados e intenciones. Porque el siempre observado referente del diseño admite apreciar especialmente la inteligencia. Un atributo que califica, una y otra vez, de “sexy”.

¿Se considera un revolucionario de la creatividad o piensa que en el ser creativo está implícita la condición revolucionaria?

Creo que, estructuralmente, la verdadera creatividad es obligatoriamente revolucionaria. Después, dependerá del grado de creatividad de cada uno. La pequeña es poco revolucionaria y la gran creatividad es totalmente revolucionaria. Si una creación no es una sorpresa, si no es revolucionaria, entonces es totalmente inútil. No es una verdadera creación. Significa que ya la conocemos, por lo que no vale la pena que exista. Así que pienso que la creación implica revolución, subversión y rebelión.

¿Cuáles son los desafíos del diseño?

El único desafío hoy es dejar de diseñar. La verdadera necesidad de la civilización es la desmaterialización. La materia está condenada, es obsoleta. Toda la inteligencia que se aplica para desarrollar un producto, luego de un proceso de mutación, lleva a la desmaterialización. Por eso a esta silla la diseñamos transparente (ver fotografía página 26). Porque ella habla de lo invisible, y lo invisible habla, precisamente, de desmaterialización. Si uno se fija, la primera computadora era inútil y demasiado grande. Después fue una pequeña bestia con muchos espacios vacíos, como si fuera un armario enorme donde era posible imaginar que podían entrar gusanos. ¡Era algo imposible! Después se convirtió en un portafolio y más tarde en un pequeño sobre, como es hoy la Mac Book Pro. En menos de 10 años la computadora seguramente estará debajo de la piel y será biónica. La primera era enorme y débil; la próxima será insignificante y terriblemente poderosa. Este es un ejemplo perfecto de una producción seguida de una mutación. Es por eso que los diseñadores tienen que entender que no hay futuro, porque al diseño de mañana lo hará tu entrenador o tu nutricionista.

Ha trabajado en países de todo el mundo. ¿Hay alguno que considere particularmente abierto a la originalidad?

Los países latinos. Pero el mejor país para trabajar es Italia. Son muy humanos, inteligentes y cultos. Además, entienden muy rápido y tienen fantasías. También es interesante trabajar con los alemanes, aunque son extremadamente lentos. Los franceses tienen siempre un espíritu demasiado crítico y los estadounidenses están excesivamente interesados en el dinero. Trabajé poco con los americanos del sur y los argentinos, concretamente, pero me gustaría muchísimo hacerlo porque una gran parte de la Argentina es italiana y porque creo reconocer esa pasión que es tan necesaria en todo proyecto, esa locura necesaria en toda visión.

De alguna manera, usted es generador de confort, lujo y felicidad. ¿Qué lugar ocupan esos conceptos en su propia vida?

En primer lugar, no estoy seguro si es correcto describirme como generador de confort y de lujo. No soy una persona que se identifica con el lujo sino con la calidad. No me identifico con el confort pero sí con la poesía. Es cierto que la poesía es confortable, pero no es lo mismo. No tengo idea del confort porque no me preocupo del mío propio. Soy respetuoso de la gente que sí lo busca pero yo puedo vivir en cualquier parte. De hecho, eso es lo que hacemos (señala a su mujer). Vivimos cotidianamente en un avión. Y cuando no estamos en él, vivimos en pequeñas cabañas en el medio de la nada, sin electricidad, ni agua, ni gas. Ni siquiera usamos auto. Definitivamente, eso no es lujo. Tenemos un avión privado pero no porque eso represente un lujo para nosotros sino porque lo necesitamos.

¿Vivir en el medio de la nada no puede ser también un lujo, en tanto inaccesible para las mayorías?

Es cierto. Eso es el lujo para nosotros: vivir solos en el medio de un bosque, por ejemplo. Pero el concepto está tan lejos de lo que la gente define como lujo que prefiero hablar de calidad.

Y la felicidad, ¿qué lo hace feliz?

Trato fervientemente de crear felicidad para los demás porque busqué la mía propia pero nunca la encontré. No se qué es la felicidad. Pasé toda mi vida profundamente deprimido hasta que entendí la idea de mutación. Llevamos 8 mil millones de años de evolución y cuando te das cuenta de eso y de que hay tanta hermosura en el mundo, no podés estar deprimido. Estás obligado a sentirte increíblemente feliz. ¡Hay tantas cosas para hacer y para inventar! No podemos imaginar en qué vamos a convertirnos en 4 mil millones de años, antes de que el mundo explote. Podemos convertirnos en música, en spray, en color o en una ecuación matemática. Tenemos que trabajar todos los días para transformarnos.

