Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
U$D
/
MERVAL

Aguinis: "La Argentina está saliendo de una etapa de devastación catastrófica"

El escritor sostiene que la Argentina muestra históricamente una tensión permanente entre civilización y barbarie. Que es un poco "un país de novela", con ingredientes de circo. Habla del ADN del peronismo y la "grieta". Y de las dos perspectivas hacia adelante

por  JAVIER RODRÍGUEZ PETERSEN

  Editor Jefe Cronista.com / En Twitter: @jorpetersen
1
Aguinis:

Al proponerle a Marcos Aguinis pensar la Argentina del Bicentenario, lo primero que menciona es el título de un libro que publicó en 1988: "Un país de novela". Y una frase de Enrique Santos Discépolo que incluyó como epígrafe: "Nuestro país tendría que salir de gira". "Ya entonces –dice– había una comprensión de que Argentina es un país muy complejo y muy pintoresco. Por un lado, la palabra novela indica que estamos entre la realidad y la ficción; y por el otro, somos como un circo que debe salir de gira. Ese circo se está manifestando con una intensidad mundialmente extrema con el descubrimiento de este atraco pirata infernal que ha caído sobre el país como una plaga bíblica".

Aguinis deja en claro su pésima opinión del kirchnerismo, al que llega a definir como "un proyecto de robar al país", y el legado del ex presidente Juan Domingo Perón.


Leé más: Aguinis: "El ADN peronista es la Argentina colonial, arcaica, no la moderna"


Y cree que hoy el desafío es lograr una democracia sin caudillos y con menos barbarie.

"(Domingo) Sarmiento estuvo muy acertado cuando escribió, en el subtítulo de Facundo, ‘Civilización y barbarie’. Sarmiento no puso ‘o’ sino ‘y’, se dio cuenta precozmente de que esas dos corrientes están permanentemente vigentes en nuestro país con diversas intensidades. Asocio la civilización con la democracia, el progreso, la pluralidad y el respeto a la ley, y la barbarie, con lo contrario. Hay momentos en los que la civilización se pone más fuerte y avanza y otros en los que ocurre lo contrario. Pero se suelen confundir y a veces intercambian sus calificativos, como si la civilización fuera una barbarie y la barbarie tuviera elementos de civilización", advierte el escritor en un reportaje con El Cronista.

–¿La Argentina es un país fallido? Tanto se habló de su destino de grandeza...

- –Eso de la grandeza a la que estábamos destinados es algo que se empezó a usar recién a partir de la unificación del país en los tiempos de (Baltolomé) Mitre. Acordémonos de que (Manuel) Belgrano, antes de morir, dijo ‘¡Ay, Patria mía!’; estaba frustrado, al país le iba y le fue muy mal. Mientras en Europa se extendían las vías férreas, crecía el proletariado, florecía la industria, acá estábamos bajo el dominio de (Juan Manuel de) Rosas y éramos un país atrasado, con un enorme analfabetismo que marchitó las ideas de progreso que había impulsado Rivadavia.

Después de Mitre, se suceden presidencias muy ilustradas, como las de Sarmiento, (Nicolás) Avellaneda y (Julio A.) Roca, con un progreso incesante que lleva a que a principios del siglo XX comenzara a hablarse de Argentina como un fenómeno notable.

La de Haití, la primera revolución de América Latina, fue una revolución fallida. Y luego, las demás. Cayeron bajo el dominio del caudillismo que era inevitable porque no teníamos noticia de lo que era la democracia, nuestra tradición era España y Portugal, y la influencia francesa era también la monarquía.

Hacia 1900, en la Argentina predomina una tendencia democrática, liberal, progresista, plural, a la que se le agrega el fenómeno inmigratorio. La del 20 fue una década brillante: gobernaron (Hipólito) Yrigoyen, (Marcelo) Torcuato de Alvear y otra vez Yrigoyen. Había un crecimiento fenomenal y Argentina era visitada por las grandes figuras del planeta con gran curiosidad. Pero entraron también las ideas fascistas que estaban creciendo en Europa.

Eso genera el golpe de 1930, inspirado por ideas fascistas de un Estado dominado por un caudillo. Eso avanzó a un nuevo golpe de Estado, el de 1943, también de orientación fascista. Y así seguimos con un país que oscila con muchas dificultades entre la democracia y el autoritarismo.


La independencia: una herencia de la revolución norteamericana y no francesa


–¿Y cómo llegamos al Bicentenario?

- –Llegamos con una situación perplejizante, con un gobierno (de Mauricio Macri) que hace poco más de seis meses que está en el poder revelando que la Argentina puede tener gobernabilidad sin una presidencia autoritaria y verticalista, lo que es casi una novedad porque se había reforzado el concepto de que si aquí no había un presidente fuerte, autoritario, no se podía gobernar, y con mayor razón si no era peronista.

