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En las profundidades del archipiélago de Ryukyu, en Japón, se encuentra uno de los mayores enigmas de la arqueología moderna. Conocido mundialmente como el Monumento Yonaguni, este conjunto de formaciones rocosas sumergidas sigue capturando la atención de la comunidad científica a raíz de su desconocido origen. Para algunos, es la prueba de una civilización avanzada hoy desaparecida; para otros, una maravilla de la erosión natural.

El hallazgo se produjo en 1986, cuando Kihachiro Aratake, un buceador y director de turismo local, exploraba la zona en busca de nuevos puntos de avistamiento para turistas. A unos 25 metros de profundidad, Aratake no encontró arrecifes de coral, sino una imponente mole de piedra con escalones masivos, ángulos rectos y plataformas que recordaban de inmediato a los templos y pirámides de las civilizaciones antiguas.

El hallazgo que desafía a la ciencia y divide a los expertos

Desde su descubrimiento hace cuatro décadas, la estructura ha sido apodada como la “Atlantis japonesa”, en clara alusión a la mítica isla mencionada por Platón. Las imágenes capturadas por buceadores profesionales muestran lo que parecen ser terrazas perfectamente esculpidas y superficies lisas que desafían el diseño que suele caracterizar a la geología submarina.

Para Aratake, la sensación de estar frente a un tesoro histórico fue instantánea. Según declaró a la cadena BBC, la perfección geométrica de los escalones sugería una intención humana detrás de la obra, una idea que rápidamente se convirtió en una hipótesis de peso para diversos investigadores que buscan rastrear los orígenes de las civilizaciones en el Pacífico.

La estructura se encuentra a 25 metros bajo el nivel del mar, lo que implica que, de ser artificial, fue construida cuando esa zona estaba sobre la superficie, hace miles de años.

El hallazgo del siglo | La pirámide en el fondo del mar que es más antigua Egipto: ¿no fue hecha por humanos?
El hallazgo del siglo | La pirámide en el fondo del mar que es más antigua Egipto: ¿no fue hecha por humanos?Fuente: Japan National Tourism Organization

¿Una ciudad perdida o un capricho de la geología?

El principal defensor de la teoría del origen humano es Masaaki Kimura, geólogo marino y profesor emérito de la Universidad de Ryukyu. Kimura sostiene que estas formaciones no son simples rocas, sino parte de una ciudad sumergida. En sus investigaciones, el profesor llegó a identificar estructuras que, según su visión, funcionaban como castillos, estadios e incluso pirámides.

Kimura vincula este hallazgo con el hipotético continente perdido de Mu (o Lemuria). Según esta teoría, una vasta masa de tierra conectaba regiones del Índico y el Pacífico antes de ser tragada por el océano debido a movimientos tectónicos. Aunque la ciencia moderna descartó la existencia de Mu mediante la tectónica de placas, la perfección de Yonaguni mantiene viva la llama del debate.

De todas formas, una parte considerable de la ciencia se mantiene escéptica. Geólogos como Robert Schoch, de la Universidad de Boston, argumentan que el monumento es el resultado de procesos geológicos naturales. Según Schoch, la estratigrafía de la arenisca tiende a romperse en planos rectos, especialmente en áreas de alta actividad sísmica como Japón.

Esta pirámide en el mar de Japón causa debates sobre su origen (Fuente: archivo).
Esta pirámide en el mar de Japón causa debates sobre su origen (Fuente: archivo).

“Esta es geología básica y estratigrafía clásica de arenisca, que tiende a romperse a lo largo de planos y exhibir bordes muy rectos, particularmente en un área con muchas fallas y actividad tectónica”, explicó el experto a National Geographic.

Además, portales especializados como IFL Science subrayan un dato cronológico crítico: el monumento podría tener entre 10.000 y 14.000 años, una época en la que no existía tecnología humana capaz de realizar semejante obra de ingeniería.

El misterio de Yonaguni permanece como un puente entre la ciencia y la leyenda. Mientras no haya pruebas definitivas de herramientas o inscripciones humanas, la “Atlantis japonesa” seguirá siendo un campo de batalla entre quienes ven en ella el último vestigio de un pasado olvidado y quienes la consideran una de las obras maestras más espectaculares de la erosión natural.