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En medio de las sierras de Córdoba sobrevive un pueblo que parece detenido en el tiempo.

Pueblo Escondido llegó a ser un importante asentamiento minero y albergó a cientos de trabajadores en un lugar tan aislado que hoy solo se puede llegar por caminos serranos. Su historia está vinculada a un recurso estratégico que fue clave para la industria bélica durante las guerras mundiales.

Aunque actualmente sus construcciones se encuentran en ruinas, el antiguo poblado llegó a tener luz eléctrica, hospital, teléfono, cine y hasta una usina propia.

Con el paso de los años, la actividad minera desapareció y el lugar quedó abandonado, hasta convertirse en uno de los destinos más particulares para quienes buscan recorrer sitios históricos y paisajes poco conocidos de Argentina.

Pueblo Escondido, el antiguo asentamiento minero de Córdoba que quedó abandonado entre las sierras. Fuente: Sindicato de Luz y Fuerza Córdoba
Pueblo Escondido, el antiguo asentamiento minero de Córdoba que quedó abandonado entre las sierras. Fuente: Sindicato de Luz y Fuerza Córdoba

El tesoro escondido en las sierras que fue clave para las guerras mundiales

A fines del siglo XIX se descubrió en el Cerro Áspero, en las Sierras de Comechingones, un importante yacimiento de tungsteno, un mineral de gran valor para la industria militar. Su resistencia lo convirtió en un material estratégico utilizado, entre otras aplicaciones, en la fabricación de aleaciones destinadas a equipamiento bélico.

La explotación transformó por completo este remoto rincón. Cientos de trabajadores llegaron a instalarse en las sierras para trabajar en la mina, dando origen a un asentamiento que, para la época, contaba con una infraestructura sorprendente.

Tuvo cine, hospital y electricidad: así era el pueblo que llegó a tener cientos de habitantes

La vida en Pueblo Escondido estaba marcada por el aislamiento y las duras condiciones de la montaña, pero el asentamiento llegó a contar con servicios poco habituales para un lugar tan apartado. Había viviendas, hospital, teléfono, electricidad, una usina y hasta un cine para los trabajadores y sus familias.

También existía un sistema de cable carril que permitía trasladar el mineral desde las zonas de extracción hacia la planta de procesamiento.

Sin embargo, la comodidad no era igual para todos: el poblado tenía una clara división entre las viviendas destinadas a los trabajadores y las instalaciones reservadas para los responsables de la explotación.

Cerró la mina y el pueblo quedó congelado en el tiempo: qué se puede ver hoy

La actividad minera llegó definitivamente a su fin en 1969 y, con ella, comenzó el abandono del poblado. Las antiguas viviendas, barracas, instalaciones industriales y construcciones quedaron expuestas al paso del tiempo y fueron lentamente rodeadas por la vegetación de las sierras.

Hoy, Pueblo Escondido es un destino de turismo aventura al que se accede por caminos serranos exigentes. Entre sus ruinas todavía pueden encontrarse restos de la antigua panadería, viviendas, chimeneas, barracas y otras estructuras que permiten imaginar cómo era la vida de quienes trabajaban allí.

El lugar también ofrece opciones para quienes buscan pasar la noche en medio de las sierras. Y quienes llegan desde la zona de Merlo pueden sumar al recorrido una visita al Salto del Tigre, una cascada de unos 22 metros de altura que completa el paisaje de este antiguo pueblo minero.