Hay problemas, serios. Pero la Argentina está saliendo de una etapa de despojo, de devastación catastrófica, y a pesar de ello la mayor parte de la población quiere que esto siga, que siga la democracia, que el gobierno paulatinamente vaya enderezando las cosas y que el país marche con un gobierno que no es presidencialista autoritario.

–De todos modos, sigue habiendo una grieta profunda.

- –Es cierto. La Argentina ha pasado por fuertes convicciones idealizadas. Perón fue creciendo después de su muerte y aún del fracaso de su regreso. Se lo idealizó sin un análisis profundo de las características que tuvo su gobierno y de a dónde nos llevó. Y lo mismo pasó ahora, que la Argentina cayó seducida por el famoso proyecto kirchenrista, que no se sabe bien qué es, es un proyecto de robar al país en el que hay gente lúcida que sigue creyendo.

Pero también encontramos que grandes inteligencias apoyaron al nazismo, al fascismo y al stalinismo; han sido grandes personalidades, pero quedaron enamorados y el amor, sabemos, es irracional.

–En la región, ¿eso es propio de los argentinos?

- –Si hacemos un repaso por América Latina, donde hubo tantos dictadores y fallas en un continente que tiene riquezas de sobra, diríamos que la Argentina no es la excepción, que la mayor parte de los países han caído en ese tipo de fascinación terrible. Ha sido una suerte de traición a cosas que estaban prácticamente concedidas. En los gobiernos de (Arturo) Frondizi e (Leandro) Illia, la Argentina había llegado a niveles increíbles de progreso en distintos campos: estaba a la cabeza de América Latina en materia pictórica, musical y científica. Pero los golpes contra Frondizi e Illia determinaron una fuga masiva de cerebros y talentos y la Argentina se empobreció. En la época de Alfonsín, empezaron a regresar, pero se ve que eso no fue suficiente, porque enseguida caímos bajo la seducción de Menem.

En este bicentenario, la Argentina está con dos perspectivas que no están muy claras. Por un lado, tengo la esperanza de que las cosas funcionen y paulatinamente el país logre una baja de la inflación, una fuerte inversión, crecimiento del empleo, que funcione la democracia. Y, por otro lado, el miedo de que el hecho de que las soluciones no pueden ser inmediatas altere esto.


"El Mercosur ha fracasado por Venezuela, un peso muerto negativo"


–¿Cómo se termina de superar la grieta?

–- No se supera con medidas espectaculares. Es un proceso y nunca se va a superar del todo. Hoy observo que desde Cambiemos están tratando de incorporar figuras del peronismo, gobernadores, intendentes y dirigentes, para tratar de armar un partido mucho más amplio y mejor estructurado. Eso paulatinamente disminuiría la grieta, porque ya no se vería a Cambiemos como el antiperonismo.

Por otro lado, el peronismo se está dividiendo mucho y no todos están de acuerdo entre sí. –¿La grieta entre quiénes sería entonces?, ¿entre kirchneristas y no kirchneristas?

–Los kirchneristas son cada vez menos. Y el peronismo ya no se identifica con el kirchnerismo, porque el kirchnerismo se está convirtiendo de a poco en mala palabra.

–Pero eso ocurre dentro del peronismo...

- –Y dentro de lo que no es peronismo, hay tendencias que no están muy claras.

A Macri se lo llama de derecha, pero ¿qué es la derecha de Macri? Ha impulsado aumentar las jubilaciones, está desesperado porque aumente el empleo y haya inversiones, no ha tomado medidas contra los trabajadores. ¿Hubo aumento de tarifas?, Producto de la ineficiencia y mala administración que veníamos padeciendo. ¿Qué es la izquierda?, ¿la izquierda en este momento es (Luis) D’Elía, (Fernando) Esteche, Milagro Sala, fascistas traidores del pueblo que están aliados con una teocracia medieval como la de Irán? Hay una gran confusión y una mezcla de términos, como que no existe el rigor de análisis. La brecha ha sido muy fuerte cuando decían ‘los kirchneristas y los no kirchneristas’, pero eso está desapareciendo. Hoy tenemos un territorio agrietado, no con una sino con varias grietas; eso tiene que ir articulándose y va a llevar un tiempo, se están armando nuevos mapas políticos.

–¿Cuáles son hoy los desafíos más urgentes?

- –La Argentina tiene que actuar como el cirujano que está operando a un paciente grave: no debe permitir que lo dominen la ansiedad ni el apuro, tiene que actuar tranquilo, pensando con claridad lo que hace y poniendo todo su esfuerzo por salvar esa vida. La Argentina está frente a una posibilidad de crecer de nuevo con intensidad, con fuerza; no malogremos ese momento, cuidémosla, como el cirujano cuida a su paciente.