

Hay costumbres de cocina que pasan de generación en generación sin que nadie las cuestione. Una de las más arraigadas es la de utilizar las latas de dulce de batata o membrillo como moldes para preparar bizcochuelos.
Sin embargo, lo que durante décadas pareció un truco doméstico hoy genera serias advertencias por parte de los bromatólogos y expertos en seguridad alimentaria.
El problema no es el tamaño ni la forma del recipiente, sino la composición química de los materiales con los que está fabricado.
Conocer qué ocurre con una lata de hojalata cuando pone en el calor puede cambiar para siempre la manera en que uno organiza sus recetas.
De qué están hechas realmente las latas de dulce de membrillo o batata
Las latas de dulce que se comercializan en Argentina están fabricadas con hojalata, es decir, chapa de acero recubierta con una fina capa de estaño.
Pero ese no es el único material presente: su interior lleva además una capa de barniz o resina protectora que actúa como barrera entre el metal y el alimento.
Esta capa fue diseñada específicamente para conservar el dulce a temperatura ambiente durante meses o incluso años sin que el metal interactúe con el producto.
Ese punto de partida lo cambia todo. El barniz interior, las resinas y la propia estructura del estaño no fueron formulados para resistir las temperaturas de un horno doméstico, que rondan habitualmente entre los 160 °C y los 200 °C. Ante ese nivel de calor, la historia química del recipiente se vuelve muy diferente.

Qué ocurre cuándo ponemos una lata de dulce de membrillo o batata dentro del horno
Cuando una lata de hojalata recubierta con barniz o resina se somete a temperaturas de horno, los materiales protectores comienzan a degradarse.
Ese proceso de deterioro puede liberar partículas químicas tóxicas que migran directamente hacia la preparación que está cocinándose en su interior. En otras palabras: el bizcochuelo que se está horneando dentro de la lata puede absorber compuestos que originalmente formaban parte del recubrimiento metálico.
La magnitud del problema depende de varios factores: el tiempo de exposición al calor, la temperatura exacta del horno y el estado de conservación de la lata. Una lata vieja, con el interior levemente oxidado o con el barniz ya deteriorado por el tiempo, presenta un riesgo mayor que una lata nueva. Sin embargo, los especialistas aclaran que incluso una lata en buen estado no fue concebida para este uso.
A diferencia de las latas de dulce, los materiales específicamente aprobados para uso en horno —aluminio de grado alimentario, vidrio templado y silicona certificada— fueron formulados y testeados para no liberar sustancias ante el calor. La diferencia no es arbitraria: es el resultado de décadas de regulación en seguridad alimentaria.
Qué hacer con las latas viejas: usos seguros y creativos
Descartar el uso de las latas de dulce en el horno no significa tirarlas a la basura. Bien al contrario: estos recipientes tienen una segunda vida muy útil fuera de la cocina. Su tamaño, su solidez y su forma cilíndrica los convierten en candidatos ideales para múltiples proyectos de reciclaje creativo.
Una de las aplicaciones más prácticas es convertirlas en organizadores de escritorio o taller. Cubiertas con tela, papel contact o pintadas con esmalte sintético, pueden contener pinceles, tijeras, bolígrafos o hilos de costura con mucho estilo. También funcionan como macetas para plantas pequeñas —siempre que se hagan agujeros en la base para el drenaje— o como centros de mesa decorativos con velas o flores secas.
Antes de reutilizar cualquier lata con fines decorativos o de almacenamiento, conviene revisar que el interior no presente óxido ni deterioro visible. Si la lata va a estar en contacto con alimentos fríos —como guardar galletas o caramelos a temperatura ambiente— es recomendable consultar con un especialista, ya que el recubrimiento interior también podría presentar desgaste con el tiempo.


