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Una creencia muy instalada sobre la Edad Media es que los campesinos estaban manchados de barro y que las calles estaban llenas de excrementos. Sin embargo, la evidencia histórica reciente revela que no solo se dedicaban mucho a la higiene, sino que también contaban con un sistema de saneamiento que controlar residuos y mantener la limpieza urbana.
Al contrario de la creencia popular, bañarse se consideraba muy importante en la Edad Media. Puntualmente, los mecanismos de retretes contaban con regulaciones municipales estrictas en respuesta a una necesidad de evitar la acumulación de desechos en espacios públicos.
Por ejemplo, los castillos y monasterios medievales incluyeron innovaciones como la garderobe y sistemas de evacuación con agua corriente para mejorar la higiene. Otras alternativas abarcaban el uso de estructuras como letrinas y pozos negros.
Limpieza en la edad media: cómo eran el sistema que regulaba el saneamiento de los baños medievales
El sitio especializado en historia HistoryExtra detalló que existían prohibiciones para arrojar desechos en la vía pública y que estas reglas tenían como objetivo prevenir la aparición de enfermedades y controlar los olores desagradables.
La historiadora de la Universidad de Londres Katherine Harvey remarcó que la gente en la época medieval cuidaba mucho la limpieza. “Aunque solemos imaginar la Edad Media como una época sucia, la gente era consciente de que las heces y la orina debían estar en otro sitio”, dijo en el pódcast de la plataforma.

De acuerdo con esta fuente, los habitantes debían usar pozos negros y depósitos subterráneos destinados a almacenar residuos hasta su retirada autorizada y periódica.
Asimismo, la frecuencia para vaciar estos pozos incidían de forma directa a la intensidad de los olores. En muchos municipios, la extracción de residuos estaba regulada y solo podía realizarse en lugares designados fuera de los límites de la ciudad.
Cómo eran los retretes medievales
La estructura del baño medieval variaba de acuerdo con la ubicación y el nivel socioeconómico de los habitantes. Tal como detalla HistoryExtra, las familias de las casas urbanas poseían un diseño situado sobre una estructura de madera o piedra que desembocaba en un pozo negro en patios o dependencias apartadas.
En el caso de las casas con varios pisos, el retrete solía sobresalir hacia el exterior para que los residuos descendieran por un conducto vertical al pozo. Ante la falta de cisterna ni barrera para los olores, estos persistían y más cuando el pozo no se limpiaba regularmente.

Con el correr del tiempo, estos depósitos subterráneos se convirtieron en una ventana arqueológica sobre la vida de las ciudades antiguas.
Así lo señaló Weikert en HistoryExtra: “Encontramos numerosos objetos arqueológicos en los pozos negros; la gente perdía ahí pertenencias, igual que hoy se nos puede caer el teléfono en el baño”.
Fueron en estas excavaciones donde se extrajeron fragmentos de cerámica, semillas, joyas y restos de alimentos, datos que permiten reconstruir aspectos de las redes comerciales de la época.
Las innovaciones notables que mostraban los castillos y monasterios en el saneamiento medieval
Uno de los elementos habituales en los castillos de partir del siglo XII era la garderobe, una pequeña habitación construida en el muro exterior, en la que una abertura vertical expulsaba los desechos lejos de las zonas habitadas.
En ocasiones, los residuos descendían a fosos, hoyos o corrientes de agua, y la estructura de los conductos favorecía la dispersión de los olores fuera del edificio.
Por otro lado, había residencias adineradas que asignaban una función extra a la garderobe: se utilizaba para colgar ropa, ya que el olor servía como protección contra polillas y parásitos.
Finalmente, los monasterios cistercienses, como la abadía de Rievaulx en Yorkshire, desarrollaron instalaciones colectivas sobre arroyos canalizados, donde el agua corriente evacuaba los residuos, funcionando como un sistema primitivo de descarga colectiva.





