El uso de ingredientes de la alacena para el cuidado de las plantas se convirtió en una de las alternativas favoritas de los amantes de la jardinería. Entre los trucos caseros más populares y efectivos se destaca la aplicación de harina de maíz o polenta directamente en la tierra de las macetas.

Este alimento, tan común y económico en cualquier hogar, esconde propiedades químicas excelentes para el sustrato. Al tratarse de una molienda directa del grano, conserva un alto porcentaje de proteínas y minerales que resultan vitales para el buen desarrollo vegetal.

Uno de sus usos principales es como fertilizante orgánico de liberación lenta. La polenta aporta dosis significativas de nitrógeno, calcio, magnesio y potasio. A medida que se descompone con los riegos, las raíces absorben estos nutrientes, logrando que el follaje crezca más verde y resistente.

Otra gran ventaja de este ingrediente es su capacidad para combatir plagas de forma natural, en especial las hormigas. Si se espolvorea alrededor de la planta creando una barrera, los insectos se llevan los granos al hormiguero. Allí, la harina ataca el hongo del que se alimentan, eliminando el problema de raíz sin necesidad de apelar a químicos tóxicos.

El control de malezas es otro de los motivos por los que se recomienda este método casero. La harina de maíz funciona como un herbicida preemergente. Esto significa que actúa como un inhibidor que impide la germinación de semillas de hierbas indeseadas que suelen competir por los nutrientes.

El abono casero que necesita un potus para crecer fuerte y más verde (foto: archivo).
El abono casero que necesita un potus para crecer fuerte y más verde (foto: archivo).

En el caso específico de las plantas cultivadas en macetas, sumar este elemento orgánico mejora la estructura física de la tierra. Su integración con el sustrato favorece la aireación y evita que el suelo se compacte en exceso, un inconveniente muy habitual cuando el espacio para las raíces es limitado.

La forma de aplicación es sumamente sencilla y no requiere ningún tipo de preparación. Basta con hacer un pequeño hueco en la tierra, colocar una cucharada sopera de polenta cerca de la base de la planta y luego regar de manera habitual para que empiece a degradarse e integrarse.

Para las especies de interior de bajo mantenimiento, se aconseja repetir este proceso una vez al mes. En cambio, si se trata de ejemplares en plena floración o árboles frutales en balcones, la dosis puede aplicarse cada 15 días, aprovechando así una solución barata y cien por ciento ecológica.