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Una nueva tecnología podría ayudar a combatir el calor extremo sin depender exclusivamente del aire acondicionado.
Investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), en Australia, desarrollaron una pintura para techos capaz de reducir hasta 6 °C la temperatura de la superficie frente a una pintura blanca comercial.
El recubrimiento utiliza una combinación de materiales que permite reflejar hasta el 92% de la radiación solar y emitir el calor mediante radiación infrarroja, sin consumir electricidad.
Además, fue diseñado con una fórmula a base de agua y sin fluoropolímeros, lo que podría facilitar su fabricación y aplicación en edificios existentes.
Cómo funciona la pintura que enfría los techos sin gastar electricidad
El desarrollo pertenece a una nueva generación de materiales conocidos como refrigeradores radiativos pasivos diurnos. A diferencia de una pintura blanca tradicional, que principalmente busca reflejar la luz solar para evitar que el techo se caliente, este recubrimiento también favorece la expulsión del calor acumulado.
Para conseguirlo, los investigadores combinaron una emulsión acrílica con distintos materiales inorgánicos, entre ellos sulfato de bario, óxido de aluminio y dióxido de silicio, además de pequeñas burbujas huecas de vidrio.
La composición está pensada para dispersar una gran cantidad de radiación solar y, al mismo tiempo, emitir energía térmica en forma de radiación infrarroja. El objetivo es que una menor cantidad de energía quede atrapada en la cubierta y que el calor pueda liberarse hacia el exterior.
Las mediciones realizadas por el equipo alcanzaron una reflectancia solar del 92% y una emisividad infrarroja de aproximadamente 96%, dos características fundamentales para lograr el efecto de enfriamiento.
Otro punto destacado es que el producto puede aplicarse mediante métodos convencionales, como brocha o pulverización, sin requerir instalaciones eléctricas ni equipos especiales.

La prueba que demostró que puede bajar hasta 6 °C la temperatura
Los investigadores no se limitaron a analizar la pintura en condiciones de laboratorio. También realizaron una prueba exterior durante 72 horas en Sídney, Australia, para comprobar su comportamiento frente a las condiciones meteorológicas reales.
Durante el ensayo, las muestras estuvieron expuestas a niveles de radiación solar superiores a 1.000 W/m². En esas condiciones, la superficie cubierta con el nuevo material llegó a registrar una temperatura de hasta 6 °C inferior a la de una pintura blanca comercial utilizada como referencia.
La diferencia no significa que una casa vaya a tener automáticamente seis grados menos en el interior. La temperatura de una vivienda también depende del aislamiento, la orientación, la ventilación, los materiales utilizados y las características de la cubierta.
Sin embargo, el resultado muestra que el efecto no depende únicamente del color blanco. La combinación de partículas y materiales incorporada en la pintura permite gestionar de manera más eficiente la radiación solar y el calor acumulado.
Cuánto podría ahorrar en electricidad y qué falta para que llegue al mercado
Además de medir la temperatura de las superficies, los investigadores utilizaron modelos de consumo energético para estimar qué ocurriría si este tipo de pintura se incorporara a distintos edificios.
Las simulaciones proyectaron un ahorro de hasta 63.000 kWh al año en un edificio comercial y alrededor de 5.000 kWh anuales en uno residencial.
Estos valores no corresponden a electricidad efectivamente ahorrada durante un año en construcciones reales, sino a estimaciones obtenidas mediante modelos energéticos.
El principal potencial de la tecnología está en que podría utilizarse como una medida complementaria para reducir la carga térmica de los edificios. Al mantener más fría la cubierta, se reduce la cantidad de calor que debe eliminar posteriormente un sistema de aire acondicionado.
La investigación todavía enfrenta un desafío importante: demostrar cómo se comporta la pintura después de años de exposición al exterior. La radiación ultravioleta, la lluvia, el polvo, la contaminación y la suciedad pueden modificar con el tiempo la capacidad de una superficie para reflejar la radiación solar.
También será necesario determinar su costo por metro cuadrado, duración, mantenimiento y rendimiento sobre diferentes tipos de techos antes de evaluar una implementación masiva.



