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Jueves 4.1.2018
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El monje que cura el estrés

El monje que cura el estrés

La escuela del benedictino Laurence Freeman atrae a líderes económicos de todo el mundo.

Hay algo que une las vidas de Ray Dalio, fundador de Bridgewater, uno de los mayores hedge funds del mundo; y de Sean Hagan, director del Departamento Jurídico del FMI. Y es algo más que su común interés por las altas finanzas y la economía global. Ambos se acercaron en los últimos años a un fenómeno con un creciente predicamento entre las escuelas de negocios y el mundo de la alta dirección empresarial: la meditación y la oración contemplativa. Existen dos responsables de ese acercamiento. El primero es el propio ritmo de la vida moderna, fuente de estrés, narcisismo desbocado, búsqueda ansiosa de objetivos económicos y vacío interior. El segundo es un hombre llamado Laurence Freeman, monje benedictino inglés de 66 años que antes de tomar los hábitos había trabajado en el sector financiero y en el periodismo.

"La meditación hace mucho más que reducir el estrés de los directivos; ayuda a alcanzar una armonía personal, a controlar el ego y a conseguir una perspectiva personal y social", explicó Freeman.

Siguiendo las enseñanzas de otro sacerdote benedictino, John Main (1926-1982), Freeman fundó en 1991 la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana, un grupo de sacerdotes y laicos interesados en recuperar las prácticas contemplativas habituales en los orígenes del cristianismo (así como en místicos como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús) y perdidas por el paso de los siglos y por el escepticismo al respecto tanto de católicos como de protestantes. Si bien el enfoque original de las enseñanzas de Freeman es evidentemente cristiano, el sacerdote asegura que no es necesario ser creyente para beneficiarse de la práctica de la meditación. De hecho, sus enseñanzas se dirigen a personas de todo credo y condición, y entre los alumnos de su curso sobre Meditación y Liderazgo, que imparte en el programa MBA de la Universidad de Georgetown (Washington D.C.), se encuentran estudiantes de países y confesiones diversas.

Pero, ¿qué significa en la práctica meditar? El modus operandi recomendado por Freeman (y que coincide en sus puntos esenciales con otra exitosa corriente de meditación contemplativa, la impulsada por el monje trapense neoyorquino Thomas Keating) es el siguiente: buscar un espacio tranquilo y silencioso, sentarse con una postura cómoda pero siempre con la espalda erguida, cerrar los ojos y permanecer tranquilo pero al mismo tiempo con cierta actitud de alerta y escucha. Tras dejar pasar un par de minutos y aquietar la mente, seleccionar una determinada palabra (en el caso de los creyentes, suele tratarse de alguna palabra con significado religioso) e introducirla suavemente en el plano consciente, a modo de mantra. Durante el tiempo de la meditación (se recomienda que una sesión dure entre 20 y 30 minutos, aunque evidentemente los principiantes deberán comenzar con periodos más cortos y aumentarlos progresivamente), la actitud debe ser la de dejar pasar todos los pensamientos que atraviesan el plano consciente, tratando de no juzgarlos, analizarlos ni reaccionar emocionalmente a ellos, como si fueran imágenes de una película.

En el caso de distraerse o dejarse llevar por algún pensamiento o emoción, se debe volver a la palabra escogida y seguir permitiendo que los pensamientos prosigan su flujo.

Práctica regular

En su libro Mente abierta, corazón abierto, Keating explica que uno de los primeros efectos de la meditación es la descarga de aquellas emociones traumáticas de la primera infancia que el sistema nervioso almacenó en el subconsciente y que aún no fueron bien digeridas (y que en buena parte condicionaron nuestro comportamiento actual), por lo que los primeros días o semanas de la práctica meditativa suelen ser los más complicados. Tanto la escuela de Keating como la de Freeman recomienda meditar dos veces al día, por la mañana y por la tarde. "La práctica regular de la meditación consigue desarrollar habilidades de liderazgo y hace más eficiente el trabajo de uno mismo y del resto de las personas de un equipo", asegura Freeman. "Si no eres capaz de gestionar tu propia vida, no serás capaz de gestionar tus equipos. Conocerse a uno mismo es clave para controlar las propias emociones y mostrarse más compasivo hacia los demás", añade.

Este trabajo de introspección no es mera retórica espiritual sino que, según la comunidad médica (que empezó a estudiar los efectos de la meditación en los años 30 en Estados Unidos), produce beneficios en el plano puramente físico.

"La meditación es una técnica que mostró su utilidad en el abordaje de diversas patologías mentales y en el afrontamiento de problemas de la vida, porque ayuda a conectar con uno mismo, a conocerse mejor, a integrar las partes del yo", explicó el psiquiatra Carlos Chiclana.

"Es una técnica que se fundamenta en el propio funcionamiento del sistema nervioso. Es interesante no confundir la meditación como técnica con la oración contemplativa. La primera se dirige a la atención plena al presente y a la conexión con uno mismo, y puede servir como base y fundamento para la oración contemplativa. La segunda implica la incorporación de la trascendencia", destaca.

Según un reciente estudio de la Universidad de Pittsburgh, la meditación incrementa la capacidad de la corteza prefrontal, la zona del cerebro asociada al razonamiento, la autoconciencia y la personalidad. Además, disminuye el tamaño de la amígdala, encargada de regular las respuestas emocionales, es decir, la que condiciona los estados de miedo, ansiedad, seguridad o euforia. De este modo, la práctica sostenida puede ayudar a aliviar trastornos como la ansiedad generalizada, las obsesiones o la depresión, además de fomentar actitudes como la compasión o la empatía.

"Llega un momento en que la meditación se hace tan valiosa que necesitamos compartirla con los demás", asegura Freeman.

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