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Un final entre copas

Al terminar los 18 hoyos, los jugadores disfrutaron del cierre de la jornada con un cocktail en el que no faltaron copas, como la que se entregó a los ganadores de la primera edición de El Cronista Open Golf. 

La tarde se consumía sobre Nordelta cuando los carritos empezaron a volver. Luego de casi cinco horas de juego, el día entraba en su recta final y desde lo alto del Club House podía verse a los participantes charlando en su camino de regreso. Eran casi las 6 de la tarde y los ejecutivos que participaron de la primera edición de El Cronista Open Golf se preparaban para disfrutar de un momento distendido, del cierre de una jornada a puro golf.

De a poco, el salón se fue llenando y el bullicio comenzó a aumentar. Charlas de coyuntura económica y política, negocios y sobre todo risas fueron apoderándose del Club House. En el segmento deportivo, la noticia más comentada llegó desde Europa: el día anterior, Boca había perdido en un amistoso frente al Barcelona de España por tres a cero y las chicanas y referencias a la dura derrota del xeneize no se hicieron esperar: “Messi no los perdonó, ¿eh?”.

Sin embargo, el tema más comentado al cierre de esa jornada golfística fueron los desempeños –tanto individuales como grupales– sobre aquel dificultoso campo de más de 7200 yardas. A juzgar por los dichos de los propios participantes, que iban ubicándose dentro del salón, no había habido hoyo más complicado que el 16. La extensa y ancha laguna que se extiende entre la salida y el green había sido uno de los principales escollos, el enemigo común entre los jugadores. Y el desafío de superarla se hizo presente en el esperado tercer tiempo. “¡Muy bien hoy, pasaste el agua sin problemas!”, se escuchó entre las voces. “¡Vos no!” fue la replica que, entre risas, no se hizo esperar.

Mientras la sala se llenaba de ejecutivos, las bandejas de comida y copas con vino y cerveza empezaron a circular. Gazpacho andaluz, pollo crocante con mix de semillas y salsa teriyaki, mini hamburguesas con panceta, cheddar y cebollas confitadas, quiche de puerro y queso, y distintos tipos de pizza gourmet fueron algunas de las propuestas que conformaron el menú. Luego llegaría el momento del postre, con shots de lemon pie y chocotorta. 

Hacia las 18.30 llegó el momento de la ceremonia de premiación, en la que no faltaron aplausos, fotos y felicitaciones al por mayor. Si bien los equipos conocían sus estadísticas propias, hubo mucha paridad entre los participantes, por lo que la expectativa de poder alzarse con los laureles del torneo se palpaba en una buena cantidad de los presentes.

En primer término, se sortearon dos estadías, de 4 noches cada una, en los lujosos hoteles Design Suites ubicados en El Calafate y Salta. Luego fue el turno de distinguir a los 4 mejores approach –tiros de aproximación– de la jornada, cuyos ganadores fueron recompensados con botellas de vino y champagne. Y después sí llegó el momento de conocer a los ganadores del certamen (ver página 2). 

Se distinguió primero al equipo que obtuvo el segundo lugar, cuyos integrantes recibieron un reloj cada uno. Y luego sí fue el turno del reconocimiento para el conjunto ganador. Mientras se anunciaba el premio –una estadía por seis noches en alguno de los cuatro complejos Design de Buenos Aires, Salta, Bariloche o Calafate para uno de sus integrantes– un grito entre el público recomendó que fueran “al más caro”.

A medida que se sucedían las entregas de premios y distinciones, algunos de los participantes aprovecharon para reconectarse. Las charlas triviales dieron lugar a conversaciones ya más orientadas a los negocios, llamadas, el chequeo de mails y networking, una situación casi ineludible en este tipo de eventos.  El paseo de canapés fue sustituido por un pasamanos de tarjetas personales, teléfonos y datos de contacto, un premio casi tan valioso como la mismísima copa.

Y así, lentamente, la noche comenzó a caer. El hambre y la sed se fueron saciando y el cansancio tomó su lugar. “Me pasó un camión por encima”, se escuchó desde una de las mesas. Habían pasado casi ocho horas desde el comienzo del encuentro y la intensidad del día se hacía notar. En minutos, los ejecutivos que hasta ese entonces colmaban el Club House del Nordelta Golf Club pasaron a ser 50. Luego 40, 20 y 10. Hasta que ya no quedó en el salón más que la sensación de un fin de fiesta, del final de una inmejorable tarde de golf. 

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