

El fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose y los últimos pronósticos elevaron la probabilidad de que alcance una intensidad excepcional durante primavera.
En Argentina, el escenario podría beneficiar a la producción agropecuaria por una mayor disponibilidad de agua, aunque también genera preocupación por el riesgo de lluvias excesivas, tormentas intensas, anegamientos e inundaciones.
Según un informe elaborado a partir de las últimas actualizaciones climáticas, existe un 75% de probabilidad de que el índice RONI trimestral alcance o supere los +2,5 °C entre octubre y diciembre, un nivel asociado a una intensidad que no se registraría desde 1950.
El Niño se fortalece y crece la posibilidad de un fenómeno excepcional
Las últimas proyecciones muestran un marcado fortalecimiento de las condiciones asociadas a El Niño. La posibilidad de que el fenómeno alcance una categoría excepcional entre octubre y diciembre pasó del 69% al 75%, mientras que la probabilidad de que se mantenga en una intensidad “muy fuerte” supera el 90% hasta el trimestre noviembre-enero.
Los registros de agosto ya mostraban un importante calentamiento de las aguas del Pacífico. El índice Niño 3.4 llegó a +1,8 °C, mientras que Niño 3 alcanzó +2,5 °C y Niño 1+2 llegó a +3,4 °C. Además, comenzaron a observarse señales atmosféricas compatibles con el fenómeno, lo que confirma un mayor acople entre el océano y la atmósfera.
Sin embargo, una mayor intensidad de El Niño no significa necesariamente que todos los lugares vayan a registrar impactos extremos, ya que el comportamiento de las lluvias depende también de otros factores atmosféricos.
Advierten por lluvias extremas, inundaciones y anegamientos en Argentina
Para diciembre, enero y febrero, los modelos estacionales anticipan precipitaciones por encima de los valores normales en el centro y este de la Argentina, además de Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil.
El escenario puede resultar favorable para la campaña agrícola, pero también plantea riesgos. La acumulación de lluvias podría provocar suelos saturados, anegamientos, inundaciones, tormentas severas y dificultades en los caminos rurales y accesos a puertos y plantas.
Además, un Niño intenso puede favorecer episodios de precipitaciones muy concentradas en pocas horas, acompañados por granizo y fuertes ráfagas. Por eso, los especialistas remarcan que una temporada con lluvias superiores al promedio no necesariamente implica precipitaciones constantes: también pueden registrarse períodos secos seguidos de eventos muy intensos.

El campo enfrenta una situación particular: falta agua ahora, pero podría sobrar en verano
Aunque las perspectivas para los próximos meses son más húmedas, algunas zonas agrícolas todavía atraviesan déficit de humedad. En la región núcleo, alrededor del 70% de los suelos se encontraba entre condiciones de escasez y sequía al 10 de septiembre.
El maíz temprano necesita lluvias para avanzar con la implantación en sectores que todavía presentan poca humedad, mientras que el trigo también requiere precipitaciones en el corto plazo para sostener su potencial productivo.
Por eso, los especialistas advierten que no existe una contradicción entre la falta de agua actual y la posibilidad de una campaña muy húmeda. Una lluvia que hoy puede ser necesaria para los cultivos podría transformarse en un problema más adelante si se acumulan varios eventos y los suelos alcanzan niveles de saturación.
Para el verano, el exceso de precipitaciones también podría aumentar la presión de enfermedades en trigo, maíz y soja, además de afectar la logística y los rendimientos si los lotes permanecen anegados durante períodos prolongados.


