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Paolo Rocca: el reconocimiento a un líder tenaz e innovador

Elegido como el empresario más importante del Bicentenario, el líder de Techint logró convertir a esa organización en la gran multinacional argentina, destaca el autor de esta columna. El impulso al capital intelectual, un factor clave que explica su éxito.

por  MARCELO ELIZONDO

Director de la Consultora DNI
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Paolo Rocca: el reconocimiento a un líder tenaz e innovador

Enseña el profesor inglés John Kay que el objetivo de las empresas es aumentar el valor de los recursos utilizados. Reconocer esto ha de ser una de las más relevantes razones que justifican la decisión de destacar a Paolo Rocca.

Este reconocimiento debe ser valorado. La nuestra es una sociedad que reclama premios y castigos, pero (desconfiada) dedica más esfuerzo a los castigos que a los premios. Y que ha entregado más favor a los políticos a los que después detesta, a próceres públicos que más tarde discute, o a estrellas que luego abandona; en lugar de a creadores de riqueza o empleo productivos. Quizá por eso la cultura argentina no valora adecuadamente a la empresa ni al empresario, ni al sistema capitalista (al que acusa muchas veces de inmoral como otra manera de desviar las propias culpas, ya que la responsabilidad moral solo cabe en el individuo y -como ha señalado Andre Comte Sponville- la moral especialmente existe en primera persona).

Enseña Dani Rodrik que la empresa privada es el fundamento de la prosperidad económica. La evidencia muestra que en plena globalización se debilitan -nos guste o no- las demás organizaciones (el estado, la familia, la escuela, etc.) y la empresa prevalece.

En este contexto, haber destacado a Paolo Rocca tiene valor triple, porque ocurre en sí, ocurre en un país especialmente disuasivo contra la actividad empresarial, y ocurre en un contexto en el que estas manifestaciones no emanan espontáneamente.

Rocca es un gran empresario. No son muchos aquellos de su profesión cuyos nombres los argentinos puedan escribir en un pedazo de papel borrador si se lo solicitamos imprevistamente. Rocca ha prevalecido como líder en su terreno, y ha impulsado la organización Techint (y a Tenaris y Ternium) al nivel internacional hasta convertirla en la gran multinacional argentina. El grupo que preside emplea a alrededor de 20.000 personas.

Paradójicamente, el grupo Techint no produce sobre materias primas que tradicionalmente han permitido a la Argentina llegar al mundo a través del comercio. Pero en la Argentina las paradojas son moneda corriente. Para el éxito, ese grupo empresarial (cabe llamarlo productivo) ha tenido como un valor el impulso de ámbitos sistémicos de negocios basados en el capital intelectual. El factor diferenciante en las organizaciones que compiten en la economía del conocimiento hoy no es ya su acceso a las materias primas o a recursos financieros, sino su aptitud para aplicar, en forma innovadora y eficiente, el capital científico o tecnológico a la generación de productos y servicios que respondan en tiempo real -o incluso anticipen- a una demanda global creciente. Esto es: el conocimiento (incluso previo) se transforma en capital intelectual cuando logra condiciones y ecosistemas sociales que permiten trasladar su aplicación y difusión práctica.

Quizá porque la Argentina es el único país italiano de Sudamérica, Rocca (nacido en Milán) ha logrado liderazgo sin sobreactuaciones, respeto y a la vez sobriedad, autoridad sin levantar el perfil. Seguramente ha sido elegido en la encuesta de El Cronista no sólo por lo que ha alcanzado sino además por lo que ha intentado.

 

Tenaris y Ternium

En un listado de las principales multinacionales argentinas, Tenaris y Ternium aparecen como las primeras. Lejos. En un país que solo tiene seis entre las mayores 100 multilatinas, la relevancia de Ternium y Tenaris como multinacionales se agranda si se considera que la Argentina no se destaca por empresas que inviertan encadenándose productivamente en el exterior. Obsérvese que mientras Chile emitió 15.794 millones de dólares de inversión extranjera directa el año pasado, Brasil lo hizo en 13.498 millones, México con 12.126 millones o Colombia por 4.218 millones (todos el año pasado), la Argentina lo hizo sólo en 1.139 millones y promedia apenas los 1.000 millones de dólares de inversión extranjera a través de internacionalización productiva de sus empresas desde hace años (sólo si suma lo invertido en el exterior en 10 años, la Argentina iguala la inversión extranjera que Brasil emitió el año pasado).
Una empresa exitosa requiere estrategia, organización, motivación, apertura, eficiencia; pero, antes que todo eso, liderazgo. Y como proclama Klaus Schwab (fundador del World Economic Forum), una organización exitosa ya no se apoya en el capital como factor de producción, sino en intangibles como ideas, conocimiento o innovación.

Intuyo que por eso llega el reconocimiento a Rocca. El conglomerado que lidera ha logrado adaptarse a las condiciones macroeconómicas cambiantes no solo por un eficaz desarrollo microeconómico sino por impulsar el éxito mesoeconómico (el que ocurre en el ambiente inmediato y cercano a la empresa, en la relación con clientes, proveedores, prestadores de servicios, formadores de recursos humanos, infraestructura, geografía local, etc.).

Las personas son organizacionales y por ende un reconocimiento individual habla, aun sin decirlo, también de los que están o han estado cerca. Las empresas empiezan por sus personas y después se justifican por sus máquinas, ladrillos, contratos o estatutos. La Argentina a la vez es un escenario con abundante efimereidad, por lo que este reconocimiento hace referencia a la tenacidad, la permanencia, la sostenibilidad.

El éxito no sólo debe reconocerse por quien es destacado, sino como estímulo a todos los demás. Por supuesto, habrá quienes ante la noticia de la distinción recuerden defectos del premiado, lo que no hace más que resaltar las virtudes que lo hicieron prevalecer pese a aquellos.

El hecho de destacar a un exitoso empresario, en todo caso, nos puede retrotraer a lo que enseñaba hace casi tres siglos Richard Cantillon: los empresarios pagan por los productos que compran un precio cierto y los revenden transformados a uno incierto, y la sociedad luego sale beneficiada porque hay individuos que se especializan en asumir la incertidumbre, función que no puede ser asumida por la mayoría de los ciudadanos.