

Durante años, la recomendación nutricional fue clara: a más proteína, mejor salud y más músculo. Sin embargo, un nuevo análisis científico pone en duda esa certeza y abre otra hipótesis para pensar la longevidad.
El trabajo, publicado en la revista Cell Press Blue, fue elaborado por investigadores de la Universidad de Wisconsin-Madison, en Estados Unidos, y revisó décadas de estudios en organismos que van desde levaduras y moscas de la fruta hasta ratones y seres humanos.
Qué encontró la ciencia sobre la proteína y el envejecimiento
Según los autores, no son las calorías totales las que determinan el proceso de envejecimiento, sino la cantidad de determinados aminoácidos que se consumen a diario.

El estudio identificó seis procesos biológicos que se repiten de forma consistente cuando un organismo reduce su ingesta proteica:
- Mejora del metabolismo.
- Disminución de células senescentes.
- Activación de mecanismos de limpieza celular.
- Mejoras en las mitocondrias.
- Cambios en los genes vinculados a la edad.
- Menor fragilidad general.
La clave está en una hormona llamada FGF21, producida por el hígado, que aumenta cuando baja el consumo de proteína y le indica al cuerpo que queme más energía y acumule menos grasa. En ratones, su sobreexpresión se asoció a un aumento en la esperanza de vida de hasta el 40% en hembras.
Los aminoácidos que más influyen en este proceso son la metionina y los de cadena ramificada: leucina, isoleucina y valina, presentes en carnes, lácteos y legumbres.
Cuánta proteína conviene consumir según los expertos
Pese a estos hallazgos, los propios investigadores aclaran que la restricción proteica no es una receta universal. No conviene para:
- Mujeres embarazadas.
- Niños en pleno crecimiento.
- Personas en recuperación de una lesión.
- Adultos mayores con déficit proteico previo.
- Personas que entrenan con regularidad.
En paralelo, nuevas guías dietéticas en Estados Unidos elevaron la recomendación general de 0,8 a entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso corporal.
Sin embargo, especialistas de la Universidad de Stanford advirtieron que ese cambio no está respaldado por evidencia sólida y que la mayoría de los adultos ya cubre sus necesidades proteicas con la dieta habitual.
Los expertos de Stanford también remarcaron que el entrenamiento de fuerza tiene más peso que la proteína a la hora de conservar la masa muscular, y recomendaron priorizar legumbres y cereales integrales por sobre un exceso de proteína animal.
La conclusión que se desprende de este cruce de evidencia es que la cantidad ideal de proteína no es un número fijo, sino que depende de la edad, la actividad física y el estado de salud de cada persona.
Los propios autores del estudio de Wisconsin-Madison remarcaron que todavía falta trabajo conjunto entre científicos y médicos clínicos para diseñar dietas personalizadas, capaces de evaluar el efecto de cada nutriente sobre la fragilidad y el envejecimiento de manera individual.
Mientras esa investigación avanza, los especialistas coinciden en un punto: antes de sumar proteína en polvo o suplementos por moda, conviene revisar primero cuánto se consume realmente a través de la alimentación diaria.




