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Madama Butterfly, ese exótico clásico que no deja de cautivar

La Asociación de ópera Juventus Lyrica inicio anoche su cierre de año con el estreno de Madama Butterfly de Giacomo Puccini en el Teatro Avenida. Un relato musical fluido que sumerge al espectador en un drama romántico entre personajes trabajados desde sus aspectos psicológicos.

Foto: prensa Juventus Lyrica

Foto: prensa Juventus Lyrica

El Asociación de ópera Juventus Lyrica inicio anoche su cierre de año con el estreno de Madama Butterfly de Giacomo Puccini en el Teatro Avenida, un clásico del repertorio operístico que cautiva por sus elementos exóticos, el tratamiento psicológico de los personajes y la tensión dramática natural del texto que se refuerza desde lo musical.

La ópera fue escrita durante los primeros años del siglo XX a partir de la adaptación teatral del cuento homónimo de 1898 de John Luther Long que cautivó a Puccini en Londres. El compositor se apartó nuevamente del estilo verismo que caracterizaba a las óperas de su Italia natal por aquel entonces – ya lo había hecho en La Bohème y en Turandot- para embarcarse en una travesía oriental donde sitúa su tragedia romántica en tres actos entre la adolescente Cio-Cio-San (Madama Butterfly) (Cintia Velázquez) y el teniente estadounidense B. F. Pinkerton (Marcelo Gómez), quien arregló con el casamentero Goro (Norberto Lara) el enlace entre ambos. Pero Pinkerton no tiene intenciones de que el matrimonio se extienda más allá de su estadía en Nagasaki y amparado por las laxas leyes japonesas planea divorciarse una vez de regreso a Estados Unidos donde buscará una esposa de verdad mientras la joven Butterfly aguarda durante tres años su regreso.

Puccini compuso un discurso musical fluido que le aporta dinamismo y verosimilitud a la obra. Las piezas se suceden una tras otra sumergiendo al espectador en un relato musical de fronteras difusas donde las emociones marcan los tiempos.

El primer acto sirve para que el espectador conozca de antemano los planes de Pinkerton, quien se los confiesa al cónsul estadounidense en Nagasaki Sharpless (Ernesto Bauer). El tenor Gómez se luce aquí con un personaje despreocupado de los sentimientos de su futura esposa en los intercambios con el barítono Bauer.

La demora está presente en la pieza tanto desde el relato – Madama Butterfly no hará su ingreso hasta bien iniciada la historia-, como desde lo musical. Heredero de las técnicas de Richard Wagner, Puccini dilata la resolución de las melodías en varias ocasiones en línea con los acontecimientos dramáticos, como el momento en el que Sharpless lee a Madama Butterfly la carta que envió su marido donde le comunica que volverá a Japón, pero no con la intención de seguir casados.

El segundo y el tercer acto son los de mayor despliegue de la soprano Velázquez, encabezados por la interpretación del famoso aria Un bel dì vedremo. En la pieza -único aplauso cerrado durante el desarrollo de la obra- expresa a su criada Susuki (Rocío Arbizu) la esperanza de que su marido regrese. Por momentos, la voz de Velázquez se impone desde el texto y desde lo musical, en un juego donde parece competir con la orquesta para demostrar que tiene razón respecto a su esposo. El personaje de Butterfly evolucionó en esta instancia de tímida adolescente a mujer sostenida sobre una esperanza, quien resignada, pero con orgullo, terminará delineando su trágico final.

Mención aparte merece el trabajo de la mezzosoprano Arbizu tanto en sus presentaciones individuales como en conjunto con Velázquez. Ambas demuestran que pueden adaptarse al registro de la otra con naturalidad al punto que los planos parecen superponerse y formar una única voz.

Madama Butterfly, con dirección musical de Antonio María Russo y dirección escénica de Ana D’Anna, se volverá a presentar el 13, 17 y 19 de noviembre en el Teatro Avenida, Av. De Mayo 1222. Las entradas pueden conseguirse en el lugar o a través de www.plateanet.com.