"A Cortázar, los lectores jóvenes lo sienten como un amigo"

Autor de una biografía indispensable sobre el escritor de Rayuela, Mario Goloboff, docente universitario y escritor, detalló con Cronista.com diferentes aspectos y características de la obra cortazariana.

En la casa de Mario Goloboff los libros no están desparramados por el suelo ni en sillones, tampoco aguardan amontonados contra la pared en busca de un lugar más apropiado. Algunos, sí, descansan sobre la mesa del living. Casi todos versan sobre crítica literaria, actividad a la que el escritor y docente dedicó y dedica, aquí y allá, en Francia y Argentina, gran parte de su tiempo.

Sus trabajos sobre la obra de Haroldo Conti, Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, Julio Cortázar, César Vallejo y Juan Carlos Onetti, entre otros, lo convirtieron en un experto consumado en literatura latinoamericana. Cuando quiere chequear un dato o confirmar una cita no surgen dudas al momento de encontrar el texto en la biblioteca. Su mano se desplaza directo hacia la obra deseada.

"Ya pasaron 45 años de la publicación de Rayuela", dice con sorpresa. "Claro, es de junio de 1963. En pocos días se cumple el 45 aniversario", sostiene Cronista.com. "Veamos", responde Goloboff, mientras abre su libro Julio Cortázar, la biografía. Enseguida confirma: "Rayuela apareció en el mes de junio de 1963. A fines de ese año, Cortázar viajó a Cuba, invitado para integrar el jurado del Premio Casa de las Américas". Y añade con una sonrisa, "si esto lo puse es porque el dato lo saqué de algún lado".

-Imagino que escribir una biografía sobre Cortázar debe llevar su tiempo. Digo por lo complejo del personaje.

-Este libro surgió de varias cosas que se juntaron. Hacía años que venía trabajando los textos de Cortázar. Dirigí una tesina sobre él y publiqué artículos sueltos. Uno sobre Rayuela en los años setenta salió en la revista "Escritura" que sacaba Angel Rama en su exilio venezolano. Fue un artículo que leyó Cortázar. Muy cumplidamente me dijo que le había parecido muy interesante. Con estos antecedentes y hablando con gente de la editorial Planeta en los años noventa y tantos surgió la idea de hacer una biografía. Además, yo conocía bien los dos lugares fundamentales en los que se había movido Cortázar: Buenos Aires y Francia. Viví 20 años en Francia. Primero en Toulouse.

-¿Cómo era el carácter de Cortázar?

-Era un hombre muy reservado, taciturno, bastante introvertido. Decía ser muy tímido. Recatado, muy fino, elegante en sus maneras, amable. Y un polemista feroz. Apenas lo criticaban reaccionaba inmediatamente. Tuvo célebres polémicas con Oscar Collazos y con David Viñas. Eran discusiones políticas. Se discutía la función del intelectual en América latina y qué papel jugaba la literatura en todo eso. Con Saer tuvo bravas polémicas también.

-¿Llegaron a ser amigos?

-No. Teníamos una buena relación. Hablábamos en general de política, no de literatura. En esos años no se hablaba de otra cosa. Conversábamos sobre Argentina, América latina. Yo lo traté a Cortázar cuando lo invitamos a una semana latinoamericana en la Universidad de Toulouse, en 1978. Alguna vez nos vimos en París y después en coloquios sobre literatura hispanoamericana. Recuerdo que ahí habló del exilio.

-En ese momento él ya era un escritor consagrado.

-Si, claro. Ya era conocido y tenía un nombre, pero Rayuela arrastró la venta de los otros libros. Ya había publicado tres libros de relatos: Bestiario, Final del Juego y Las armas secretas. Los cuentos de Cortázar son muy importantes. Han vencido al tiempo.

-Bestiario debe ser uno de los mejores, ¿Usted que piensa?

-Si. Contiene relatos de antología. Pero, bueno, escribir bien no conduce generalmente al éxito ni a la venta. Lo mejor de él son los cuentos. Dejó decenas de cuentos de antología. Eso es raro en un escritor. Los ocho cuentos de Bestiario son muy bien construidos. Encontró la formula más perfecta, mejor tallada. Este fue el camino de él hacia Rayuela que fue un éxito.

- ¿Por qué Rayuela fue tan exitoso?

-Lo que produjo el éxito, la lectura y el gancho con los lectores de esa época yo creo que fue la modernidad de su escritura, algún personaje que descubrió casi por azar. Leyendo los manuscritos del libro uno puede ver que la Maga aparece muy adelantada a la escritura de Rayuela. Aparte, bueno, todas las muchachas de entonces querían ser la Maga y todos nosotros queríamos ser Oliveira. Además hay temas centrales: Buenos Aires, París, el exilio, las cosas de las que se hablan en el Club de la Serpiente. Eso fue lo más atractivo para el público. Y este intento muy dicho por él de romper con la forma novelística tradicional.