Y, justamente, son las matemáticas y la física cuántica las ciencias por las que Starck experimenta altas dosis de entusiasmo y admiración. De hecho, se siente afortunado por conocer a fondo a un prestigioso científico que “cuando puede, me enseña matemática cuántica y astrofísica. Ese es el territorio donde existe la más pura, hermosa e interesante poesía. Por ese motivo, lo único que leo son libros científicos. Mi prioridad es hablar con científicos porque ellos son el extremo de la inteligencia humana. ¡Eso es poesía!”. Quizás por ello asegura que la poesía puede hallarse también en un instante, en un sonido o en un destello de luz.

La rueda de la fortuna

Formar parte fundamental de la gesta de hoteles cinco estrellas, exclusivas discos nocturnas, descomunales centros de arte y megaproyectos inmobiliarios alrededor del mundo es estar en el centro de la rueda de la fortuna. No hace falta vestir trajes de alta gama para subscribir a las reglas del mercado de lujo, fiel estandarte del liberalismo. Lejos de lo que podría suponerse, el hombre que se codea con los millonarios amantes del diseño, la arquitectura y los negocios, no adhiere (al menos en su discurso público) a las huestes de ideología capitalista.

¿Es cierto que se define anticapitalista?

Soy claramente, desde siempre y para siempre, de izquierda. Lamento que el comunismo haya fallado porque la idea de compartir es muy buena. El problema reside en que esa idea fue pervertida por Stalin, quien transformó al comunismo en fascismo. Soy desarrollador de ideas y productos y para hacer una silla como ésta (ver foto), estudié 12 prototipos en cinco años. El primero era malo pero continuamos y mejoramos, no dejamos de trabajar. Entonces, en mi opinión, ese comunismo soviético fue el primer prototipo. Fue realmente muy malo, pero eso no significa que haya que dejar de intentarlo. La idea es compartir. Y es imposible continuar así, donde los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Esto va a terminar por explotar. Por eso, cada vez soy más y más insistente: hay que reinventar el comunismo.

¿Esa ideología no choca con el hecho de que esté involucrado en proyectos millonarios, como Yoo?

No. Si desarrollara sólo ese tipo de proyectos, estaría de acuerdo con usted. Sería una total paradoja. ¡Pero realizo cosas tan diferentes! Son diseños democráticos. Es como una especie de comunismo moderno. Definitivamente, si alguien me obligara a trabajar o con ricos o con pobres, ni me lo cuestionaría: trabajaría siempre para los más pobres. Pero nadie me obliga. Entonces, tengo derecho a elegir. Y trabajo para todos. Además, tengo lo que denomino la estrategia Robin Hood, que implica que, cuando trabajo en proyectos millonarios, me fijo cuáles son las ideas que puedo tomar de ellos para luego desarrollarlas en proyectos para todos. ¡La estrategia funciona bastante bien! Eso significa que mis clientes ricos son mi avanzado laboratorio de investigación.

Starck asegura que lo que más ama de su trabajo es la posibilidad de soñar. “Hace tres días que, por las noches, pienso en un nuevo proyecto que me interesa mucho. Y vuelo en ese proyecto como en un holograma. Lo imagino todo. Luego de un pequeño delay, pude llevarlo al papel rápidamente y quedó muy bien”. Y, ya en confianza, admite que su mayor padecimiento son las entrevistas. Y apela a Lacan, el destacado pensador francés, quien expresara que “le dit tue” (lo dicho mata). “Cuando uno expresa algo, está matando eso que dice. Entonces, cuando me fuerzan a hablar no es que mate todo lo que diga pero, claramente, lo que digo mata mis sueños. Por eso hablar, para mí, es espantosamente caro”, afirma.

Tanto anhela callar que no se le escapan indicios de aquel proyecto que tiene entre manos. “¡De eso no voy a hablar! Lo siento mucho. Hay cosas que hacemos que la gente no se entera porque las mantenemos en secreto, cosas extraordinarias de las que jamás habrá fotografías ni podrán visitarse”.

¿Pero no se trata de compartir?

(Ríe). Eso es algo muy difícil de hacer.

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