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Chequear "si te clavaron el visto", una nueva adicción que llegó con el Whatsapp

El uso de aplicativos de mensajería instantánea incrementa la ansiedad y los malentendidos en las relaciones de amistad, de pareja y en los grupos de trabajo. Especialistas advierten que si bien genera una sensación de conexión permanente, su mal uso obstaculiza la verdadera comunicación

"La vida es eso que te pasa mientras esperás que te claven el visto". Parafraseando a John Lennon, esto es lo que podría estar pasándole a gran parte de los cerca de mil millones de usuarios de Whatsapp en el mundo, que intercambian -según datos de la compañía adquirida por Facebook- más de 42.000 millones de mensajes diarios.

Lo cierto es que tamaño aluvión comunicacional tiene consecuencias en el ánimo y la productividad de las personas. "Al permitir visualizar si el destinatario leyó el mensaje y cuándo fue la última vez que se conectó, este aplicativo incrementa la ansiedad en lugar de calmarla", apunta la psiquiatra Verónica Mora, miembro de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA). "En casos extremos, se puede generar una dependencia, cuando no se tolera la falta de respuesta, o la ausencia de mensajes en la pantalla del dispositivo móvil", advierte.

Sin embargo, ésta como otras herramientas tecnológicas "no genera, sino que simplemente pone en evidencia un trastorno pre existente", señala el psicoanalista Ricardo Rubinstein, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). "El que es ansioso, se pone más ansioso y quien es controlador, se pondrá más controlador. Todo depende del estado de base de la persona y de la expectativa que tiene respecto de la comunicación con el otro", comenta Rubinstein.

Ambos terapeutas coinciden en que los mensajes y malentendidos por whatsapp son un tema "cada vez más frecuente en la consulta". Hay pacientes que no dejan de mirar la pantalla de su móvil durante las sesiones, confiesan los terapeutas. "Incluso, aunque no suene el teléfono, la vibración y la luz indicativa de que llegó un mensaje, los pone en alerta", grafican.

En las parejas o grupos de amigos, la demanda más habitual es que "me clavó el visto pero no me contestó, pero yo ví que estaba conectado/a", mientras que en los grupos de trabajo, la queja suele ser por los mensajes fuera del horario laboral, o cuando se envían contenidos que no tienen que ver con el grupo.

Algunas personas desarrollan tal grado de dependencia, que sienten malestar cuando no les llegan mensajes o cuando sus posteos no son respondidos. El dato no es menor en un país donde el 28,8% de su población sufre algún trastorno de ansiedad, según cifras del Centro de Investigaciones Médicas en Ansiedad (CIMA).

"Las nuevas tecnologías han reducido nuestra capacidad de esperar", destaca la psiquiatra Mora. Hoy no se tolera el silencio, la soledad, el aburrimiento. En situaciones en las que antes la gente miraba a su alrededor, pensaba, se aburría o iniciaba una conversación con alguien, como en la fila de un banco, o un medio de transporte, aparece el dispositivo móvil para llenar ese espacio.

"La lógica de la inmediatez propia de Whatsapp achicó el umbral de espera", afirma la socióloga Mariana Palumbo, investigadora del Conicet, quien junto a sus colegas Martín Boy y Maximiliano Marentes desarrollaron la investigación "Me clavó el visto: cómo las nuevas tecnologías pueden generar control y violencia o potenciar el amor". El trabajo incluyó entrevistas en profundidad a 25 jóvenes de 18 a 29 años, sobre el uso de Whatsapp.

"Este aplicativo tan presente en las relaciones de hoy -dice el trabajo- genera control y también descontrol sobre uno mismo y la pareja; modifica y moldea el estado de ánimo al disparar, entre otros síntomas, los celos excesivos".

"Pero para nosotros, las redes sociales no son negativas; con ellas la gente se suma, se relaciona, se erotiza", afirma la socióloga. Estas herramientas "permiten otras formas de vincularse, mostrar afecto, y también de comenzar o terminar una disputa".

Palumbo cita el caso de una joven entrevistada, que confesó que "no podía ponerse a estudiar porque "Él" no le había contestado el mensaje", y el caso de una pareja que había iniciado una discusión, en la que la chica demostraba su enojo "clavando el visto sin responder a los mensajes", y su pareja comenzó a enviarle emoticones divertidos y corazones, con lo que finalmente logró restablecer el diálogo.

Uno de los hallazgos del estudio fue mostrar cómo las nuevas tecnologías denotan violencia pero también erotización en los jóvenes. "Si me clavaste el visto y me hacés esperar -dice la socióloga-, esa espera es negativa, denota violencia, porque dejo de ser el sujeto más importante para el otro. Pero luego eso se resignifica y se puede volver a reconstruir el vínculo".

La investigación, que llevó ocho meses y se realizó con un subsidio de la UBA resulta relevante "para indagar las formas de relacionamiento y prevenir la violencia en etapas tempranas de los vínculos de pareja", destaca Palumbo.