-Si, antes de empezar el libro el "tablero de dirección" indica que uno puede leer la novela de dos maneras.

-Bueno, si uno quiere. Muchos han dicho que Cortázar indica. En realidad él dice: si usted quiere leerlo de corrido lo lee así, si quiere leerlo salteado lo puede leer así. Después si hay una conducción. Lo novedoso también es la propuesta, la forma. Y, claro, que sea firmado por Cortázar. Ya era uno de los autores, personajes, digamos, del boom de la literatura latinoamericana que andaba por Europa junto con García Márquez, Vargas Llosa, Donoso, Carlos Fuentes. Andaban haciendo por ahí declaraciones políticas, sociales.

-También se habla mucho del lenguaje desprejuiciado de Rayuela, del humor del texto, de las situaciones absurdas, el capítulo del tablón, las maneras de encarar los diálogos.

-Ese era Cortázar. El viene haciendo un trabajo muy interesante con el lenguaje desde sus primeros cuentos. Después toma conciencia de eso. Rayuela es un intento literariamente de hacer algo simultáneo. Meter Buenos Aires dentro de París o París dentro de Buenos Aires. El dice hacer como un puente y tuvo una obsesiva preocupación por organizar el asunto de los capítulos. Otro de sus propósitos era salirse del objeto tradicional libro.

-¿Por qué el libro se llama Rayuela?

-La idea del puente, unir el Cielo y la Tierra, París y Buenos Aires, ir y volver, retomar. Fue un acierto. Era un buen titulador. La novela fue una gran innovación de la narrativa argentina. Sin que el texto vaya todo lo más allá que él se propuso por un pacto de legibilidad con los lectores. Si él hubiese ido tanto más allá, como dice, hubiera escrito lo que escribió Macedonio Fernández. Hubiese llevado el proyecto de Macedonio hasta las últimas consecuencias y se hubiera quedado sin lectores (risas). No lo juzgo, me parece que es eso.

-¿La fama que logra con ese texto en particular le pesó?

-A mi me parece que Cortázar pensó que Rayuela fue un gran libro y que logró lo que se proponía. Durante toda su vida tuvo una gran virtud en un artista que pocos tienen: cuando encuentran la receta del éxito la dejan ahí y buscan otra cosa. Inmediatamente después de Rayuela se pone a escribir un libro absolutamente distinto. Tan distinto que hasta el día de hoy es el menos leído de Cortázar. El texto es 62 modelos para armar. La gran virtud es la persecución de nuevas formas, nuevas búsquedas. Seguir trabajando, no quedarse con la facilidad de repetir la receta. Rayuela le da un gran éxito publicitario, comercial, económico. Muchos escritores del boom siguieron escribiendo cosas iguales o peores. Yo creo que un artista, un gran músico, poeta o escritor tiene el deber de vencer la receta del éxito.

-Usted recién nombró 62 modelos para armar. Cortázar tiene en su obra muchos títulos que remiten a un carácter lúdico a la idea del juego.  El cuento Final del Juego, el mismo Rayuela, las breves historias de cronopios y de famas, Los autonautas de la cosmopista.

-Sí, sí. Tenía un espíritu lúdico. Era un gran juguetón, por eso se llevaba muy bien con los chicos. En la vida real, él veía chicos que estaban jugando y se acercaba. Jugaba con ellos, se metía en sus juegos.

-Siempre se dice que la novela fue más leída por los jóvenes que por gente de la edad de Cortázar, que cuando publica el libro tiene casi 50 años.

-Sí, por los que teníamos 20 años en ese momento. Yo digo al final de la biografía que hay un fenómeno para el cual no tengo muchas explicaciones. Hasta el día de hoy me resulta inexplicable racionalmente. Y es cómo se enganchan y por qué se enganchan de ese modo los jóvenes de aquí y de otros países de occidente que conozco con Cortázar. ¿Qué hay en Cortázar? Yo les he enseñado a jóvenes de 20 años en Toulouse, en París, en Buenos Aires, en La Plata, en España. He visto que con Borges, con Rulfo, con Onetti, con Roa Bastos, grandes escritores de nuestra lengua, hay una actitud de respeto, de admiración. Con Cortázar es diferente. A Cortázar, los jóvenes lo sienten como un amigo, como un hermano mayor. Por la obra de Cortázar pasa la droga, el box, el jazz, la política, Nicaragua, Cuba, la revolución, el amor, no sé…Es un fenómeno particular.

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